“La obra transcurre en el cuerpo del actor”, entrevista a Francisco Lumerman

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Francisco Lumerman dirige No daré hijos, daré versos, de la dramaturga uruguaya Marianella Morena. Estrenada en la segunda edición del Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América pone en el centro de la escena a Delmira Agustini (1886-1914), una destacada poeta uruguaya asesinada por su exmarido.

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La vida y la obra de Agustini se presentan a través de seis actores y de diferentes puntos de vista, y Francisco nos cuenta un poco más acerca de su trabajo con la obra.

¿Cómo llegás a dirigir esta obra?

Este texto me llegó por Matías Umpierrez, curador del Festival de Dramaturgia América Europa. Él elige textos de distintos países y se los encarga a un director que recibe ayudas de instituciones que financian la realización de las obras. Cuando me llegó el texto, lo leí y en seguida me produjo interés por la potencia teatral que contenía la propuesta. Al proponer un juego de actuación, me divertía construir un elenco sólido para poder jugar el juego. También el desafío de lo musical me atrajo, y la posibilidad de trabajar registros que yo como director no había visitado, como el texto poético o ciertas zonas de humor de la propuesta.

¿Ya conocías algo acerca de la vida y la obra de Agustini?

No la conocía previamente. Una vez que leí la obra, investigué sobre ella, leí sus poemas y algunas cartas  y comencé algunas biografías, pero en algún momento decidí soltar esa información y centrarme en la Delmira que la obra propone porque sentía que algo de ese vínculo íntimo con ella ya estaba planteado en el texto, y lo mejor era justamente potenciar ese vínculo con la poetisa que propone la obra y no llenarme de preconceptos.

¿Qué tuviste en cuenta a la hora de poner la obra en escena?

Para mí la clave de la puesta en escena es la reconstrucción, la imposibilidad de la reconstrucción de lo que ya no está. Es un intento que va a naufragar intentar reconstruir a un ser que ya no está. Es imposible reconstruir teatralmente a una persona, a una época, a un vínculo que siempre desconoceremos (Delmira y Reyes). Me gustaba poner de manifiesto escénicamente esa imposibilidad, jugar con las grietas que se producían en esa reconstrucción fallida y potenciar la teatralidad  del juego que propone el texto.

¿Dónde está puesto el mayor peso: en la poesía de Agustini o en su vida trágica?

El peso de la obra está puesto en la vida de la poeta, pero su biografía problematizada desde su rol en la sociedad: una mujer de principios de siglo que escribe poesía erótica, primera mujer en divorciarse en Uruguay que le propone seguir viéndose como amante a su exmarido, pero todo eso que se despliega la obra lo hace reivindicando no su trágica biografía, sino construyendo a una mujer que muere por estar adelantada a su época, por cuestionar desde su vida y obra patrones establecidos.  El acto irreverente de su poesía esta en la construcción de la obra.

¿Cómo fue el contacto con Marianela Morena?

El contacto fue fluido; nos conocimos personalmente en el estreno, y a pesar de que ella había realizado su propia puesta en escena del material, fue generosa con la recepción de nuestra propuesta.

¿Qué constantes reconocés en vos como director?

Lo que más me divierte de dirigir es el trabajo con los actores. La zona de construcción del material, de prueba y búsqueda, es la zona del territorio de los ensayos que más disfruto. Creo que siempre la actuación, el cuerpo del actor, es donde la obra transcurre y estoy muy atento a que las obras estén construidas de una manera que permita que siempre el juego entre la actuación y la comunicación entre ellos sea el centro. Me divierte pensarme como un director que trata de encontrar en cada obra el mecanismo de puesta que cada obra necesita y no ser un director que tiene un sello distinguible más allá de las obras que ponga en escena.

Contanos un poco del Moscú Teatro Escuela

Moscú es un espacio que fundamos con Lisandro Penelas.  Nació  primero como talleres de actuación, después agregamos dramaturgia y clown, y ahora es también una sala donde mostramos nuestros trabajos. Actualmente, estamos por reestrenar  El amor es un bien que tiene mi dramaturgia y dirección comienza su tercera temporada y también vuelve El amante de los caballos de Lisandro Penelas. Moscú es también un espacio donde puedan probar y arriesgar, no solo para nosotros sino para la gente qué pasa por nuestros talleres; están en función también los talleres montajes que surgen de la escuela, y organizamos ciclos para que todos puedan probar y mostrar sus trabajos. Es un espacio que proporciona mucha felicidad y una respuesta al mundo: tratar de hacer un lugar en el que nos guste estar y hacer.

No daré hijos, daré versos

Viernes 23.30 h | TIMBRe4 | México 3554 | CABA