A los 77 años, murió hoy Tzvetan Todorov

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Hoy murió Tzvetan Todorov, escritor, crítico y lingüista francés de origen búlgaro, uno de los más reconocidos estudiosos de la narratología. Son de lectura permanente obras como Teorías del símbolo (1977), Los géneros del discurso (1978), Simbolismo e interpretación (1978) y Mijaíl Bajtin y el principio dialógico (1981), entre otras.

Después de cursar estudios en la Universidad de Sofía, en 1963 se trasladó a París, donde realizó una tesis de doctorado sobre la obra Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos, en la cual se aplica al análisis literario una orientación lingüística y estructuralista próxima a la defendida por Roland Barthes, y que fue publicada en 1967 con el título de Literatura y significación. Enseguida se consagró al estudio de los problemas de la teoría literaria desde una orientación estructuralista, y dio a conocer, entre otros ensayos, Gramática del Decamerón (1969), Introducción a la literatura fantástica (1970) y Poética de la prosa (1971). Es ampliamente reconocida su definición de lo fantástico: “La ambigüedad se mantiene hasta el final de la aventura: ¿Realidad o sueño? ¿Verdad o ilusión? De este modo nos vemos arrastrados al corazón de lo fantástico. El fantástico ocupa el tiempo de esta incertitumbre. Desde el momento que escogemos una o la otra, abandonamos lo fantástico para entrar en un género vecino, lo extraño o lo maravilloso. El fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural”.

En todas sus obras, Todorov se revela como un profundo conocedor de la literatura, de la filosofía y de la psicología, pero también como un lector original que esboza a partir de sus múltiples fuentes de inspiración una personal antropología. Algunos de sus textos más actuales son El nuevo desorden mundial: reflexiones de un europeo (2003), Los aventureros del absoluto (2006), El espíritu de las Luces (2006) y La literatura en peligro (2007).

Este pensador también dedicó una faceta importante de su obra al estudio de la pintura y a cómo esta refleja los cambios en el pensamiento y en los valores de las sociedades europeas. En 2008 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales.