Una historia de computadoras y militancia

0
0

En estos momentos en que parece que hay un gobierno que no es muy proclive a la ciencia (hasta contratan brujas para “limpiar” la quinta de Olivos), conviene recordar algunos sucesos de la historia argentina, para ver dónde pudimos haber estado, saber dónde estamos y prever hacia dónde podemos ir.

La fuente de donde saco esta historia remite en primer lugar, a un compañero de un curso sobre el lenguaje R, que me comentó acerca de la computadora que en la década del ‘70 se fabricó en la Argentina. Grande fue el despertar de mi curiosidad, seguramente reflejada en la expresión de marmota que suelo poner en esas circunstancias. Me comentó que la empresa FATE estuvo al borde de comercializar computadoras personales en la segunda mitad de los ‘70, pero que el desarrollo fue abortado por la dictadura y la empresa vendida al grupo japonés NEC.

Con esta información pasé en segundo término a buscar data en la web. Allí me topé con este reportaje del portal La Corriente Avanza que remitía al libro “Autonomía tecnológica: La audacia de la división electrónica de FATE” de Bruno Pedro de Alto. Ya mismo quiero conseguir ese libro (¡qué lindo es el vértigo que se siente cuando un libro agita el deseo!). Lo que sigue es un poco lo que pude averiguar y que espero siembre en ustedes también la semilla de la curiosidad.

Cíclicamente este país destruye lo que con tanto esfuerzo construye. En el caso de la ciencia y la tecnología, la historia es muy clara. La energía nuclear o la propulsión jet de los aviones son ejemplos de cómo la Argentina se puso a la vanguardia mundial, pero rápidamente fue sacada del tablero por intereses foráneos y traiciones internas. Con la tecnología informática ocurrió exactamente lo mismo.

A comienzos de la década del ‘60, cuando el mundo recién entraba en el sueño informático, en la Facultad de Ingeniería de la UBA, se estaba construyendo una computadora, una de las primeras en el mundo (había pocos países con tal grado de desarrollo). La CEFIBA (Computadora Experimental Facultad de Ingeniería Buenos Aires) fue presentada en el año 62 y funcionaba sin inconvenientes. Con un presupuesto exiguo, que agudizó la inventiva a límites insospechados, se logró un producto final que funcionaba y prometía ser el paso inicial de un sendero exclusivo para pioneros. Pero la dictadura del ‘66, terminó con el proyecto en particular y con el proyecto universitario y científico en general. Los bastones largos también destruyeron los circuitos integrados…

La intervención a las universidades dejó huérfana a una generación de profesores y estudiantes. Algunos de los científicos cesanteados fueron contratados por la empresa argentina FATE. Esta empresa, que comenzó primero importando telas engomadas y que luego durante el proceso de sustitución de importaciones de las décadas del 30 y del 40, comenzó a fabricarlas, decidió lanzar una división electrónica dentro de su empresa. Ya en los 40, la empresa había comenzado a producir neumáticos en el país, sin copiar patentes, sino desarrollando modelos propios. Era una empresa acostumbrada a la innovación.

Comenzaron a desarrollar calculadoras. Los que ya superamos una cierta cantidad de perihelios recordamos las calculadoras Cifra, una de las marcas más populares en la década del 70. De hecho FATE vendía estas calculadoras fuera del país, en otros países de América Latina e incluso más allá. El éxito y el entusiasmo propio de la época los llevó a dar un paso más audaz. Desarrollar una computadora pequeña (no los armarios usuales de aquella época) pero con toda la funcionalidad, la CIFRA 1000. Salvando la ucronía, hoy podríamos ser uno de los pocos países que exportan electrónica. Pero no.

El golpe de estado de 1976 acabó con las vidas de de varios ingenieros de FATE así como con el proyecto en particular (se dice que cuando cerraron el área de I+D, uno dijo ”hacer computadoras es igual que hacer papas fritas”) y luego, por supuesto, la empresa fue vendida a la multinacional japonesa NEC.