Minujín, el Partenón de Kassel y el Nunca Más

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Una imagen recorre las redes estos días, y levanta, cuanto menos, estupor. Es la fotografía de Marta Minujín, artista argentina, echando en un contenedor de reciclaje, un ejemplar del libro Nunca Más.

Explico por qué ella realiza esta acción, antes de exponer mi estupor. Es que hay un acuerdo de sponsoreo de parte del Ministerio de Cultura, que se corresponde a la relación que la artista ya tenía con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sumamente pródigo para con su trabajo en todos estos años que está al frente de la jefatura porteña, por el cual ayuda a la artista a juntar libros. El sponsoreo fue anunciado por ella misma, el 30 de enero pasado, y también está en las redes.

Minujín pide libros prohibidos, para hacer una nueva versión del Partenón de libros, una instalación urbana que realizara en 1983, en la vuelta a la democracia, donde construyó una réplica del histórico monumento griego. Para esta ocasión, precisa -y solicita su donación en redes- 100 mil títulos alguna vez prohibidos en la triste noche de la censura argentina y los vaivenes de sus dictaduras cívico-militares. Como la propia Marta expresara, el objetivo es brindar un “mensaje contra la discriminación y la intolerancia”, según recogió Télam en una nota del 6 de octubre del año pasado.

Ahora, lo que impresiona es la imagen. Por varios motivos. A mí personalmente, que en algún momento tuve la idea de donar una primera edición de Operación Masacre que guardo toda escrita con el amor de mis épocas de estudiante de Letras y discutidora profesional en las clases de Literatura Argentina de Beatriz Sarlo, a la que doy fe que volvíamos loca, me pega porque me resulta imposible tirar un libro a un contenedor. Desde ahí, la imagen es muy poco feliz. El color amarillo y esa boca donde se reciben residuos a reciclar me hizo guardar el Hay un Fusilado que Vive de nuevo en mi biblioteca.

Pero lo terrible, y perdón el énfasis de la palabra, es que: a) Como primera cosa, el Nunca Más, al menos hasta ahora, NO es un libro prohibido. b) Como segunda cosa, el Nunca Más es un libro significativo de las luchas que en este momento los organismos de DDHH están teniendo con la actual política del área, en manos de Claudio Avruj, quien ha dicho, entre otras cosas “El número de desaparecidos sigue siendo indeterminado, lo que tenemos que tener en claro es que el debate no puede estar viciado por intereses partidarios”. El mismo Secretario de DDHH de la Nación, expresó en noviembre de 2016 según nota en La Nación que la crifra de los desaparecidos eran de 7010. Estas declaraciones se suman a otras pronunciadas por funcionarios del gobierno que esponsorea el Partenón de Marta, (desde Darío Lopérfido, hasta el propio presidente Mauricio Macri, pasando por el jefe de gabinete Marcos Peña), minimizando la cantidad y calidad de los crímenes cometidos por la dictadura, y pregonando una suerte de olvido sobre el tema a través de distintos gestos.

Una de las cosas que también circula es que la foto es un montaje. Que no hay tal intención ni tal campaña de recolecta de libros. Sin dudas, todo puede ser. Pero hasta que nadie lo desmienta, tiene su lógica. Si es un montaje que lo aclaren. En la época de la “postverdad” macrista, el montaje es constructor de realidad.

Y lo más importante, es que en las redes, nadie duda de que esta imagen pueda ser posible.

Una vez más, como ante tantas situaciones en las políticas de la cultura, me pregunto, si esto es así, quién asesora a todas las personas involucradas en esta imagen. ¿Por qué tanta banalidad, tanta ligereza, tanta impunidad en un tema tan caro y sensible a la mitad de la población, cuando menos? ¿A quién se le ocurrió esta imagen ideológicamente tan polémica y tan poco feliz desde el más común de los sentidos?

marta libros

Ahora pienso que quizás, el hecho de poner al Nunca Más como libro prohibido tiene que ver con que, para esta actual política debería estarlo. Y que usen un contenedor, quizás también, tenga que ver con que, en la presentación del libro que se realizó el año pasado en la Feria del Libro de Buenos Aires, se imprimió especialmente un nuevo prólogo y se eliminó (aunque esto en su momento ni se dijo, se trabaja en silencio para estas cosas), el prólogo que le sumó la Secretaría de Derechos Humanos en 2006. Leo como fuente que se puede consultar la nota de Alejandra Dandán sobre esta presentación publicada en Página12 el 12 de junio de 2016: “Así, la nueva edición puede verse en clave de las disputas aún vigentes sobre las lecturas del pasado pero aquí parece avanzar sobre otra cosas. Una habilitación de este Estado macrista hacia la memoria de las dos violencias que, a veces con más disimulo y otras con menos, queda reflejado en los relatos de los funcionarios de primeras línea, en un contexto en el que a la vez busca su propia filiación con el alfonsinismo en aquello de la refundación de la democracia a tono con la posición corrosiva de la nueva derecha que segrega a los movimientos populares de la última década” En dicha ocasión, sigue narrando la cronista allí presente, Alejandro Rozitchner “sin ponerse colorado habló de “la violencia y falta de respeto de los derechos humanos de los grupos insurgentes”. Dijo: “No digo que tengan razón con el ‘algo habrán hecho’” pero “falta una dilucidación profunda de las atrocidades de la década del 70”.

Insisto, no tengo dudas de lo que busca la actual política cultural, me queda un gusto extraño de ver a Minujín, una vez más, tirando el Nunca Más al contenedor de reciclaje para que salga luego su Partenón de libros en la Kassel de Atenas que inaugura el próximo 8 de abril, como me queda un gusto amargo toda vez que veo al campo del arte actuar tan orgánicamente como vaciador y operador del mercado de la nada neoliberal, tan callado, tan onanista, y tan impune.

Ahora capaz entiendo un poco más. Y todo esto tan cerquita del 24/3, otro temita de idas y vueltas, que quiso sacarse como feriado con la excusa de hacerlo móvil. Vaya esta nota como apuntes para el debate, como expresión del estupor de muchos, cada día más perplejxs. Mientras, sigamos leyendo el Nunca Más, que jamás fue prohibido, para que no sea prohibido, ni censurado. Y sin dudas, ante la polémica, son 30.000.