Toni Erdmann

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En el juego de gestos, en la mudez de las reacciones frente a lo imposible, y en la risa insólita, que roza la tentación del actor, casi apartada de este mundo tan soez, tan burdo, tan sometido a marcas comerciales, está la enorme fuerza de esta película de Maren Aden, la tercera (habrá que ver sus dos films anteriores The Forest for the Trees y Everyone Else) de la que tenemos noticias por estos lados del mundo, porque por estas horas representa a a Alemania en los Golden Globes y tal vez sea candidata al Oscar.

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Un cartero llega a la puerta de una casa y atiende un hombre raro, que afirma que ese correo es para su hermano, recien salido de la cárcel. “Espere”. Dice. Y aparece el hermano. En esa aparición se rompe el primer canon. No hay un asesinato, ni un oscuro ser de inframundo, ni un loco. Solamente una broma de un tipo canoso, grandote que tiene un perro enfermo y una madre que asistir. Y que anda con una dentadura falsa en su bolsillo. Aunque sí, es verdad, una broma en este mundo puede ser signo de locura.

Pero este hombre también tiene una hija que es una exitosa consultora contratada para racionalizar personal de grandes empresas. No es menor que la mayor parte de la película transcurra en Bucarest. Rumania como país pobre de Europa, a la espera de inversiones que la hagan crecer de una buena vez y donde los trabajadores forman parte de un siniestro plan de negocios (ver los contactos ideológicos con Las confesiones de Roberto Andó). Pero hay que medir los costos. Inés, la hija, está para eso. Winfried, el padre, irrumpirá en esa vida de economía dura, con su gesto humano de bromas sin sentido.

La visita entonces durante sus vacaciones para lo cual viaja a a Bucarest también con la excusa de estar en su cumpleaños. Hablemos del regalo que le hace el padre a la hija: envuelto en una ostentosa casa con un moño no menos ostentoso, un rallador de queso se convierte en el símbolo de esa relación, repleta de desencuentros de los que el rallador es el primero. Qué hacer con un padre bromista cuando se está persiguiendo un contrato importante. Inés lo lleva a sus reuniones, a sus fiestas. Winfried se convierte en Toni Erdman, se pone una peluca y sus dientes, y se presenta como el amigo personal del rumano más famoso Ion Tiriac.

¿Cómo romper la coraza de esa joven treintañera dispuesta a todo para conseguir un contrato?.  ¿Cómo romper la coraza del cine, tan plagado de las mismas cosas? Fuera del canon, la película de Maren Aden es de lo más dignamente humano que se puede ver últimamente: dos momentos más de la película, el abrazo de padre e hija en un parque tras el insólito cumpleaños nudista, él disfrazado con un enorme traje peludo; y el final abierto, que por supuesto no develaremos. Como todo gran texto, vale por lo que vale aquello que no se termina de decir.