Roma: de mínimas almas y diálogos espirituales

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Día muy frío, aún bajo el sol de Roma. El Castel Sant´Angelo no sería el mejor destino, dados sus espacios abiertos, altos, donde el viento corre libremente; de todos modos, está lleno de turistas. El fuerte/cárcel/residencia papal, en el que es inevitable recordar a Cavaradossi tirándose desde sus almenas, encierra el antiguo mausoleo de Adriano con una lápida que apenas se asoma al hermoso epitafio que recupera Yourcenar en sus Memorias:

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Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos pasajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver…Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos.”

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El mausoleo del emperador se encuentra justo detrás y abajo del Arcángel Gabriel.

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Adriano vuelve a estar presente en Roma, en estos días, a través de una muestra, mínima, dedicada a Antinoo, su joven amante muerto muy precozmente. Yourcenar recoge, en las Memorias, una cita de Baudelaire que recuerda un hecho excepcional de la historia de Occidente: “Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio en que sólo estuvo el hombre”. Es un pensamiento movilizador, permite creer que la humanidad puede vivir sin dioses y tener períodos, como el de Adriano, de una maravillosa riqueza cultural; hace pensar que los dioses no son imprescindibles. Pero el mismo Adriano se encargó de desmentirlo. Cuando un ser humano poderoso no tolera que alguien amado haya desaparecido puede convertirlo en un dios, como hizo el emperador con Antinoo. El culto del joven, nacido en la actual Turquía y ahogado misteriosamente en el Nilo, llevó a reproducir su imagen por todo el imperio romano.

Una de esas estatuas se conservaba en Roma. Había sobrevivido el torso con el cuello, parte del cabello y de la cara, y le reconstruyeron  el resto. Un egiptólogo de EEUU,  de visita en el Museo Altemps de Roma reparó en las huellas de la restauración que cruzaban la cara de Antinoo y recordó que en The Art Institute de Chicago había visto un pedazo de cara que podría encajar en la estatua. Y encajaban. Hoy el Museo Altemps expone la obra restaurada con las dos piezas originales en una muestra, llamémosla minimalista. Por suerte, la colección estable y el edificio, valen la visita por sí mismas.

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image-2017-01-06 (5)Dejando  a Adriano y continuando la visita del Castel Sant´Angelo se puede encontrar en él una interesante sorpresa, una muestra de escultura: “Manzú. Diálogos sobre espiritualidad con Lucio Fontana”. Sí, nuestro Fontana, aquel que en los años 60 desafiaba exponiendo bastidores cruzados por atrevidos cortes en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Dos escultores de orígenes y obras muy diferente o, quizás, no tanto. Escribía Fontana a Pablo Edelstein en una carta que reproduce el catálogo: “Estimo mucho a mi amigo Manzú, lo que no tendría nada de malo dada la calidad del artista, pero creo que mis amigos se han equivocado; por lo menos en Italia, ningún crítico y ningún diario han hecho comparación alguna entre mi escultura y la de Manzú”. Después de la guerra, se encontraron trabajando, Manzú para el Vaticano y Fontana para la Veneranda Fabbrica del Duomo de Milán, ente que se ocupa de la conservación de esa Catedral.

Manzú resulta muy interesante. De familia muy humilde, cuenta haber visto por primera vez un cardenal a los 26 años y que le impresionaron “sus masas rígidas, inmóviles y, sin embargo, vibrantes de espiritualidad comprimida. Los veía como estatuas, una serie de cubos alineados y el impulso de crear en la escultura una versión mía de esa realidad inefable fue irresistible”. En una entrevista agregó que no los veía para nada como un tema religioso sino que, a sus ojos, tenían el carácter de una naturaleza muerta. De hecho no faltan católicos que lo consideran hereje.

Entre otras obras que se exponen aquí están el David, realizado en 1938, año de las leyes raciales contra los judíos promulgadas por Mussolini; el Gran retrato de una señora y el bajorrelieve Muerte por violencia.

Y de Fontana? Nada, las obras no están expuestas aquí, sino en el Museo Manzú en Ardea, a unos 30 km de Roma.

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