Todo para ser felices

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Director y actores casi desconocidos en una fresca realización del cine francés

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Del 6 al 12 de abril tuvo lugar la novena edición del ciclo Les Avant-Premières con la presentación de 16 preestrenos franceses, de los cuales más de la mitad serán estrenados en Argentina.

Justamente apenas finalizada dicha muestra se estrenan simultáneamente dos de dichas películas, una de ellas: “El porvenir” (“L’avenir”) ya fue comentada hace algunos meses en Leedor.

La otra es “Todo para ser felices” (“Tout pour etre heureux”) de Cyril Gelblat, su segundo largometraje y primero estrenado localmente. Antoine (Manu Payet), el personaje central, es un hombre de unos 40 años, padre de dos encantadoras niñas de cinco y nueve años. Su matrimonio con Alice (Audrey Lamy), exitosa en su profesión en el aérea judicial, transita una grave crisis. Es ella quien mantiene a toda la familia, mientras que su marido no parece tener éxito en sus proyectos artísticos, que involucran a una cantante (Joe Bel – también en la vida real).

La ruptura resulta inevitable y es Alice quien abandona el hogar por algunos días dejándolo a su marido a cargo de las dos nenas, en una situación para él resulta nueva y desacostumbrada. Lo que al principio parecía un infierno se revierte al redescubrir el padre a sus hijas, a las que tenía abandonadas.

Hay un tercer personaje relevante en la historia, también femenino. Se trata de Judith, la hermana de Antoine, que se convertirá en su consejera e incluso soporte económico. Quien la interpreta es la actriz portuguesa Aure Atika, otro nombre prácticamente desconocido del gran público. Sin embargo y a diferencia de los dos protagonistas centrales a ella se la ha visto como actriz principal en “El latido de mi corazón” de Jacques Audiard, junto a Romain Duris que tiene cierto parecido físico con Manu Payet.

El mayor mérito que tiene “Todo para ser felices” es la gran naturalidad con que se describen las relaciones de la pareja, del padre con sus hijas y de los hermanos. Y también como logra cerrar la historia sin caer en un desenlace simplista o complaciente.