Émile Cioran: “esteta de la desesperación”

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Émile Michel Cioran (1911-1995) fue un filósofo francés de origen rumano cuyo pensamiento se caracteriza por su extremo pesimismo y nihilismo. En 1937 logró una beca del Instituto Francés de Bucarest y marchó a París donde, con alguna ausencia, residió hasta su muerte. En 1946 renunció a su nacionalidad y se declaró apátrida, y en 1947 decidió adoptar el francés como lengua de expresión. Breviario de podredumbre (1949) será su primer texto escrito en francés.

Su producción ensayística es inmensa, y muchas veces se evidencia en aforismos y paradojas que le proporcionaron al autor la libertad de polemizar sin necesitar de un sistema para hacerlo. Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1964), Del inconveniente de haber nacido (1973), todos son un ataque a las distintas ideologías, religiones y filosofías, y muestran un estilo en el que filosofía y poesía van de la mano –si bien él, más que filósofo, se consideraba “pensador orgánico”–.

En sus textos, Cioran se revela como un convencido de la naturaleza intrínsecamente maligna de la humanidad y se complace en extraer conclusiones nada tranquilizadoras. Calificado de “esteta de la desesperación” o “cortesano del vacío” a causa de su amargura y su visión corrosiva, es considerado, sin embargo, uno de los pensadores más creativos y originales del siglo XX.

También escribió En las cimas de la desesperación (1934), El libro de las quimeras (1936), De lágrimas y de santos (1937), El ocaso del pensamiento (1940) y Breviario de los vencidos.

Pensamientos estrangulados  (Selección)

. ¿El arte de amar? Es saber unir a un temperamento
de vampiro la discreción de una anémona.

. Nada traduce tanto la vulgaridad como su rechazo a la decepción.

. El Paraíso es el sitio donde se sabía todo, pero donde no se explicaba nada.
El universo anterior al pecado, anterior al comentario.

. No escribe uno porque tenga algo que decir,
sino porque tiene uno ganas de decir algo.

. Los filósofos escriben para los profesores; los pensadores para los escritores.

. ¿Qué es un contemporáneo? Alguien a quien desearíamos matar sin saber muy bien cómo.

. Primera obligación al levantarse: tener vergüenza de uno mismo.

. Desear la gloria es preferir morir despreciado que olvidado.

. Si la muerte es tan horrible como se pretende, ¿cómo es posible que consideremos
dichoso, al cabo de un cierto tiempo, a cualquier ser, amigo o enemigo,
que ha dejado de vivir?

. La obsesión del suicidio es propia de aquel que no puede vivir ni morir,
y cuya atención no se aparta jamás de esta doble imposibilidad.

. “La verdad permanece escondida para todo aquel que está lleno de odio” (Buda).
…Es decir, para todo ser viviente.

. ¡Ay!, si hubiera sido posible nacer antes del hombre…

. Siento que soy libre, pero sé que no lo soy.

. Existir sería una empresa totalmente impracticable si dejáramos de concederle
importancia a lo que no tiene ninguna.

. No hay negador que no esté sediento de algún catastrófico sí.

. Lo único que se debería enseñar a los jóvenes, es que no hay nada, digamos casi nada,
que esperar de la vida. Sería ideal colgar en las escuelas un Cuadro de Decepciones,
donde figuraran todos los desengaños reservados a cada quien.

. La fuerza de ese Jefe de Estado reside en ser quimérico y cínico. Un soñador sin escrúpulos.

. El apetito de destrucción está tan arraigado en nosotros que nadie logra extirparlo.
Forma parte de nuestra constitución, pues sin duda el fondo del ser es demoniaco.

. El sensato es un destructor apaciguado, jubilado. Los otros, son destructores en servicio.

. Se puede asegurar que el siglo XXI, considerablemente más avanzado que el nuestro,
mirará a Hitler y a Stalin como a tiernos infantes.

. La muerte es un estado de perfección, el único al alcance de un mortal.

. Sólo cuentan aquellos instantes en que el deseo de estar consigo mismo es tan poderoso,
que preferiría uno saltarse los sesos que cruzar una palabra con alguien.

. Se puede despojar al hombre, se le puede quitar todo: encontrará cómo arreglárselas.
Una sola cosa, sin embargo, no es posible tocar, pues si se le priva de ella  estará perdido
irremisiblemente: la facultad, mejor dicho, la voluptuosidad de quejarse.

. Los Españoles, en la cumbre de su carrera, debieron sentirse oprimidos, tanto por las          exigencias
de su fe, como por los rigores de la Iglesia. Y se desquitaron con la Conquista.

. El Futuro: una agonía sin desenlace.

. Sólo se le descubre un sabor a los días cuando olvidamos la obligación de tener un destino.