“¿Cuánto esfuerzo podemos hacer para sostener aquello que elegimos alguna vez?”, entrevista a Victoria Hladilo

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Victoria Hladilo es dramaturga, actriz y directora. Hace unas semanas, comenzó la segunda temporada de La culpa de nada: una comedia dramática acerca de las relaciones hombre/mujer y del nuevo rol que asume cada uno dentro de la sociedad.

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Hace cuatro temporadas que Victoria, además, viene presentando con éxito otra de sus obras: La sala roja. En una charla con Leedor, la autora nos cuenta acerca de ambos espectáculos.

Hay una serie de obras en cartel acerca de los vínculos, en especial, dentro de la pareja, ¿qué lugar ocupa este tema en tu producción general?

Podría decir que en las dos obras que hice, hasta ahora, lo vincular ocupa un lugar central. Me pregunto, de todos modos, qué material no se ocupa de los vínculos: familiares, de pareja, sociales, la amistad, el amor. De algún modo, el ser humano es vincular, y entonces, el teatro también. En esta obra se exploran dos vínculos posibles, el de la pareja y el de la amistad.

Respecto a la pareja, el asunto que se pone en cuestión es el de la construcción del matrimonio. El material se pregunta si ese vínculo que establecemos con el otro es el que deseamos o si es una construcción que hacemos como respuesta al mandato social que tenemos, que en el fondo padecemos. El amor parece ser inevitable, inmanejable, inconmensurable e inexplicable. Pero la construcción del matrimonio, la familia y los hijos no; y el modo en el que se espera que eso funcione está, para mí, en constante proceso de cambio. No es lo mismo lo que espera la sociedad del funcionamiento de un matrimonio hoy que hace 70 años. Sin embargo, esa transformación no es pareja, es paulatina. Algunas reglas cambian y otras no. Algunas personas desean funcionar con unas reglas, pero en los hechos, lo hacen con otras. Incluso teniendo un discurso moderno y rupturista, puede haber una fuerte pulsión interna por repetir ciertos patrones aprendidos en nuestra infancia, que no son tan fáciles de borrar como pareciera.

Por otro lado, también está el vínculo entre los amigos. Y en ese sentido se exploran aquellas relaciones de amistad que fueron forjadas hace mucho tiempo atrás, desde un lugar más inmaduro, y que pese al crecimiento de cada uno de los integrantes en lo individual, permanecen de una forma un tanto estancada. Algunos siguen disfrutando el juego que el grupo propone, y otros, que se ven distantes, ya no tanto. En ambos sentidos, la obra se hace una pregunta directa ¿Cuánto esfuerzo podemos hacer para sostener aquello que elegimos alguna vez?

Relacionado con lo anterior, ¿cómo escapás de los lugares comunes que surgen inevitablemente al hablar del machismo?

La obra está llena de lugares comunes: desde lo esperable en un cumpleaños hasta el planteo de un fanático del fútbol. Todos son lugares comunes, y ese es el fuerte que tiene la obra para hablar justamente del machismo como estado que tiñe la gran mayoría de nuestros funcionamientos cotidianos sin que siquiera lo podamos advertir. Esos lugares comunes generan una fuerte identificación porque todos los transitamos alguna vez. Y esa identificación que se genera es la misma que hace que a medida que la obra avanza y el maltrato se va poniendo más de manifiesto, deje de ser divertido y comience a ser incómodo. La culpa de nada llega hasta un lugar que usualmente no se llega, se frena antes. El maltrato y la descalificación hacia las mujeres suele quedar solapado y entonces, el machismo sigue reinando. Lo que sí la obra no hace es bajar línea. Muestra un modo de funcionar posible. Hay quienes pueden ver el material, reírse e irse a su casa contentos. Otros no.

¿Influye en algo en tu escritura tener también una mirada de directora?

Seguro. De todos modos, me gusta trabajar en la dramaturgia exhaustivamente. Me gusta terminar el material antes de ponerme a dirigirlo. Cuando lo voy escribiendo, inevitablemente, pienso en una puesta en escena; por eso digo que influye. Como así también mi mirada de actriz está presente en mi escritura.

¿Cuándo ves teatro, qué tipo de obras elegís?

Intento ver todo lo que puedo. Me gustan los materiales que me conmueven y que tardo en madurar. Disfruto cuando una obra deja rastro en mí por mucho más tiempo que el que paso en la butaca.

Contame un poco de tu otra obra La sala roja con cuatro temporadas en cartel.

La sala roja también habla de lo vincular, en este caso, de vínculos sociales entre padres y madres que deben forzosamente relacionarse en un jardín de infantes. Esos adultos, en nombre de sus hijos, pueden llegar a cometer las atrocidades menos pensadas, a cuestionar e ignorar la autoridad de la maestra y a generar una batalla por el más nimio detalle. Es una comedia que disfrutamos mucho hacer, que lleva cinco temporadas en cartel. Hicimos ya más de 270 funciones, la vieron mas de 15.000 espectadores, y recién volvimos de una gira por Barcelona y el interior de Cataluña. Además, tiene una versión en Panamá, y este año se estrenará en Brasil y en Paraguay.

¿Cómo ves vos el teatro que se escribe y se pone hoy en escena? ¿Si tuvieras que definirlo en lo esencial, qué dirías?

Me resulta complejo pensar en una definición, pero considero que si algo caracteriza hoy a nuestro teatro es la pluralidad de materiales, dramaturgos, dramaturgas, directoras y directores que estamos constantemente haciendo, trabajando y creando un teatro cada vez aun más potente.

La culpa de nada, Funciones: viernes 21h

Teatro: El Camarín de las Musas.

Localidades: $250 y $200

Dirección: Mario Bravo 960

Informes: 4862- 0655

http://www.elcamarindelasmusas.com/