Julio Chamorro, La cámara como armadura

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En  las obras de Anécdotas de Asia siempre el hombre está presente en el rol de espectador como aquel que mira y otorga un significado al paisaje y a los otros seres vivos que encuentra en su camino o bien como imagen central de las tomas. La fotografía conserva lugares, personas, también sensaciones. El arte de Chamorro es rico en texturas y luminosidad: a veces la luz proviene del  ambiente; otras, de los mismos protagonistas de sus imágenes.

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“La cámara es una armadura, puedo hacer cosas con la cámara enfrente que no me animaría a hacer sin ella. Algunas de las fotos instantáneas que más quiero, se dieron si cruzo una mirada con una persona, si de alguna manera se genera una pequeña conexión en donde no hacen falta palabras, solo una mirada”, relata Chamorro.

Visitó Tailandia, Vietnam, Camboya y Laos y llevó su cámara para dejar registro de su paso por esos países. La actual exposición en el espacio de Borges 1975 es una pequeña muestra del caudal narrativo y descriptivo de las imágenes que obtuvo con su curiosa lente. Más allá de las anécdotas visuales, el fotógrafo nos contó una experiencia vivida que pinta de cuerpo entero la gente generosa que cruzó en los pueblos visitados. Cuando se vio perdido en medio del caos vehicular de Chiang Mai (ciudad del norte de Tailandia), le pidió orientación a una familia local:  “Les pregunto por un mercado que estaba a una cuadra de mi hotel, la señora me dice ‘sígannos’ y ahí en medio de mil motos y tuk tuks tratábamos de seguirlos. En un momento se detienen en una especie de parque en donde se bajan el papá y el nene y la señora me hace una seña. Resulta que más o menos se desvió unas veinte cuadras y nos dejó en la puerta. Saludó y se fué. Dicen que para muestra hace falta un botón…”.

Cuenta que no le gusta que lo etiqueten ni pertenecer a ningún género. Se encuentra cómodo tanto en la fotografía de paisajes como en los retratos: entre ambas existe la diferencia principal del motivo que lo lleva a tomar la foto aunque sus paisajes a menudo contienen personas. También recalca: “La gente me inspira, no me importa mucho el lugar, me importa la gente”. Confiesa que siempre tuvo interés en la fotografía aunque fue a partir de un viaje que este analista de sistemas entró en otro sistema: el del arte. Y fue entonces cuando comenzó su actividad como fotógrafo.

Atraen su atención los santuarios: “soy ateo, pero saco las fotos con mucho respeto. Trato de entender, usando las imágenes, la devoción de las personas hacia lo que no entiendo”, explica. Se destaca en su producción la serie dedicada a San Expedito, de la iglesia Nuestra Señora de Balvanera. La fuerza de sus imágenes siempre puede percibirse, ya sean estas pobladas o despobladas como las de Villa Epecuén, un lugar en ruinas donde reina el abandono, ya que fue arrasado por una inundación. “Epecuén es un lugar muy tremendo y único. Me sentí triste allí. Es inevitable pensar en todo lo que perdió esa gente y lo feo que debió ser. Se llegó a ese resultado un poco por desidia y otro poco por ambición”, sostiene.

No lleva su cámara a todas partes y a veces se arrepiente, por lo que está buscando una que sea más portable. El encuadre de sus fotos a veces es instantáneo y otras le lleva su tiempo definir algo que resulte interesante de ver. Chamorro participó de talleres de fotoperiodismo y fotografía documental en el Foto Club Buenos Aires. Hizo  clínica de obra con Lena Szankay y, actualmente, con Valeria Bellusci. Ha participado de exposiciones colectivas:  en el año 2013 en el Almacén cultural cooperativo Zarate. En el  año 2014,  en el Centro Aifan y en el Foto Club de Buenos Aires, con la muestra colectiva de fotografía documental “Detrás de la mirada”. Próximamente dictará un taller en el mismo espacio donde ahora está exponiendo.

En la serie Anécdotas de Asia, la rutina cotidiana de las personas es sorprendida por el ojo atento de Chamorro y transformada por su mirada artística. Así lo define el curador de la muestra, Federico Lamaestra: “Gracias a su mirada, estas rutinas se convierten en obras, pasan a ‘la inmortalidad’ para nosotros y siguen siendo lo mismo para sus propios protagonistas,  la vida diaria. Pero hay otro elemento que se destaca en su trabajo: las sensaciones que generan sus protagonistas. Se traduce en los gestos y las sonrisas,  la soledad que se adivina en algunos rostros”. Y esa soledad que vemos y adivinamos en los los curiosos seres de estas fotos puede ser la misma que sentimos nosotros. En el trabajo de este fotógrafo hay mucho que decodificar y la soledad de los individuos desconectados en el mundo actual es desafiada por los vínculos que generan el arte, los viajes, el azar. Chamorro propone una visión multicultural que pone foco en la diversidad, en lo que hace que cada persona sea quien es, en esa identidad singular, a veces oculta a simple vista.

Anécdotas de Asia puede visitarse en Borges 1975 hasta el 6 de mayo.

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