El escorpión, Patricia Suárez

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En la obra de Patricia Suárez nos encontramos con la crudeza de lo real. Las relaciones entre hermanos vuelan lejos de lo que podría ser una relación idealizada. Los ideales de lo que debería ser una familia estallan para dejarnos con una imagen que descompone los fundamentos sobre los que se construye la sociedad. La familia es esa institución que ya no se muestra como sólida: es destruida por la búsqueda de ganancias y bienes materiales;  estos cobran más valor que los afectos. Todo se reduce a una herencia y su distribución.

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El escorpión es aquel que lucha por salvarse, aún a costa de los demás (y paradójicamente, a pesar de destruirse a sí mismo, en última instancia). El ámbito rural sirve de marco a esta trama envolvente que siembra suspenso y nos proporciona un desenlace sorpresivo, por lo cual remite a la estructura de un cuento clásico. La historia es la de dos hermanas (Isotta y Lucía) y un hermano (Fiore) que se reparten unas tierras tras la muerte de su padre. Al parecer, Fiore ha hecho una sucia jugada para quedarse con la mayor parte del patrimonio. Una de las hermanas quiere ir a juicio, convence a la otra y luego parece abrirse del juego, pero no sabemos si hay algo detrás de su aparente indiferencia, si lo ha perdonado a su hermano o simplemente ha desistido.

La obra muestra cómo el odio puede adquirir distintas formas de manifestarse, cómo erosiona los vínculos y pone de relieve su fuerte poder destructivo. El duelo que debería unir a los hermanos es reemplazado por una lucha feroz que los separa, porque además a nadie parece importarle realmente la muerte del padre, sino que la preocupación principal es cómo se distribuye su propiedad. “Esta lucha por la herencia es una lanza que atraviesa a todos los hijos de inmigrantes y aun sigue en la segunda y tercera generación. Después de todo, y tal como lo plantean los estudiosos de la literatura argentina, la posesión de una tierra en nuestra literatura –símbolo de nuestra historia– está atravesada por la violencia”, reflexiona el director Claudio Aprile.

La pieza está basada en un hecho real y biográfico que fue moldeado por Suárez a partir del relato de su abuela paterna. Está ambientada en la pampa gringa de los años cuarenta y muestra cómo eran el lenguaje y las vidas de los colonos italianos en la provincia de Santa Fe. Forma parte de una trilogía junto con La tarántula y Natalina*. “Son tres piezas enlazadas entre sí que forman parte de mi historia familiar o para decir mejor, de la leyenda familiar de mi abuela paterna. Viví con ella muchos años y es una voz que me habla cuando escribo teatro. Durante todos esos años de convivencia me contó sobre su juventud, sus padres, su condición de inmigrante, su relación con la tierra, su familia”, relata la prestigiosa y premiada autora rosarina. El escorpión interroga sobre la naturaleza de los vínculos fraternales y en esto encuentra un punto común con otro trabajo de Suárez, Carmencita.

El escorpión puede ser cada personaje de esta historia, depende del punto de vista que se adopte. Todos traicionan y son traicionados a su manera. Los roles de víctima y victimario se intercambian. Nadie se salva porque ninguno está libre de pecado. Lo religioso se asoma en algunos momentos de los diálogos. La culpa, el libre albedrío, el pecado y el perdón, la codicia, el bien y el mal, el amor al prójimo o la hermandad son conceptos que sobrevuelan el guión. El carácter sagrado que debería revestir la ceremonia de un duelo es desplazado por un conflicto, digamos, profano que se reduce a los términos de lo económico. El culto, la patria y la familia aparecen como tres valores continuamente cuestionados en esta historia de inmigrantes. La justicia humana se enfrenta a la justicia divina.

La sala 3 del Teatro La comedia otorga un bellísimo espacio para el desenvolvimiento de la trama y es aprovechado con inteligencia. El trabajo con los sonidos acompaña armónicamente el actoral. La labor de los tres actores (Marisa Costas, Cynthia Mykietyn y Alejandro Curlane) es asombrosa. El texto de Suárez escarba con profundidad en las fuerzas instintivas del ser humano, las más básicas, y en cómo estas se manifiestan en los vínculos familiares. Los actores traducen esta profundidad en sus gestos, palabras y actitudes. El tenor de sus voces va variando de acuerdo con lo relatado. La presencia en cierto modo atemorizante de Fiore es encarnada hábilmente por Curlane con su grave voz y fuerza arrolladora. Costas y Mykietyn se meten con gran ingenio en la psicología de dos mujeres: una, manipuladora; la otra, temerosa y en alguna medida ambas, desprotegidas. Sobresale también el trabajo de Claudio Aprile que le imprime a cada escena agilidad: son escenas cortas donde las situaciones se desarrollan y definen con velocidad y sin vacilación. Las preguntas quedarán más bien del lado del público que tratará de dilucidar qué personaje es el mayor escorpión de todos. Un trabajo donde las pasiones se ponen en juego hasta el último minuto.

* La tarántula, El escorpión y Natalina, junto con La dificultad fueron editadas por Baltasara Editora, en su colección Teatro.

Ficha técnica

Autora: Patricia Suárez. Actúan: Marisa Costas, Alejandro Curlane, Cynthia Mykietyn

Vestuario: Ana Díaz Taibo.  Escenografía: Ana Díaz Taibo. Diseño de luces: Aldana Aprile, Tomás Frontroth

Diseño De Sonido: Aldana Aprile, Tomás Frontroth. Fotografía: Rosa Laszewicki. Diseño gráfico: Aldana Aprile

Asistencia de dirección: Florencia Camodeca. Producción general: Aníbal Tamburri. Dirección: Claudio Aprile

Teatro La comedia

Rodriguez Peña 1062
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Reservas: 52363000
Web: http://www.lacomedia.com.ar
Entradas desde: $ 250,00 – Domingo – 20:00 hs – Hasta el 07/05/2017