De la novela por entregas a los géneros virtuales

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En el siglo XIX, floreció la narrativa, en gran parte gracias al fenómeno de la novela por entregas: Alejandro Dumas, Charles Dickens, Benito Pérez Galdós, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson son solo algunos de los autores que dieron a conocer novelas que después se convertirían en clásicos. Hoy, en pleno siglo XXI, pareciera que asistimos a la creación nuevos géneros literarios, esta vez de la mano de Internet. Sin embargo, lejos de ser originales, no hacemos más que retomar viejas fórmulas porque, como dice el refrán, “Nihil novum sub sole”.

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La popularidad de las novelas por entregas era tal que prácticamente todos los grandes escritores de la época publicaron sus obras primero en este formato, para luego hacerlo en papel; incluso hay registros de obras que eran vendidas en más de un formato simultáneamente. En nuestra era de la virtualidad, la blognovela, la wikinovela, la hipernovela son las nuevas formas que adquiere la narrativa. Incluso hablamos de Twitteratura o podemos leer novelas publicadas en sucesivas entradas en un muro de Facebook. Y, por supuesto, también asistimos a ejemplos de autores que después de publicar en Internet pasan al papel.

El fenómeno de las novelas por entregas, a su vez, generó varias consecuencias. Las masas accedieron a la lectura: la literatura comenzó a escribirse para un público heterogéneo. Esto, a su vez, tuvo influencia en las formas literarias: la ficción se hizo más variada, y los escritores se vieron obligados a mantener a sus lectores interesados por medio de tramas atrapantes y por una segmentación de los textos que generara ganas de seguir leyendo. Otra consecuencia fue la aparición de historias con descripciones detalladas sobre hechos cotidianos con un lenguaje también cotidiano y accesible como una manera más de involucrar a los receptores.

¿Qué pasa en los géneros virtuales? También los lectores son heterogéneos en cuanto a conocimientos e ideologías, y hay muchos que leen más en soporte digital que en papel. Y también los escritores necesitan atrapar a sus eventuales receptores: la virtualidad aumenta el número de propuestas de lectura y provoca que los autores tengan que extremar su creatividad para conseguir que sus textos sean leídos. En este sentido, Twitter y Facebook son buenos vehículos para despertar interés, al menos por alguna de las publicaciones.  Los “me gusta” o los “me encanta” son un termómetro que, en superficie, nos muestra cuánto nos leen.

Tampoco somos ajenos a la pretensión de verdad que tenía la literatura por entregas. Especialmente en Facebook, nos vemos tentados de publicar sobre nosotros y de leer sobre la vida de los demás, incluso cuando lo que se publica se presenta como ficción. Nos encantan las historias verídicas, las que se relacionan con nuestras vidas y las que se relatan en un lenguaje cercano a nosotros. Sin embargo, es la blognovela el formato virtual que más se asemeja a la novela por entregas del siglo XIX: las entradas de blog ordenadas por fechas, la posibilidad de interactuar con los receptores, la necesidad de dejar la historia abierta en un punto en que genere suspenso y un lenguaje bien accesible son las pruebas de que no venimos a inventar nada sino, en todo caso, a reinventar viejas formas literarias.

Después de todo, solo se trata de escribir, ni más ni menos, y para eso siempre se necesitó un autor, un texto y un lector. El resto es magia, empatía, identificación, deseo de contar.