“El deseo y el amor nos hicieron construir Timbre 4”, entrevista a Lautaro Perotti

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Lautaro Perotti es director, actor y profesor de teatro. Formó parte de La omisión de la familia Coleman, El viento en un violín, dirigidas por Claudio Tolcachir, con quien fundó Timbre 4, espacio teatral de representación, formación y creación.

-“Que cosa rara es esto” “-¿Qué cosa?” –“Esto, del teatro”. Martín a L, en una de las escenas de “Tebas Land”, obra de teatro protagonizada por Lautaro Perotti (L) y Gerardo Otero (Martín) que se desarrolla con dirección de Corina Fiorillo, en Timbre 4, en el mítico barrio de Boedo. Minutos más tarde, en otra de las salas comienza Cronología de las Bestias, con dramaturgia y dirección de Perotti. Con él hablamos acerca de “esta cosa rara”, mágica y apasionante que es el teatro desde el director, el actor, los espectadores, y sobre todo, desde el corazón.

“Me impresiona mucho cómo todos terminamos opinando y juzgando a la gente o los hechos con poca información, inclusive que no es cierta”, explica Lautaro sobre el origen de “Cronología de la Bestias”, obra que estrenó en septiembre de 2016 protagonizada por Silvina Sabater, Andrés Ciavaglia, Adriana Ferrer, Julián Krakov, y Juan Manuel Casavelos. Un comedor y living familiar son el espacio en el que se desarrolla la historia, con una aparición inesperada y la intriga sobre lo que ahí sucede. “A través de un caso policial”, continúa el director, “donde pasa todo eso que me interesaba, el manejo de la información dado de a poco a propósito, y a medida que la historia avanza uno va sacando conclusiones. Esta historia podría ser en un contexto familiar, en un trabajo, podría cambiarla de lugar. La cosa familiar es lo más básico de lo social, todos sabemos de qué estamos hablando, entonces es un material muy para trabajar”.

 

DP: ¿De qué manera administrás la información que se va dando?

Lautaro: Aprovecho los raccontos, las idas y vueltas en el tiempo, volver a dar la misma información, pero después de haber transitado dos tercios o media obra, para que te ponga en la complejidad como espectador de ir desandando el camino que armaste para construir y juzgar la historia. La misma información con otra se resignifica. Había algo de esto que me interesaba, por eso esta metodología, y este juego con la palabra cronología.

 

DP: ¿Cómo fue trabajar este manejo del tiempo en la escritura y luego en la obra con los actores?

Lautaro: Cuando escribo no pienso mucho cómo se va a hacer, y cuando lo hago digo “cómo lo escribió éste”, como si fueran dos personas distintas (risas). No me limito tanto a la hora de escribir y después me rompo la cabeza para ver cómo lo realizo. A mí me interesaba y me divertía tomar al espectador como una persona inteligente, que lo es, pero que muchas veces no se parte de esa premisa y se necesita dar todo el material procesado. A mí me gustaba pensar que como espectador tengas que estar activo en la butaca para poder andar y desandar el recorrido, entonces era un recurso el uso del tiempo con las idas y vueltas, que me permitía jugar con eso. A la hora de dirigir tenés que encontrar cómo lograrlo, por supuesto que hay un trabajo muy grande con los actores, es un desafío grande porque entrás, volvés para atrás, lo repetís, entendiendo para qué hacés eso. En el trabajo de dirección hay cosas que al escribir tenés necesidad de explicarlas y a la hora de actuar, con un gesto, con un movimiento, con una mirada, reemplazás media página de palabras.

 

DP: Hablando de cronología, ¿de qué manera la obra creció desde el estreno hasta esta nueva temporada?

Lautaro: Las obras tienen dos momentos, uno es el ensayo, que es fundamental, indispensable, y después hay otro momento cuando entra el público a la sala y uno termina de encontrarle el pulso, terminás de comprender cosas que entendías intelectualmente y no desde el cuerpo. Yo hago mucho no tener un día de estreno, si no que vaya viniendo gente con miradas en las cuales uno confía, que también te desafían. Lo vas percibiendo y entendiendo cómo funciona la obra, y vas detectando las cosas que hay que ajustar. Más allá de estas primeras instancias, la obra requiere de muchísima precisión actoral, porque es tan compleja narrativamente que los actores tienen que ser muy precisos, y la verdad que los cinco actores son muy talentosos y muy profesionales. Desde el principio pensé en ellos que me motivaban mucho, me daba mucho placer trabajar, y sabía toda la humanidad y toda la trayectoria que tenían como para poder meterse en este lío. La obra una vez estrenada es la misma, y a su vez tiene que ser todos los días la primera, con esa complejidad trabajamos.

 

DP: ¿Qué hay de bestial en lo humano?

Lautaro: Hay mucho, me animo a pensar en el ser humano como bestia por la gran esperanza y fe que le tengo. Creo realmente en el poder que tenemos los seres humanos de transformarnos, de construir, de crear y creo que un poco Timbre tiene que ver con eso, con confiar en que hay mucha gente bestia, hay mucha envidia, pero esencialmente el hombre es un animal que se adapta y es incalculable lo que puede construir.

Escenario. Un espacio enjaulado, un aro de básquet y un banco de madera. Fuera de las rejas, una pizarra y una mesa. Cámara, proyector y acción. La puerta que se abre y cierra dejando de un lado a un parricida condenado, y entrando y saliendo un director de teatro que busca, indaga y se encuentra con Martín en el espacio real y Gerardo Otero en el trabajo de construcción. Lautaro es director fuera y dentro de esta obra.

 

DP: ¿Cómo llega Tebas Land a tu vida?

Lautaro: Es una obra maravillosa que me acercó Corina Fiorillo, me dijo “Lau, te mando este texto, leelo, te va a encantar, y llamame así arreglamos horarios”. La leí, evidentemente me gustó mucho, y me entusiasmaba el grupo con el que íbamos a trabajar, con Gerardo somos muy amigos. Y me toca hacer de un escritor de teatro, un director que está buscando una historia, y decide, necesita, escribir sobre el parricidio, entonces se involucra con un preso, culpable de haber matado a su papá. En la medida que va avanzando, la obra deja de ser lo más importante y él empieza a darse cuenta que está modificándose como persona. Creo que Tebas habla de un proceso creativo como excusa para hablar de un encuentro de dos personas, dos mundos inencontrables. Es una obra que te obliga a ponerte en el lugar del otro.

 

DP: ¿De qué manera contribuye a tu rol de dramaturgo?

Lautaro: Me generó mucha cercanía este entendimiento del personaje. Es una obra muy grande y las obras grandes siempre tienen lugar a interpretaciones, con Corina coincidíamos mucho en este lugar de crecimiento personal, de transformación y es algo en lo que yo me podía sentir identificado.

Esquina México y Boedo. Media cuadra y la entrada a un mundo de sensaciones. Timbre 4 nació en 2001, “era un momento donde primaba el ‘sálvese quien pueda’”, recuerda Lautaro, “y en ese contexto un grupo de amigos nos juntamos para hacer teatro, para mostrar a la gente lo que amábamos y lo que deseábamos. Claudio (Tolcachir) abrió las puertas de su casa para eso, con el objetivo de brindar, que la gente reciba eso, y a su vez, desafiarnos permanentemente. Lo mejor que me pueden decir es que Timbre es una casa. Timbre es mi pequeño mundito, mi experiencia, mi familia. El deseo y el amor por lo que hacemos nos hizo construir todo esto, partiendo de la nada, o de mucho, porque a veces uno dice la nada y habla de lo económico, pero no cuenta con algo fundamental que es que un grupo de personas se junte por amor a lo que hace, para crear, crecer, aprender y desafiarnos.”

 

DP: ¿Por qué elegís el teatro?

Lautaro: De chico siempre tuve la sensación que iba a ser actor, empecé a estudiar otras cosas, me dedique a la plástica, y fue muy repentino. Creo que la vocación tiene que ver con algo inexplicable y a veces también con el contexto, mi abuelo era titiritero, mi mamá es artista plástica, mi papá es amante del cine. Y uno se busca, con Claudio y Tamara nos conocimos a los 15 años, y siento que uno se busca por necesidad de compartir y de encontrarse. Hay un hecho concreto, tengo el recuerdo de ver una obra de teatro en Libertablas, “Sueño de una noche de verano”, y después una obra de Juan Carlos Gené y Verónica Oddó, “El memorial del cordero asesinado”, y sentí algo intransferible, inexplicable, me sucedió en el cuerpo querer estar ahí.

 

DP: ¿Cómo describís la actualidad del teatro en el país, y cuáles son los desafíos?

Lautaro: Tenemos que estar muy orgullosos de nuestra historia de teatro en la Argentina, que es muy larga y rica. Y tenemos que estar orgullosos de nuestro presente teatral también, porque es impresionante todo lo que hay, las búsquedas, los estilos. Es un teatro personal, en el sentido de que cada director tiene su lenguaje, su metodología, su forma. En Argentina hay mucho teatro de autor que no es habitual, y eso es muy valorable. Lo que más deseo para el teatro, para Timbre, y para mí es que esta búsqueda continúe.

Ilustra la nota: Still de la obra Tebas Land. Fabián Pol, Prensa Timbre 4