Los monstruos, Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez

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Descubrí hace poco un poema de Philip Larkin que dice: “Te cagan, tu mamá y papá. / Quizás no tengan la intención, pero lo hacen […] /  El hombre transmite miseria al hombre […] / Lárgate tan pronto como puedas, / Y no tengas tus propios niños”*. Nada más acertado para pensar esta obra urticante, perturbadora e incorrecta que es Los monstruos.

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La pieza teatral nos enfrenta a momentos de gran intensidad, no deja de desafiar al espectador y a los propios intérpretes que deben jugar con el límite de sí mismos para llegar a lugares impensados donde lo siniestro se cuela, donde ya los que miran no pueden quedarse sentados en la butaca simplemente mirando, donde hay algo que nos fuerza a movernos, a generar un gesto, a salir de nuestro sedentarismo porque lo que vemos supera nuestra capacidad de asombro. Los monólogos acelerados van al choque del público como un vehículo a toda velocidad que se descarrila.

En Los monstruos podremos ver plasmados los temas que se nos presentan en las noticias todos los días: historias de abusos, de bullying, padres que enloquecen y que llegan a conductas extremas, niños que son víctimas pero también victimarios, colegios donde suceden los hechos más abominables y familias que más que contener pueden destruir la vida de los hijos para siempre. La obra hace de todas estas realidades una combinación explosiva.

Las canciones no son pegadizas y dan continuidad al argumento. Tienen la fuerza suficiente para imponerse sin robar protagonismo a la palabra hablada, sino reforzándola. Notable trabajo de Martín Rodríguez.

Lo monstruoso amenaza tras la cara de lo familiar y en aquellos que supuestamente deberían protegernos. Tanto los hijos como los padres pueden convertirse en monstruos. Pero en oposición a lo que pasa en muchas películas de terror, el mal aquí es menos visible, se muestra de modo paulatino, hasta que cobra una forma bien definida y ya no podremos mirar hacia otro lado.

Los dos protagonistas, Sandra y Claudio le hablan directamente a la audiencia, porque aunque tengan un interlocutor este será solo imaginario. También prescindimos de la presencia física de los hijos, si bien se describe exhaustivamente su comportamiento. Y en algunas escenas los padres encarnan a sus hijos, están como poseídos por ellos y allí se ve una transformación completa. Casi una sesión de espiritismo.

Claudio es padre de Pato y Sandra de Lola; empiezan por no conocerse pero sus historias confluyen a medida que nos vamos enterando de cómo sus hijos interactúan. Las frustraciones son grandes, los mecanismos de contención que puede tener una sociedad fallan y entonces tanto los padres como los hijos se ven desbordados, sin control alguno. Las instituciones colapsan, la escuela, la familia, incluso el hospital. Un gran despliegue escenográfíco no es necesario para que el relato avance, un fondo en blanco y negro crea el clima propicio para esta historia.

La obra recibió múltiples premios: Hugo, ACE, Florencio Sánchez, Argentores y Trinidad Guevara.  Fue ganadora de la Bienal de Arte Joven Buenos Aires 2015 (Programa intensivo de creación dramatúrgica y composición en teatro musical, una iniciativa conjunta de la Bienal con el Teatro Picadero). Actualmente está finalizando su temporada en la Argentina con las últimas funciones para luego ir de gira por Chile.

Los actores Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa muestran un trabajo arrollador que despierta risas, lágrimas y sentimientos difíciles de definir. La labor de Emiliano Dionisi como dramaturgo y director evidencia un recorrido por los lugares oscuros: cada personaje nos devela su sombra como si desnudara su inconsciente y dijera sin filtros lo que pasa por su interior. ¡El horror, el horror! es lo que remata esta historia que ahonda en el corazón de las tinieblas humanas.

*“Que este sea el verso”, de Philip Larkin (traducido por Juan Carlos Villavicencio, tomado de la página Buenos Aires Poetry).

Lunes a las 21 h. hasta el 6 de marzo. Teatro Picadero. Santos Discépolo 1857.

FICHA TÉCNICA

Intérpretes: Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa; Músicos en vivo: Juan Pablo Schapira (teclado y guitarra electroacústica), Matías Menarguez (batería), Martín Rodríguez (guitarra), Gianluca Bonfanti Mele (bajo); Dramaturgia: Emiliano Dionisi; Música y letras: Martín Rodríguez; Vestuario: Marisol Castañeda-Macarena Castañeda; Maquillaje y Peluquería: Adrián Llamosas; Realización escenográfica: Compañía Criolla; Arte en Escenografía: María Chevalier; Diseño de iluminación: Claudio Del Bianco; Técnica de Sonido: Mariano Luna; Fotografía: Akira Patiño ; Directores asistentes: Juan José Barocelli, Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra; Desarrollo de proyecto: Compañía Criolla , Tutores: Joaquín Bonet y Pablo Gorlero; Dirección musical: Martín Rodríguez; Dirección general: Emiliano Dionisi