Gánster, un policial en el teatro: entrevista a Daniel Dalmaroni y a Sebastián Bauzá

0
0

No es frecuente encontrar en cartel un policial. Gángster, de Daniel Dalmaroni, cuenta una historia ambientada en los 60, en la que no faltan mafiosos, matones más una buena dosis de suspenso y humor.

Daniel es dramaturgo, novelista y guionista. Recibió numerosos premios; muchas de sus obras, además, fueron traducidas al inglés, al francés y al portugués, y se representaron en varios países. Esta vez, la puesta es de Sebastián Bauzá –actor y director– que se suma a la charla que tuvimos para Leedor.

Tenés una larga trayectoria como dramaturgo y director, ¿qué temas o qué estilo te definen?

Soy escritor y dramaturgo. Además, en ocasiones, soy director. Hay veces que pienso que soy un comediógrafo, pero también tengo obras que no están en el registro exacto de la comedia o son comedias dramáticas, aunque este no sea el caso de Gángster.  Los temas que me interesan son variados, pero de eso me doy cuenta cuando termino mis obras, ya que ellas no surgen nunca de “temas” o “ideas”, sino de imágenes que al principio y en buena parte de la escritura no sé a dónde me van a llevar a parar. Podría decir que mis obras hablan de la familia como institución basada en los secretos y mentiras. No creo en las llamadas “familias disfuncionales”. Creo que la familia, como institución es de por sí, disfuncional. Otros de los temas de mis piezas son los vínculos entre los seres humanos: la lealtad, la fidelidad; la memoria y la historia reciente de la Argentina. Lo digo y parece un tanto pretencioso, pero en realidad creo que mejor o peor, todos escribimos sobre cinco a siete temas de la vida y alguno de ellos son estos que acabo de mencionar.

Sos también novelista, ¿cuánto de la narrativa pasa a tu escritura teatral y viceversa?

En realidad mis tres novelas lo que hacen es jugar con algo que en el teatro no puedo hacer, como es “el punto de vista”. En el teatro en general, el punto de vista es más bien coral (salvo en el caso de un narrador, recurso que no me apasiona en absoluto,  y en contados ejemplos de puntos de vista múltiples). Entonces, cuando escribo narrativa, lo que me apasiona es jugar con el punto de vista o “los” puntos de vista de la historia. Por otra parte, ninguno de los argumentos de mi narrativa pasó al teatro ni viceversa.

¿Cuando escribís, cuánto de tu mirada como director influye en tu manera de escribir?

Siempre deseo que sea muy poca o nula. El dramaturgo piensa en escenarios reales y personas reales, mientras que el director piensa –está obligado– a resolver en decorados y trabajar con actores. Cuando escribo no pienso en practicables, bambalinas, derecha e izquierda, foro, reflectores o proscenio. Como dramaturgo imagino, pienso y escribo sobre una cocina, la luz del sol entrando por la ventana, la puerta que da al patio y otra que da al comedor.

En general, no hay muchas obras en cartel con temas que ronden lo policial, ¿cuál fue el origen de Gángster?

Creo que ahora empezaron a aparecer algunos policiales en el teatro argentino. Los otros días un diario daba cuenta de ello. Gángster es un homenaje al policial en los años 60, pero también es una obra que habla del reconocimiento de nuestro verdadero destino y el valor o no para enfrentarlo. En 1963, en el barrio porteño de Barracas, una mujer acaba de descubrir que su marido no es quién cree que es. Y tal vez sea, simplemente, el comienzo de una serie de descubrimientos acerca de quién es cada uno, cuál es su vocación más profunda y cuál es su destino en esta vida. Hay mundos que suponemos cercanos, cotidianos y al alcance de nuestra mano. Y hay otros mundos cuya épica solo concebimos en los libros o en el cine. Cuando la ficción reúne ambos mundos como si siempre hubieran sido uno solo, se desencadena una dinámica de situaciones, que no por verosímiles dejan de causarnos asombro. Es ese el viaje fundamental de Gángster: una evocación de los íconos del género policial de los años 60 puesta, con mucho humor, al servicio de la identificación de nuestros propios vínculos. Gángster es parte de una trilogía de los años 60 que completan mis obras El boticario de la guerra fría y Una magnífica desolación. Quiero aclarar que nací el primer año de los 60 y estas obras se desarrollan en mis primeros diez años de vida. No es casual, supongo, que el mundo de nuestra infancia aparezca algunas veces en la escritura.

Siendo vos también director, ¿cómo te parás frente al trabajo de los directores con tus obras, en este caso con Sebastián?

Trato de ser un colaborador. Un sumador. Nunca restar. Supongo que a veces me sale y a veces no tanto. En algunas ocasiones me he integrado más al trabajo, como en este caso. Y en otras, menos o nada. Bauzá es un gran director, con un presente excelente y un futuro, imagino, mejor todavía. Es la tercera obra que mía que dirige, y no es casual que haya seguido confiando en él después de las dos primeras. El espectáculo que ha armado junto a los excelentes actores, al vestuario y a la escenografía son de excelencia.

Acá se suma Sebastián Bauzá a la entrevista para dar su mirada sobre la obra y sobre su propio trabajo de dirección.

¿Qué experiencia como director de varias obras de Dalmaroni traés a Gángster

Haber trabajado anteriormente con obras de Dalmaroni  (Los opas, nominada a los Trinidad Guevara / Año 2016, en Revelación masculina, y La escena del crimen) me permite tal vez conocer un poco más de cerca el estilo y del tipo de humor que maneja en sus obras. Si bien cada obra es un mundo,  Dalmaroni se especializa en un tipo de humor ácido, negro, controvertido. Al haber montado ya dos obras del autor, uno va descifrando con más rapidez a los personajes y sus vidas, teniendo una comprensión más precisa de los textos y mucho más rápido que en las puestas anteriores.

¿Cuál es la diferencia entre hacer una puesta de un autor al que no conocés o hacer la puesta de alguien con quien tenés una relación más cercana?

Para mí el proceso de trabajo es exactamente igual, el respeto por el autor y ciertas libertades que uno puede darse como director, hacen que sea indistinto trabajar con un autor conocido o con quien no se tiene relación. Sí, hay que admitir, que al tener al autor cerca, “a mano”, facilita algunas dudas que uno puede tener en relación a la comprensión del texto. Gracias a Dios, Dalmaroni está siempre dispuesto a este tipo de consultas y es muy respetuoso del proceso creativo del director y el elenco.

¿En qué sentido el ser también actor colabora en el momento de pensar una puesta?

Siempre conocer los distintos roles de una profesión ayuda y se complementan para lograr un mejor producto. Y vivir las obras desde adentro como actor sin duda que ayuda a tener una visión más objetiva de lo que pasa ahí arriba en el escenario. Luego en todas las otras cuestiones que tienen que ver con la puesta (escenográficas, musicales) no creo que tenga tanta injerencia el ser actor o no.

¿Cómo trabajaste la dirección de Gángster?

Siempre trato que nos acerquemos a los personajes a través del juego y de la libertad creativa por parte del actor. Uno va mostrando hilos, marcando límites y ayudando al actor para que luego el tire de esos hilos y juntos vayamos descubriendo lo que la obra y los personajes nos piden. Creo en la creación colectiva. En Gangster, además, hemos hecho un gran trabajo de investigación sobre detalles de la época (la obra transcurre en el año 63) y como desde el texto se cita la época, también tratamos de ser cuidadosos con la puesta y con el accionar de los personajes.

Estreno y función de prensa sábado 25 de marzo a las 22 horas; Teatro del Pueblo, Av. Pres. Roque Sáenz Peña 943, CABA; Reservas: 4326-3606; Funciones sábados a las 22 horas.