“Me interesa trabajar con la realidad”, entrevista a Belén Arena

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Mis días sin Victoria es la puesta en escena del diario personal de Belén Arena en el que se narra un amor lésbico frustrado, tres intentos de suicidio y la destrucción de una obra anterior.

Belén es bailarina, performer, escritora y docente, y escribió su diario “con el alma consumida, y la creencia absurda de que todo esto sería en pos del arte”. Para contarnos más acerca de esta originalísima propuesta charlamos con ella.

Si pensamos el diario personal como algo que tiene que ver más con la catarsis, ¿cómo se transforma algo tan personal en un espectáculo para todo público?

No pensaría al diario personal como algo relacionado a la catarsis, mi línea de pensamiento va más en el sentido de que lo extremo de lo personal es universal en un sentido no-pochoclero. Lo que usualmente se expone en la mayoría de los casos son cosas que “pueden” exponerse. A mí, me interesa el extremo de la exposición en el extremo de lo íntimo, en el extremo de lo personal. En ese campo de extrema intimidad, que siempre es algo muy raro, muy único, muy particular, todxs nos sentimos identificadxs. Mi historia personal es “rara”: soy lesbiana, soy joven, soy marginal, soy hippie, me enamoré de una bailarina haciendo una obra sin presupuesto, me enamoré en un viaje de experimentación que hicimos para vivir la muerte del “personaje” Victoria en Santa Teresita. A la vuelta ella me dijo que no le gustaban las mujeres, y que había sido Victoria y no ella la que estuvo conmigo, y se fue de viaje durante un mes. En ese mes escribí un diario para salvarme de la idea de suicidarme; estaba obsesionada y perturbada con los límites entre la realidad y la ficción, con si era o no personal lo que nos había pasado, si era personal o era personaje. Es específico, pero en ese algo tan específico muchas personas se identifican, en lo específico y personal creo que aparecen los mecanismos de cómo funcionan las cosas en general, en este caso el amor, el delirio, la soledad, y es una forma de detectar el mecanismo para mí, en su estado más puro. Me interesa lo específico para estudiar lo que nos pasa a todxs. No me gusta la idea de “espectáculo”. Es más bien una conferencia, un banquete que ofrezco para que la gente venga a tomar unos vinos, deprimirse, llorar, bailar, pensar, reflexionar conmigo, ayudarme, ver si podemos ayudarnos entre todxs con esta problemática.

Relacionado con lo anterior, ¿cuál es tu concepto de ficción en relación con el teatro?

No me gusta el teatro, no me gusta la representación, no me gustan los espacios reales transformados en espacios de ficción, no me gusta engañar al público. Prefiero presentar una realidad, y para presentarla utilizar los mecanismos que necesite o que crea más convenientes; la ficción es uno de ellos, pero no engaño al público entrando a la ficción directamente y cortándola cuando la obra termina. Por ejemplo, Fiorella es la representante de Victoria, y siempre la nombro Fiorella; ella no es Victoria, y sería absurdo hacerle creer a la gente lo contrario. En las escenas que necesito que Fiorella represente a Victoria lo anuncio, se lo pido: “Fiorella, ¿podés representar a Victoria en tal o cual escena?”. El objetivo de su representación es recordar, contextualizar, pero Fiorella nunca deja de ser quién es, es ella trabajando al desnudo, exponiendo ese proceso al público. Asimismo, no me gusta trabajar el teatro (la sala) como teatro; por esto, ponemos al público en el escenario y desarrollamos la obra en las butacas, en la cabina del técnico. No me gusta que el teatro deje de ser un teatro e imaginemos algo que no es. Me interesa trabajar con la realidad y desde ahí crear una ficción funcional cuando sea estrictamente necesario.

¿A qué te referís cuando decís que estabas obsesionada con Frida Kahlo?

Me siento (como muchxs) identificada con Frida. Me obsesiona desde un lugar un poco caprichoso, más allá de las afinidades artísticas e ideológicas que tengo con ella. En una época solía tener sueños lúcidos con Frida Kahlo, se me presentaba como una alucinación. En el viaje que hice a Santa Teresita con Victoria, Frida estaba de fondo de pantalla en mi computadora, y sentíamos su presencia casi fantasmal entre nosotras. Era un delirio nuestro, y por eso está en la obra.

Después de tu experiencia anterior con esta obra, ¿cómo seguís trabajando eso de lograr la cercanía con el público?

Construimos unas gradas en el escenario con capacidad para 50 personas; muchas escenas las realizamos cerca del público en el espacio de escenario “tradicional” que queda libre. También, le servimos al público una picada y vino, y yo le hablo directamente a cada uno, mirándolos a los ojos, con mucha cercanía. En las escenas que ocupamos toda la capilla con más distancia, intento proyectarme lo más que puedo para mantener la cercanía y la calidez.

¿Hacia dónde se inclina la tensión entre poner en escena algo tan íntimo y el propósito de que el público no se olvide de que está en el teatro?

Siempre me parecieron muy atractivos los ensayos. Me parecían, en general, más atractivos los ensayos que la obra terminada, con luces, con distancia. Por este motivo quería que MDSV sea como una especie de ensayo, que tenga ese relax y esa intimidad de ver al artista trabajando. Con esa lógica mantuve durante MDSV la “luz de ensayo”, que es la luz de sala, y utilizamos luces “teatrales” solo para escenas específicas donde anunciamos que vamos a representar una ficción. El propósito de que el público no se olvide que está en un teatro tiene que ver con mantener esa sensación de “ensayo”, de trabajo crudo, desnudo, vivo, en proceso presente de construcción.

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Mis días sin Victoria

Funciones: jueves y viernes a las 21; Dónde: Centro Cultural Recoleta; Dirección: Junín 1930, CABA