Danza, afectos, polis, arte

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Cuando me pongo a escribir estas líneas, se me cruzan varias ideas y temas. ¿Qué es lo que más me gustaría contar, compartir en Leedor? ¿Qué puede ser interesante para leer?
No puedo dejar de lado el afecto. Fue el afecto, la empatía intelectual la que aproximaron a Kekena Corvalán a mi vida, allá por 2013, cursando el Doctorado en Artes en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y luego por ella, me acercaron a Leedor.

Un afecto hecho de preguntas comunes, complicidades y una apelación a quienes no estaban allí en ese curso pero de algún modo nos vinculaban.

Luego, algunas intervenciones en Facebook, posteos aquí y allá reponían la pregunta compartida, los mojones para caminar un camino singular y las complicidades.
¡Gracias por tenerme en cuenta!
Entonces, voy a contar algo de ACIADIP, la Asociación de Coreógrafos, Intérpretes y Afines, de la cual soy parte desde 2011, pues me parece que esta dimensión afectiva y de acción en la polis la atraviesan y caracterizan.

La danza está relegada. Me refiero a leyes, presupuestos, garantías laborales, acompañamiento de sus producciones y potencialidades. Esto es, si la comparamos con otras artes, que no es que naden en las abundancias pero tienen un trayecto más consolidado en algunas de estas áreas. Resta aún escribir el análisis de las causas de este estado de cosas en detalle, señalo dos o tres cuestiones no más, para ir pensando. Una ha sido, en algún momento, su lugar de espectáculo de divertimento menor para las clases acomodadas; otra la asociación de las bailarinas con mujeres de vida fácil o liviana. Otra la distinción entre artes nobles y populares, que dejó por fuera numerosas formas. Otra, la práctica de las experiencias más modernas o experimentales, en su momento, llevadas a cabo por personas de buen pasar económico, con la mirada puesta en algunos países europeos o EEUU, que han marcado las gestiones del arte en relación a la política en el ejercicio del gobierno.

Les dejo a uds. la reflexión de en qué medida estas líneas de análisis posible pueden continuar su trazado hasta nuestros días.

ACIADIP surgió en primer término para tomar el eco de la fuerza que se venía gestando por el Grupo por la Ley Nacional de Danza. En seguida comenzamos a ver nuestros problemas comunes, nuestras posibilidades. No fue fácil, había habido intentos previos de agruparnos que no habían prosperado. Hubo un envión entonces que impulsó con más fuerzas como para seguir, y seguimos.

Luego de empezar, continuar tampoco fue fácil. Las prioridades laborales, personales y artísticas muchas veces atentan contra la posibilidad de encontrarnos a debatir, diseñar acciones y estrategias y llevarlas a cabo.Y trabajar juntas, con el que no nos gusta tanto, con la que es diferente, con el que hace obras completamente distintas a las nuestras, o con quien tuvimos rencillas antaño y nos cuesta trasponer esa historia. O con quien nunca tuvimos la oportunidad de intercambiar nada cara a cara.

Pero pienso esa ha sido la dirección del trabajo conjunto, ese intento, siempre en una nueva intención y apuesta.

En este lapso de tiempo hicimos muchas cosas: ciclos con obras, videos y talleres, debates, acompañamiento de los festivales existentes, gestión del 29A en La Plata, escritura de documentos para el grupo por la Ley Nacional de Danza, performances, intervenciones, comunicación incansable, tramitación legal. Es un aprendizaje intenso, horas de pensamiento, discusión, muchos mensajes, mails y whattsapps. No se detiene.

Pero creo que lo más importante fue la construcción de una red solidaria y afectuosa entre nosotros, que estaba, pero muy teñida por afinidades estéticas o históricas. Logramos escribir una nueva historia de nosotros mismos. Me parece que no es poco haber logrado eso.

Para mí la danza es una actividad grupal. Pero a la vez, el narcisismo, el individualismo nos azuzan de continuo.Y las ideas de talento y premiación sobrevuelan nuestro arte cuál avión con pesticida.

A mí lo que menos me gusta de eso es que termino pensando que queda confinada como un arte para ricos que pueden pagarse ciertas cosas o para gente que son como las sacerdotisas de la danza que sacrifican todo por ella. Y me parece que eso no es algo deseable ni que de alegrías lindas.

Para colmo, acá en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, estamos en una situación muy complicada.Los funcionarios de la Gestión Cultural muchas veces provienen de CABA y sus propuestas y lógicas suelen ser muy diferentes a las que nosotros visualizamos como necesarias para este territorio. Entonces se da como un cortocircuito o una imposibilidad de conversación. Y a veces, incluso, parece que no estuviéramos participando de los lineamientos ¿de tipo universalista será? que las artes escénicas tendrían que tener y no se nos toma en consideración. Otro debate y estudio para hacer: el del arte escénico, la danza en la provincia de Buenos Aires. O sea, cómo pensarla en contexto, en territorio. Es una provincia con sus bemoles, se encuentran en ella el 40% del PBI y la población, pero termina financiando a otros y en otros lados. Ya saben de eso, como funciona.

Pienso ahora en un hormiguero conformado por innumerables túneles subterráneos que nos conectan bajo la superficie.Y mucha actividad, con nuestras patitas, que son seis para cada una, que vamos sin pausa, aunque parezca invisible. Somos como pequeñas obreras pero a fuerza de trabajo vamos acopiando las reservas para un presente y una escritura de nuestra historia por venir, aunque parezca que viene tormenta. Y además cuando nos juntamos reímos, imaginamos cosas, compartimos bebidas y comidas. Es un poco como un banquete, un festín.

Ilustra la nota: Diana Rogovsky/ Noventa y seis Horas Danza.