Año cero (un sonido incesante), Lamberto Arévalo y Susana Yasan

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Año Cero resulta una obra onírica, donde las asociaciones libres, la arbitrariedad de los gestos y lo imprevisible guían el camino del espectador. Nos encontramos aquí con lo informe, aquello sin contornos que lo defina, como en un sueño. Lo más inquietante de este sueño-pesadilla sobre el futuro del planeta es su posibilidad de volverse real.

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La sinopsis es simple: Año 2100. Pasó una nueva guerra mundial que dejó al planeta convertido en un desierto yermo. La acción transcurre en un sitio recóndito donde hoy se encuentra Latinoamérica. La protagonista, Cero, es una mujer de una comunidad extinguida, rescatada por una tribu que ha sobrevivido. El símbolo de un caracol gigante nos habla de la fuerza de vida que persiste aún en la tierra más árida y despoblada: hay casi un mensaje ecológico, una invitación a recuperar nuestro vínculo con las fuerzas de la naturaleza, al mismo tiempo que ahondamos en las voces lejanas de grandes y sabias mujeres que tanto tienen para decirnos.

Sonidos guturales, movimientos animales, instrumentos tocados al azar, percusión, cuerdas, ukelele, teclado. Un hueso enorme. Un compuesto de elementos eclécticos. Año cero es un viaje a través del tiempo, un futuro-pasado  es el oxímoron perfecto para definir su ubicación temporal. Digo que hay una contradicción entre estos dos términos porque aquí vemos un futuro que se parece llamativamente a un pasado primitivo, tribal, rudimentario, un mundo arcaico que ya no existe. Y el cero alude a eso, justamente: el hombre avanzó tanto que retrocedió. ¿Será una vuelta a los orígenes? A lo largo del viaje que propone Cero escucharemos citas de la poetisa  Safo, la profetisa mítica Casandra y la chamana María Sabina. La poesía puede ser como una patria donde refugiarse.  La intertextualidad es la estrategia utilizada para reunir  voces de distintas procedencias.  El  canto se muestra como la solución a las guerras y los conflictos humanos. El texto es tan importante como el contexto, la situación en la que se ve inmersa su protagonista es sugerida pero no explicitada del todo. El espectador tendrá que reconstruir la escena con su imaginación.

En tiempos de la aldea global, de las comunicaciones inmediatas, la tribu aquí presente propone un escenario donde las palpitaciones, los impulsos, las pulsiones son más fuertes que las palabras. O las palabras vienen a continuar los caminos que trazan los cuerpos; estos nunca descansan y no paran de sugerir historias, ramificaciones posibles, que, junto a lo enunciado mediante el discurso intermitente y los anárquicos sonidos generan un clima de extrañamiento muy fuerte porque hay poco que podamos reconocer en este paisaje desolado: un desierto, sí, pero uno muy diferente al que podemos encontrar en nuestra geografía.

Susana Yasan y Lamberto Arévalo son los autores de la idea original; la dramaturgia y dirección son de  Arévalo. La interpretación de Susana Yasan es fuerte, conmueve y opera como hilo conductor de los otros trabajos de actuación que acompañan su protagonismo desde un lugar más físico y sonoro: Verónica Allocati, Cecilia Arrascaete, Cecilia Mártire y Mariano Pérez de Villa, desempeñan con todo su potencial estos papeles que funcionan adecuadamente a nivel grupal. Son roles cuya función es sostener el gran caudal expresivo  que conlleva el rol de Cero y no dejarlo caer.

La obra no puede entenderse mediante un sentido lineal:  lo que nos otorga es una especie de mapa para interpretarla. Como establecen  Deleuze y Guattari en ¿Qué es la filosofía?: El arte, la filosofía y la ciencia trazan planos en el caos. El artista se sumerge en el caos para salir con un plano. El autor de esta pieza sigue la línea filosófica de Deleuze y seguramente ha leído este texto.  Lamberto otorga a cada uno el mapa que quiera para poder sortear las partes más crípticas de su obra. En definitiva, Año cero no deja de ser un enigma porque lleva un halo de misterio alrededor de cada frase, cada movimiento.  Los cuerpos señalan un camino, pero el enigma seguirá allí al final de la obra para que cada uno complete a su manera todos aquellos espacios  desprovistos de explicación.

Ficha técnica

Ideo Original: Susana Yasan y Lamberto Arévalo; Dramaturgia: Lamberto Arévalo; Intérpretes: Susana Yasan, Verónica Allocati, Cecilia Arrascaete, Cecilia Mártire y Mariano Pérez de Vill; Música Original: Lamberto Arévalo, Cecilia Arrascaete y Mariano Pérez de Villa; Diseño de Iluminación y Objetos: Fernando Dopazo; Realización de Objetos: Verónica Allocati y Fernando Dopazo; Diseño de Vestuario y maquillaje: Silvia Zavaglia; Realización de Vestuario: Mariela Martínez y Verónica Allocati; Asistente de Dirección: Mariela Martínez; Dirección: Lamberto Arévalo

Prensa: Silvina Pizarro

Funciones: Todos los sábados a las 19.30 hs. (hasta el 13 de mayo –inclusive) // En Patio de Actores, Lerma 568 // Tel. –Informes: 4772-9732 // Entradas $200.- (Estudiantes y Jubilados $150.-) //