Dos, una desconexión, Pablo Bellocchio

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Vivimos en una época donde aparentemente reina la conexión. Las redes sociales invaden nuestra vida y nosotros invadimos a otros por medio de las redes sociales. Ahora, las verdaderas conexiones, las que duran toda una vida o son efímeras pero nos marcan, dejan huella, no son las que más abundan.

El Tinder y sus derivados son el ejemplo más claro de las relaciones descartables. Por todo esto,  a pesar de las múltiples tecnologías que nos hacen sentir más conectados, subyace una desconexión ya que cada vez más dejamos de mirar a quien tenemos en frente para concentrarnos en una pantalla. Sin embargo, este no es el caso de Miguel y Claudia, los protagonistas de esta obra. Ellos han encontrado esa conexión, la que hace vibrar desde el primer momento, la que llena de amor y de odio al mismo tiempo, la que hace que cueste respirar.  El título nos habla de aquello que nos separa pero también extrañamente nos une porque a veces uno descubre que puede ser la misma cosa.

El espacio de Dos está desbordado de objetos y desordenado, tanto como sus propias vidas. El sillón está roto, lo cual nos habla de cierto descuido, lo que se va deteriorando y no tiene arreglo. Miguel quiere explorar la biblioteca de Claudia apenas se conocen porque es una forma de conocerla mejor a ella. Ella en cambio piensa que sus discos dicen más acerca de su personalidad que sus libros. Las dos parejas que encontramos en el escenario corresponden a distintos momentos de la relación entre Miguel y Claudia. Y también nos encontramos con una Claudia sola, angustiadísima porque Miguel no viene y la deja esperando, con un vacío enorme. Todos están representando a Miguel y a Claudia aunque parecen personas distintas porque el tiempo va transformando los vínculos hasta dejarlos irreconocibles.

Es muy interesante ver cómo en algunas obras de arte nos podemos ver reflejados y sentimos una comunión con el hecho artístico. Dos, una desconexión es una oportunidad de ver ese reflejo para todas las personas que han estado en pareja y pueden sentirse identificadas con la realidad que plantea la obra. Hay conversaciones muy profundas donde podemos acceder a la psicología de los personajes y comprobar que las depresiones, la incomodidad con un grupo de amigos, el aislamiento, la imposibilidad de integrarse a otro entorno que no tenga que ver con la pareja, son temas más comunes de lo que parecen. Algunos puntos medulares de la discusión de esta pareja son: Ella no tiene libido porque toma rivotril y ya no quiere sexo; en la facultad él la celaba porque ella le mostraba el culo a sus compañeros y entonces ella dejó sus estudios para evitar el malestar de su novio; luego él es escritor y no produce ni un centavo, se la pasa mirando las gotas de rocío sobre los árboles; ella se siente protegida por su madre y ahora también por Miguel aunque le causa rechazo que la proteja tanto, pero si se aleja siente que se le acaba el mundo; a los cumpleaños Claudia nunca quiere ir sola, se siente que no pertenece y va a llorar al baño; hace tiempo que la pareja no se divierte, sus círculos son restringidos y pasan demasiado tiempo encerrados. Una historia llena de contradicciones: tu amor me ahoga, tu amor me encierra, pero necesito tu amor para vivir, sin vos no concibo mi existencia.

Hay momentos de humor muy bien logrados (como el diálogo acerca de la llave) que se intercalan con momentos de cierta violencia tanto verbal como física. Están marcadas con eficacia las distintas etapas de la relación desde el endulzamiento y la seducción de los primeros instantes hasta el momento en que todo se descarrila, ese umbral que se cruza, ese punto de no retorno que no obstante parece ser reversible porque la necesidad del contacto humano, de sentir la presencia corporal del otro,  puede ser más fuerte que las peleas y los disgustos.

Leemos en el poema “Del amor navegante” de Leopoldo Marechal: “Porque no está el Amado en el Amante / ni el Amante reposa en el Amado […] Si fuesen uno, Amor, no existiría /ni llanto, ni bajel, ni lejanía, / sino la beatitud de la azucena. // ¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa! / ¡Oh círculo apretado de la rosa! / Con el número Dos nace la pena”. Esta pieza teatral trabaja precisamente esa incomodidad a la que estamos condenados, la del número dos, y nos habla de esa pena que tenemos cuando el ser amado se va y parece que se va una parte de nosotros mismos.

El famoso bolero interpretado por Andrés Calamaro antes de que comience la función es como una cita que podemos incorporar al relato: ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca, necesito controlar tu vida, saber quién te besa y quién te abriga… y al mismo tiempo, podríamos evocar tantos fragmentos de canciones de Calamaro al escuchar los diálogos:… flaca no me claves tus puñales por la espalada….la moneda cayó por el lado de la soledad y el dolor… estas perdida sola en medio de la ciudad, soy el que lo piensa por los dos hasta que salga el sol…quiero ser el único que te muerda en la boca, quiero saber que la vida contigo no va a terminar…

Las actuaciones son excelentes, los actores muy compenetrados en sus roles nos hacen meternos en su realidad, sin que ésta sea contaminada por las otras versiones de la pareja que transcurren casi en simultáneo. El guión es impecable, escrito con gran agudeza y logra agilidad. Resulta muy acertada la elección de vestuario que con una prenda sencilla logra conectar las tres historias.  Un elogiable trabajo de gente joven (Nicolás Dezzotti, Malena López, Catalina Motto, Sheila Saslavsky, Maximiliano Zago, Pablo Bellocchio y  Nicolás Salischiker) que muestra su innegable talento y apuesta al valor de las pequeñas historias que dicen grandes verdades. Dos, una desconexión forma parte del colectivo de trabajo Lascia que cuenta en su haber con varios proyectos realizados.

FICHA TÉCNICA

Elenco:
Nicolás Dezzotti, Malena López, Catalina Motto,
Sheila Saslavsky y Maximiliano Zago
Escenografía y Vestuario: A&M Realizaciones
Diseño y operación de luces: Lucas García
Diseño Gráfico: Rodrigo Bianco
Puesta en escena: Pablo Bellocchio y Nicolás Salischiker
Asistencia de Dirección: Rodrigo Bianco
Producción: LASCIA Colectivo de Trabajo
Dramaturgia: Pablo Bellocchio
Dirección General: Nicolás Salischiker

ESPACIO POLONIA
Fitz Roy 1477
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Entrada: $ 150,00 – Viernes – 21:00 h