Recoleta, la “pequeña París” argentina

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Es innegable que hoy en día el barrio de Recoleta, a veces llamado “La Pequeña Paris Argentina” debido a la inmigración francesa que inició a mediados del siglo XIX, es considerado una de las zonas más exclusivas, y caras, de la Ciudad de Buenos Aires, pero no siempre fue así. Al respecto, basta pensar en la historia de Juan Zárate, quien vendió la estancia “Los Ombúes” por el precio de un traje a un capitán francés llamado Beaumont, quien a su vez terminó vendiéndola por una tenaza, una peluca y un abrigo.

El barrio debe su nombre al Convento de los Padres Recoletos, pertenecientes a la Orden Franciscana, que se establecieron a principios del siglo XVII y fundaron su casa y la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, que aún se encuentra en pie. Al momento de la disolución de la orden, en 1822, el huerto del convento pasó a convertirse en el primer cementerio público de la Ciudad de Buenos Aires.

Es casi irónico que el barrio deba su importancia a la epidemia de fiebre amarilla de fines del siglo XIX, que obligó a la población a desconcentrarse y llevo a las familias de alta alcurnia, la mayoría descendientes los héroes de la Independencia, a la zona del Paseo de Recoleta, casi el centro geográfico del barrio, donde construyeron grandes mansiones y edificios de estilo francés, muchos de los cuales fueron demolidos a finales de los años 50 y principios de los años 60 del siglo XX.

Gracias a esta migración de las familias de la elite argentina pos-colonial, ese cementerio que empezó en el huerto de un convento, pasó a destacarse como el lugar de reposo de personajes ilustres. El cementerio, que fuese diseñado por el francés Prosper Catelin a pedido del presidente Bernardino Rivadavia, e inspirado en el cementerio de Père-Lachaise de París, alberga, ya sea en panteones familiares o bóvedas, a protagonistas de nuestra historia como Hipólito Yrigoyen, Bartolomé Mitre, Manuel Quintana, Arturo Umberto Illia, Domingo Faustino Sarmiento, Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini y figuras trascendentes de la política más contemporánea como Eva Perón y Raúl Alfonsín. Casi como si al cementerio no le alcanzase con sus ilustres pobladores, también tiene el privilegio de poder alardear de tener una de las densidades más altas de esculturas en el mundo, tal vez un poco atenuado debido al motivo de las mismas, pero eso no resta a su valor artístico y cultural en lo más mínimo.

A escasos metros del Cementerio, podemos encontrar el Centro Cultural Recoleta, inaugurado en diciembre de 1980 con el nombre Centro Cultura de Buenos Aires y rebautizado con su nombre actual en 1990, un centro de exposición para las variadas artes y un lugar incuestionable dentro de la escena cultural y artística local. En el mismo conjunto arquitectónico podemos encontrar el Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay y la sede de la Organización de los Estados Americanos.

A algunas cuadras del Centro Cultural Recoleta, podemos encontrar el Palais de Glace, otrora pista de patinaje sobre hielo y luego salón de baile, jugó un papel importante en la adopción del Tango por la  clase alta que residía en Recoleta. El mismo fue cedido al Ministerio de Educación y Justicia de la Nación, que lo transformó en un una sede de la Dirección Nacional de Bellas Artes. Esta sede fue remodelada en 1932 por el arquitecto Alejandro Bustillo y en 1960 volvió a abrir sus puertas como polo cultural, funcionando como una sala de exposiciones multimedial hasta el presente. En 2004, el Poder Ejecutivo de la Nación declaró al Palais de Glace Monumento Histórico Nacional.

En un barrio tan empapado en la cultura y la historia nacional, no podía faltar un lugar para la educación, podemos encontrar algunos de los colegios más antiguos y prestigiosos de la capital, tal vez el mejor ejemplo es la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini (ESCCP), dependiente directa del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires. Fundada en 1890 por el entonces presidente Carlos Pellegrini, fue la primera escuela de comercio del país, precursora también del título de Perito Mercantil.

El nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, un perfecto ejemplar de la escuela de diseño brutalista que fue terminado en 1992, fue inaugurado en 1993. Su material bibliográfico incluye 20 tomos incunables, impresos en el siglo XV, entre los cuales se destaca un ejemplar de La Divina Comedia de Dante Alighieri.

La participación de la Recoleta en el folclore nacional no finaliza con todo lo antes mencionado, el tango tuvo su espacio con lugares como “El Pabellón de las Rosas”, un cabaret y salón de baile de comienzos del siglo XX, situado en un edificio que supo mantener vivo el espíritu de la Belle Epoque, y Armenonville, inspiración para el tango homónimo, otro cabaret que alcanzó su mayor prestigio cuando Carlos Gardel realizó su actuación durante la celebración de Año Nuevo de 1914, y como fue antes mencionado, la breve etapa en la que el Palais de Glace hizo las veces de pista de baile.

Definitivamente el barrio de Recoleta es un claro ejemplo de gentrificación a lo largo de la historia, partió de un barrio de ranchos y estancias para ser tal vez el destino turístico más codiciado de la Ciudad de Buenos Aires, un polo de nuestra cultura, historia y arte.