“La fotografía exige de ambas partes que sean cómplices”, Mía Ferrara Basel

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“La fotografía es una forma de estética, una forma de arte. No se trata simplemente de una forma de documentar un tiempo, personas, sucesos o espacios. Tiene que ver con tu forma de ver el mundo; es tratar de apresar, a partir de tu sensibilidad, algunos aspectos profundos del espíritu, de una vida secreta”, Carlos Alonso en Saber ver, de Gaby Messina.

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Mía Ferrara Basel ha encontrado en el celular una herramienta que le permite captar con instantaneidad y de una forma no invasiva la realidad que la rodea y le llama la atención. Esta vida secreta de los objetos y las personas, este mundo del espíritu que solo se muestra a las almas sensibles. Ella destaca la complicidad entre quien toma la foto y el retratado y en esa complicidad íntima y hasta involuntaria encontramos la presente muestra Instantáneas. La fotógrafa tiene un pasado como maestra en comunidades rurales de La Plata y uno de sus proyectos es fotografiar ese medio donde hay muchos que atraviesan situaciones difíciles, y donde también hay imágenes que vale la pena documentar. El fotodocumentalismo es lo suyo, recalca. La de Mía es una mirada sutil y delicada, sus pequeñas intrusiones en los momentos cotidianos de la gente que cruza su camino en forma circunstancial han quedado registradas con habilidad y precisión.

Actualmente, alterna su labor en el Centro de Capacitación, Información e Investigación Educativa de Vicente López con su pasión por la fotografía. Cuando se trasladó a Capital, realizó cursos con el profesor Claudio Scheinkman en el Foto Club Buenos Aires y también en el Estudio de Marcelo Gurruchaga. Sus referentes en lo artístico son Sara Facio y Adriana Lestido.

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¿Cuál fue tu primer acercamiento a la fotografía?

Fue casi sin querer y naturalmente, siendo niña, mi padre italiano de nacimiento y argentino por elección solía hacer una cámara fotográfica de papel con la que jugaba por horas. Así que crecí jugando a fotografiar el mundo, en ese momento infantil.

¿Cómo fue tu experiencia como maestra rural? ¿Te interesa retratar ese mundo?

Fue sumamente enriquecedora. Allí conocí la difícil realidad de los trabajadores de la tierra y sus infancias. Niños que acompañan el trabajo de sus padres con la ventana que ofrece la escuela a otra realidad posible, en su mayoría familias de “trabajadores golondrinas “, donde la mirada  y el trabajo exigen estar en el aquí y ahora, ya que la familia se puede trasladar en cualquier momento en busca de la próxima cosecha.

Retratar esas realidades desde la imagen es un proyecto sobre el cual estoy trabajando en la actualidad.

¿Qué pensás que te dejó tu mirada como docente?

El aprendizaje se construye día a día y es fundamental  leer más allá de las palabras para que ese vínculo sea lo más auténtico posible. De la misma manera la fotografía exige de ambas partes  –de quien es fotografiado y de quien realiza la toma– que  aunque sea por un instante se comprometan,  jueguen, sean cómplices.

¿Cómo surgió esta muestra?

Federico Lamaestra fotógrafo y gestor de arte conectó con el colectivo fotográfico  “365 días 365 fotos “, un proyecto que propone realizar una toma diaria con celular. Allí conoció mi trabajo y me propuso esta muestra que registra fotografías hechas fundamentalmente en la calle, en el colectivo, de camino al trabajo, en espacios de recreación.

¿Habías expuesto en otros lugares antes?

Sí, integro el grupo de fotodocumentalismo social “Detrás de la mirada ”  el cual surgió del taller dictado por el profesor José Luis Schanzenbach en el Foto Club Buenos Aires. Nos hemos presentado en diversos lugares como grupo fotográfico.

¿Qué es lo que más te interesa de la fotografía?

Sin duda el fotodocumentalismo social es lo que más me interesa.

¿Cuáles son los temas habituales que abordás a través de tus fotos?

La gente en su contexto, en su tiempo de recreación, de tránsito, de trabajo, en su humanidad.

Para Mía, en los momentos cotidianos, la imagen se sitúa delante de la palabra y aquí podríamos mencionar otra cita del libro de Messina, esta vez de Guillermo Roux: “No estoy tan atento a la palabra; sí estoy atento a las imágenes, o a pedazos de imágenes. De repente, algo me habla del todo; puede ser algo insignificante, un pliegue, una mano, un gesto…eso me basta para adivinar el todo”. Instantáneas nos habla de estos fragmentos, enfoques de algo pequeño donde se puede imaginar un marco o paisaje más amplio. Pero estas tomas sugerentes en blanco y negro bastarán para que nos formemos la imagen de un todo, más abarcativo y conflictivo: el arte es la laguna donde reposan, se reflejan las impresiones fugaces.

Instantáneas puede recorrerse hasta el 4 de febrero en Borges 1975.

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