Los cruces entre la realidad y la ficción, entrevista a Luis Longhi y Rodrigo Cárdenas

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Fanny y el Almirante y Los días más felices son dos obras en cartel que abordan temáticas en común y, en especial, una época que tuvo mucha influencia en nuestra historia posterior: la del peronismo, y todo lo que se jugó y se juega alrededor de este movimiento.

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Luis Longhi, en su grotesco Fanny y el Almirante, imagina un encuentro ficcional entre dos personalidades emblemáticas de la Argentina del 55: Fanny Navarro y el Almirante Rojas. Por su parte, Rodrigo Cárdenas, propone un texto en la que el peronismo y su folclore funcionan como contrapunto de la historia de los protagonistas.

Con ambos autores, conversamos acerca de sus obras y de la mirada que traducen.

Los dias más felices 5 baja

¿Por qué eligieron el peronismo como eje de sus historias?

Luis Longhi: Más que el peronismo, elegí un momento del país protagonizado por el peronismo. Las bombas que cayeron de los aviones de la marina contra la población civil es una herida abierta que no cicatrizará jamás,  así como tampoco cicatrizarán ninguna de las afrentas que viene sufriendo el pueblo trabajador a lo largo de estos doscientos y pico de años de historia. Llámese el verdugo Rivadavia, Lavalle, Uriburu, Rojas o Videla. Son afrentas que en aquel caso vinieron en forma de fuego, pero en otro, como hoy y en otros tantos, vienen desde el poder económico y comunicacional. El ejercicio de la memoria histórica es una tarea que me planteo como artista. Es mi obligación moral y política desenmascarar todo lo que pueda, a través del arte, a la perversidad de los poderosos.

Rodrigo Cárdenas: Elegí el peronismo porque lo considero arte y parte de nuestra idiosincrasia más allá de estar o no de acuerdo con su ideología, con sus formas y con sus contradicciones.

¿Qué mirada ofrecen sobre este movimiento?

Luis: El peronismo fue una revolución, se la mire desde dónde se la mire. Por primera vez las masas obreras tuvieron al Estado de su lado. El desclasado, el desposeído, el cabecita negra encontraron en Perón y en Evita, por fin, alguien que escuchaba sus problemas, sus necesidades, sus miserias y ponía al aparato de gobierno para salvaguardarlos y beneficiarlos. Y fue Perón el primero que enfrentó sin tapujos ni endebleces el avasallamiento de los poderosos, cítese las grandes corporaciones, cítese EEUU, cítese la asquerosa oligarquía.

Rodrigo: La mirada que ofrecemos, no solo desde lo autoral sino también con todo el equipo de dirección y actores, tiene que ver justamente con que consideramos que los logros del peronismo son logros que acercaron un poco de felicidad a los sectores más postergados y a una gran parte de la clase media. Además, en la obra se muestran momentos de mucha alegría, tanto con la vuelta de Perón a la Argentina como el 17 de octubre del 45, por tomar dos de los varios hechos relevantes del movimiento. Por otra parte, consideramos (aunque elegí no ponerlo en el título para no generar nuevas controversias) que el peronismo no solo cuenta en su haber con los días más felices, sino también con los más tristes. En este sentido, la obra deja ver la enfermedad de Evita, los bombardeos del 55 y fundamentalmente el genocidio perpetrado por la última dictadura cívico militar.

¿Cómo trabajan el cruce entre historia y ficción?

Luis: Todo arranca con un trabajo meticuloso de investigación y luego de transformación hacia el objetivo concreto que es el hecho teatral. Acontecimientos históricos puntuales son disparadores de la imaginación. Por ejemplo, en el caso preciso de Fanny y el Almirante, hubo un espantoso dato leído en la biografía de Rojas que disparó líneas creativas concretas e insospechadas: la orden de cometer la masacre de José León Suárez, aquellos fusilamientos luego investigados por Rodolfo Walsh, fue dada por el propio Almirante Rojas desde el Teatro Colón al ver interrumpida su contemplación del ballet El espectro de la rosa. Aquí, entonces, su crueldad, su desprecio por la vida y su melomanía en un solo acto (narrado por él mismo, insisto) fueron el detonante principal del trabajo dramatúrgico.

Rodrigo: El cruce se dio naturalmente, ya que la obra es protagonizada por una familia que vive todas las contingencias del peronismo. Los padres se conocen y se enamoran aquel 17 de octubre, viven la etapa de los logros sociales y luego en la violencia del 55 y la resistencia. Una de las hijas vive intensamente la militancia de los 70 hasta que la detienen y pasa a ser uno de los 30000 desparecidos. La hermana menor podríamos decir que es la mirada del espectador, la de una generación posterior, la generación de la no militancia, la que la golpeó en plena adolescencia la violencia del Estado.

¿Cuáles son los riesgos de tomar un tema histórico?

Luis: Que no todo espectador esté de acuerdo con tu visión del mundo. En el caso de Fanny y el Almirante, el posible origen de “la grieta” queda expuesto de manera indudable. Y yo, como hombre y como artista, dejo en evidencia de qué lado de la grieta elijo estar.

Rodrigo: Para mí no hay riesgos. Cada cual piensa como piensa el país. La obra, y en ese sentido me quedo tranquilo, es una metáfora del país. Podés estar de acuerdo o no con los formatos que se utilizaron para realizar o para impedir los logros, pero los logros son y fueron un hecho.

¿En qué sentido abordan la metáfora y el símbolo en las dos obras?  ¿Hay una clara referencia evidente a la actualidad a partir de ese transformar el pasado en metáfora de otra cosa?

Luis: Evidentemente. Como decía en la pregunta anterior,  “la grieta” no sabemos exactamente cuándo empezó, si con Rivadavia y su bajada de pantalones ante la corona británica, si con Lavalle fusilando a Dorrego, si con el derrocamiento de Yrigoyen, si con el pacto Roca-Runcinam, o con la mayoría de los partidos políticos embanderados detrás de Spruille Braden en contra de Perón. Y tampoco pretendo encontrar su origen exacto, su big-bang, pero si poner esa grieta en escena para que podamos reflexionar sobre el asunto. Indudablemente, aquellos aviones con el símbolo “Cristo Vence” tirando bombas sobre el pueblo, y luego la oligarquía complotada con varios partidos políticos festejando con pañuelos blancos esas muertes, y el derrocamiento por la fuerza de un gobierno elegido por el pueblo son todos actos de tal barbarie y ferocidad que solo el arte puede apaciguar y dejarse contemplar y evaluar para que nuestra memoria, nuestra cabeza y nuestro corazón hagan lo suyo.

Quiero decir que abordar la metáfora como símbolo de algo es parte de la naturaleza del teatro. El poder de transformación del arte es infinito. Transformar un acontecimiento cruel de la realidad en un hecho artístico, teatral en este caso, es nuestra tarea. Entonces la respuesta es sí, hay una clara y premeditada referencia a la actualidad. Quienes nos gobiernan hoy (marzo de 2017) son los nietos de aquellos que tiraron bombas contra el pueblo en junio del 55, aunque admitamos que la sociedad sufre transformaciones evidentes, antes precisaban de la fuerza y el horror para obtener el poder;  hoy, en cambio, les alcanzó con un monstruoso aparato comunicacional para ganar elecciones. En algo, aparentemente, hemos evolucionado.

Rodrigo: La obra se detiene a fines del 2003, hasta ahí se cuenta la historia. Lo demás corre por el recuerdo inmediato de lo sucedido. En ese sentido, quise llegar hasta ahí para que la discusión no quede en las divisiones actuales, pero también es cierto que mostrando algunas cuestiones de la historia se refleja con claridad la problemática de estos días.

Más allá de lo histórico, ¿qué otros temas recorren la obras?

Luis: Desde lo histórico político hay derivaciones a otros estigmas de nuestro cotidiano como el compromiso de los artistas con aquellos líderes que defienden los intereses de los que menos tienen. Además del claro caso de la pobre Fanny Navarro, que vio truncada su carrera artística y su vida toda por su adhesión a una causa, esta idea se enlaza en nuestra obra con las referencias a Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi y Hugo del Carril, como parte del mismo asunto. El delirio de poder del Almirante va unido a su melomanía, su amor por el arte clásico, y su desprecio por el tango y el arte popular. Y finalmente creo que la idea desarrollada sobre el final de la obra del teatro dentro del teatro establece el concepto de la autoconciencia creadora como un mecanismo metafórico del deseo de transformación de la realidad en un mundo mejor.

Rodrigo: Otro tema que recorre la obra son los vínculos familiares, los entrecruzamientos padre-hijas, padre-madre, madre-hijas, hermanas, y también la relación de cada uno con la que ya no está.

Fanny y el Almirante

Funciones: jueves a las 21; Dónde: Teatro La Máscara; Dirección: Piedras 736.

Los días más felices

Funciones: sábados a las 20.30; Dónde: Korinthio Teatro; Dirección: Mario Bravo 437. CABA.