3%: la meritocracia tiene su paraíso en la nueva serie de Netflix

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Hemos comenzado este 2017 con los nuevos títulos de Netflix en materia de ciencia ficción, misterio, thrillers paranormales y hasta terror, viendo y reseñando OA, en su usual formato de 8 capítulos por temporada.

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En este caso se trata de 3%, la primera producción de la cadena que está totalmente hablada en otro idioma que no es el inglés, y que elige Brasil como su lugar de filmación.

Esta apuesta por los colores locales también se nota en la dirección, a cargo del uruguayo César Charlone, conocido como director de fotografía de Ciudad de Dios, la película de Fernando Meireles, y como director de El baño del Papa.

En una sociedad futura, aunque con muchas coincidencias con el occidente contemporáneo, la serie cuenta el proceso de selección del grupo de elegidos, que serán el 3% de su generación, que logrará la chance de pasar al Maralto, al Altamar, una especie de paraíso del confort y el lujo que los sacará de su miserable vida en una suerte de ciudad hundida en una mina a cielo abierto abandonada, con todas las características de una favela, un barrio nuevo o una gran villa miseria, hiper violenta, laberíntica y frenética.

Este proceso consiste en una serie de pruebas donde deben probar su habilidad, su estrategia y su decisión, como forma de demostrar que tienen el mérito suficiente para ganarse la sociedad del bienestar que los espera, inclusive haciendo trampa o matando a otrxs.

Como en los mejores relatos distópicos, existe una causa que resiste este modo de vivir para pocos y atenta como puede contra él, y un discurso milenarista que justifica la necesidad de alcanzar ese cielo y forma futuros aspirantes al mundo feliz.

La estética de la serie, sigue lógicas del futurismo trabajando sobre contrastes entre el mundo del 97% pobre (abigarrado, realista, casi documental), y el del 3% (minimalista, despojado, clean, y hasta snob de revista de decoración y vesturios). Un interesante rasgo que puede verse es el uso de las superficies semitransparentes, lo traslúcido, los reflejos, el agua, el vidrio, con los que construye metáforas visuales que acompañan el ilusionismo de la trama, donde siempre es difícil saber qué es verdad.

Más cerca de Black Mirror que de Stranger Things por el tono apocalíptico y tecnocrático, es una excelente opción. La coincidencia con la nefasta campaña de la meritocracia lanzada por las brillantes mentes de la comunicación oficial y sus publicistas en Argentina, pensamos, es una interesante coincidencia, como toda la carga de posverdad que el discurso de los que se arrogan méritos para contar mentiras y justificar privilegios, tiene.