My name is LUCA

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“My name is Luka / I live on the second floor” cantaba Suzanne Vega y denunciaba el maltrato infantil a finales de la década del ‘80. “Luca vive” es una pintada que aún puede verse por Buenos Aires y que recuerda al inolvidable Luca Prodan. Pero aquí vamos a hablar de otro LUCA, uno que en definitiva, es el padre de todos, un pariente universal.

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LUCA quiere decir, Last Universal Common Ancestor, es decir “último antepasado universal común”. Esta hipótesis plantea que todos los seres vivos descendemos de un único antepasado común, que vivió hace aproximadamente 3.500 millones de años. Primera manifestación de un grupo de moléculas que decidió (?) reproducirse, además de interactuar con el medio ambiente circundante.

Bacterias, hongos, plantas, animales, todos estamos emparentados. Nos guste o no. La vida en la tierra posee un único origen. Esta idea viene desde los tiempos de Darwin, desde los tiempos en que se empezó a sospechar que las especies de todos los reinos, cambian y al cambiar engendran nuevas formas, con elementos que se sostienen y otros que mutan. Mismas bases químicas, órganos que se transforman y cambian de función.

Pero cuidado, que hayamos comenzado como bacterias y hoy veamos a Homo sapiens escribiendo artículos sobre su propio origen, puede llamar a engaño. Puede hacernos creer erróneamente que existe el progreso, que hay un plan para que las cosas se vayan perfeccionando. Lamento desilusionarlos, la realidad es que en una gran proporción, somos el producto del puro azar. Y que la historia de la vida en la tierra es una historia de contingencias y determinaciones, es decir de un movimiento estocástico.

No se sabe muy bien cómo apareció Luca, hay varias hipótesis al respecto, pero sí tenemos claro qué fue lo que sucedió después. Es notorio que suceda algo similar con el Big Bang, que no conocemos porqué pasó, pero podemos saber cómo continuó luego la historia. O al menos tenemos hechos concretos que no pueden refutar las hipótesis propuestas. Al fin y al cabo de esa forma es como se desarrolla la ciencia (al menos en sus aspectos formales y normativos, los presupuestarios son un exiguo capítulo aparte).

La naturaleza viva funciona en base a dos aspectos fundamentales, que conforman un algoritmo (conjunto de reglas con un fin particular y no infinito) simple pero súmamente poderoso. Estos aspectos son, en primer lugar, la generación de variabilidad y luego, en segundo término, la aplicación posterior de un criterio de selección natural. Para que una especie pueda sobrevivir es necesario que antes haya diversidad en la población. Es decir si algún fenómeno externo actúa sobre la población de un ser vivo, esa población debe estar preparada de antemano para hacer frente a la contingencia. Si un antibiótico que ataca a una colonia de bacterias no las elimina a todas, eso no significa que las bacterias “desarrollaron resistencia”, sino que en esa población existía, antes de la aplicación del antibiótico, algunas bacterias resistentes y otras que no lo eran. Las que sobrevivieron eran las del primer tipo. Resumiendo: primero aparece el rasgo físico, luego el medioambiente juega su papel.

Pregunta para ver si se comprendió el concepto: ¿por qué la jirafa tiene el cuello largo? si usted responde que es porque lo estiró para alcanzar la comida que se encontraba a determinada altura, entonces vuelva a leer el párrafo anterior. Si usted responde que existían en la población de jirafas algunas de cuello corto y otras de cuello largo y que cuando se acabó la comida que estaba al alcance de las primeras, sólo sobrevivieron las de cuello largo, entonces puede continuar leyendo.

Este procedimiento es tan poderoso que incluso se usa para hacer búsquedas complejas en fuentes de datos electrónicos. Es decir se logró formalizar el proceso en lo que se conoce como “algoritmo genético”. Una pieza de software que permite ir encontrando patrones significativos a partir de una inmensa masa de datos. También esta forma de proceder se utilizó en el nuevo ámbito de experimentación virtual conocido como “vida artificial”. Se genera en un entorno computacional, una suerte de mundo con “bichos” que, sometidos a estas reglas señaladas, mutan, se adaptan o perecen. Adquieren formas no previstas en la programación inicial, dependen de sus propias capacidades. Y sí, porqué negarlo, hay algo muy inquietante en todo esto; al menos en términos formales ya podemos decir que no estamos solos.

“Luca vive”, al menos en una parte importante de nuestro ADN. Y no es una metáfora. Todavía seguimos siendo máquinas químicas que interactuamos con el medioambiente y que intentamos reproducirnos en forma física o simbólica (sino para que corno sirve la cultura). Reconocer nuestros vínculos parentales, aún con las bacterias, tal vez nos ayude a comprender un poco mejor el mundo que nos rodea (y que nos rodeó y que nos rodeará). Al fin y al cabo de eso se trataba la canción de Suzanne Vega.