¿Por qué entrar a Payamédicos?

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La pregunta de por qué elegí entrar a payamédicos es igual a la de:

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“Usted preguntará por qué cantamos…
…Cantamos porque el niño y porque todos
Y porque algún futuro y porque el pueblo
Cantamos porque los sobrevivientes
Y nuestros muertos quieren que cantemos”.

Y por todo esto y mucho más, cuando no encontré ya respuestas en la militancia de caminos recorridos y cuando tuve tiempo y espacio para dar espacio a la alegría descontracturada, me crucé con Payamédicos.

Todo llega cuando una está lista y preparada para dejar la cabeza de costado y que se suelte la intuición, la afectividad, la empatía pura y la necesidad de recibir y dar amor indiscriminado.

Porque la construcción creativa tiene que ver con el deseo vital, y deseo es práctico corporal intuitivo (como en la práctica artística).

Porque todo esto se hace colectivamente, amorosamente para conformarse armónicamente entre todos con el deseo de la vida. Y esto funciona como vasos comunicantes desde acá adentro y hacia allá adentro, y nada más.

El lema de la payasización (esta palabra no existe, y forma parte del universo nuevo “paya” que se ha tomado la licencia de inventar muchos términos en función del corpus que trabajan), es Amor y Humor para un Mundo Mejor. En esta “orga” el payaso no tiene que ver con la ética de lo que “conviene”.

Los pilares filosófico-estructurales donde se apoya payamedicos.org son Baruj Spinosa, Giles Deleuze, Felix Guattari, Humberto Maturana y Michel Foucault. Ya tienen armados varios dispositivos más allá del trabajo en hospitales lo que abre la posibilidad de no entrar a un hospital si no estoy lista: Payacalle trabajo callejero, Payaeco trabajos en ecología, PayaSol en trabajos solidarios.

Está formado y conducido por un grupo de psiquiatras que se han propuesto una organización en permanente estado de repensarse, cambiarse, mutarse.

Trabajan sobre conceptos que me atraparon, como la payaética y entender que muchas veces no se puede sacar el drama de una situación, solo ponerle la fantasía encima. Trabajar sobre la última hendija de luz que permita la sonrisa, porque la risa y la sonrisa desatan un maravilloso proceso neuroquímico en dominó, que segrega endorfina entre otros neurotrasmisores que mejoran la situacion vital. La payapoesía entonces es la fantasisación (esta palabra que me permito inventar) del sujeto y su presente para intentar hacer mejor el cotidiano. Favorecer la descarga y la elaboración. Poner en juego la expresión de subjetividad y que el Yo no se ahogue en la niebla.

Lo que llamamos pacientes, en el universo Payamédico se llaman producientes, porque lo que puede suceder entre un payaso y él es una situación que se activa desde el produciente, que no significa desde una actitud pasiva, justamente lo que se busca es hacer eco con la parte luminosa y vital y ejecutar la ternura propia y la del produciente y que la química que se desencadena sane a ambos, partiendo de la base de que nadie es totalmente sano y nadie es dueño de la salud en ningún aspecto.

Se trata de ser un promotor de los aspectos resilientes que colabora con el equipo de salud para un objetivo común entre las tres partes (equipo de salud, payamedico y produciente) de este baile. Acompañar en todo momento y en la medida de lo que el padeciente quiera y permita.

El payamédico no es un payaso de “el afuera”, de la carcajada forzada. La propuesta y el trabajo es conectar con la propia emoción y desde el gesto mas pequeño, la mirada, la sonrisa conectar de luz interior a luz interior.

Y… la verdad de mi alma es que ésto es lo que intento cada vez que amaso arcilla, o me siento al tablero de dibujo, o pego mostacillas, o construyo objetos que digan lo que siento y pienso del mundo que me conforman como artista. Y es además la misma materia prima que puse en juego cada vez que me involucro de cuerpo entero en alguna causa política. Lo que me paso siempre, aun cuando se trataba de lugares que nada tenían que ver conmigo pero puse de mi lo mejor que tuve para que lo que hiciera no fuera en vano para mí misma.

Y en tiempos donde me queda menos por delante que por detrás, sé que mi búsqueda siempre tendrá que ver con esos fuegos eternos, esos fueguitos que nos juntan en ronda a todos los que queremos que un mundo mejor sea posible.

Y finalmente, o tal vez inicialmente… yo me formé en la cosmovisión de los 60s y 70s, con la ilusión de cambios posibles, en la cosmovisión que alumbró las revoluciones sociales y culturales que sostenían la idea del Hombre Nuevo. Y sigo intacta en eso.

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón… (Páez y muchos otros más).

Más información sobre Payamédicos, consultar su sitio web.