Entrevista a Sonia Braga, protagonista multipremiada de Aquarius

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A propósito de Aquarius y de una de las actrices más queridas de Brasil en una charla durante el transcurso del 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, conversamos con Sonia Braga. Su presencia en La Habana como protagonista del film de Kleber Mendoca Filho, fue sin duda uno de los acontecimientos más relevantes del festival, tanto para el público como para la prensa.

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Sonia llegó además con un paréntesis de veinte años sin hacer cine en su país de origen y con un antiguo deseo, hasta ahora nunca concretado, de conocer Cuba.

Creo que pocas veces pudo verse a una actriz entregarse tanto en las innumerables entrevistas que le realizaron, siempre impecable con su vestido negro, sonriente, espontánea y dispuesta a hablar sobre el film, sobre el cine… y sobre la vida. Aunque horas después se la viese en ojotas cenando.

La historia de Aquarius gira en torno a Clara, una viuda que vive enfrente de la playa en Recife, donde tanto el mar tanto como su departamento albergan sus recuerdos más entrañables…su memoria. Por lo que su relación con el contexto es absolutamente emocional, y en parte llegado al caso como lo plantea el film, también ideológica. Ya que Clara expresa mucho más de lo que podemos percibir como una negativa radical a vender su departamento, sino que es una mujer, que expresa mucho de lo que ella necesitaba decir como ciudadana sobre su país. Es además, una crítica de música retirada, con una hermosa familia. Y por otra parte, que no es menor, ha superado un cáncer de joven, tanto, que no ha tomado la decisión de reconstruir una de sus mamas.

Mirá aquí también la crítica de Aquarius.

Braga es una actriz absolutamente intuitiva, algo de lo cual se jacta, ya que esa es la forma en que piensa a la actuación. Su personaje logra transmitir una sensualidad aristocrática en la madurez y sabe también mezclar tanto la firmeza, como la ternura.

Cuando se le preguntó que sintió cuando Kleber le entregó este guión -tan a su medida- expresó que lo sintió como un regalo. Primero porque inmediatamente se identificó con el personaje de Clara. Segundo porque sentía una necesidad de hacer cine en su lengua materna. Y tercero porque respeta mucho a su director, y porque la historia le llegó al corazón. Confesó además que este es el mejor guión que ha hecho, por todo lo que significa hacerlo a su edad, y porque todos tuvieron conciencia de que iban a hacer algo honesto, que iba a repercutir en su país. Porque la película deviene en una metáfora de la resistencia brasileña, que lucha por un país dividido, con posiciones radicales enfrentadas, que a su vez enfrenta a miles de familias.

Vale recordar que en la alfombra roja de Cannes, el elenco hizo una manifestación contra la situación en Brasil, y dicha acción provocó la represalia de la prensa de derecha, la cual repercutió contra la obra, que se postulaba como favorita a los Oscar. No obstante eso no le ha impedido recoger premios a lo largo de sus presentaciones. Donde ha obtenido la emoción de los halagos de la crítica especializada. Y en La Habana puntualmente el Premio Signis (World Catholic Association for Communication) y el Premio Fipresci (The International Federation of Film Critics).

Sobre el proceso de filmación expresó que la relación entre el equipo fue rara, que no había preguntas, sino apenas explicaciones, en tres semanas de ensayo, y cuatro de rodaje. Lo cual le preocupó pues era un personaje de mucha responsabilidad.

“Son muy pocos los directores que llaman a una actriz de mi edad…” dijo. “Me acerqué con el temor de que Clara me rechazara, sin advertir que quien estaba frente a mí no era el personaje de la película brasileña Aquarius , no era la periodista sobreviviente al cáncer, que hizo quedar en ridícula posición a una entrevistadora cuando le preguntó sobre su «manía de preservar lo viejo», porque en la modernidad, dice Clara, «cuando lo viejo no gusta, deja de ser vintage». Quien estaba delante de las cámaras en el hotel Nacional, haciendo bromas, fotografiándose con la gente, no era ella, sino la Sonia Braga que muchos recuerdan como Doña Flor. Aunque también es la abuela que libra una lucha permanente contra el olvido de aquello que fue porque, para ella, sigue siendo, aunque otros no lo vean así.”

BM- ¿Cuánto habla el personaje de Clara de la voluntad latente en muchos, de contar a un país, a una sociedad como la brasileña?

SB– Clara era una crítica de música, una periodista, pero no una política, es decir que no hablaba de su país. Sin embargo, cuando uno hace crítica de música, de alguna manera habla sobre su país. Solo que de una forma más lúdica. La música habla profundamente de un país. Nadie se ha referido a eso hoy aquí: a la música de Clara, a su profesión, pero es algo muy importante en la película porque en los años 80 ya ella era una crítica, ya trabajaba y, para la época, como mujer en Brasil, eso la hace muy interesante. Además, era una mujer que había recibido el reproche de su hija por las horas que no pasaron juntas a causa del trabajo, pues Clara no era la mujer tradicional que esperaba en casa a que el marido llevara todo. Insisto en las particularidades de Clara como personaje que, aún envuelto en un contexto específico, lleva a reflexionar sobre esencias humanas universales…Kleber es un arquitecto que siempre prepara camadas de tesoros, a través de la música, las palabras, los silencios…

BM-En ese sentido, podría decirse que este es un film que se cuenta más a través de los silencios, o de lo que no se cuenta aparentemente. ¿Qué habría entonces más allá de lo que se ve?

SB-Su director es un arquitecto porque trabaja con los silencios como un maestro, como un compositor, porque así se hace la música. Así es. Cuando uno escucha la música, el silencio y las inflexiones son las que hacen que el sonido tenga valor. Kleber usa el silencio para momentos de suspenso, para ver qué pasa. La mayoría de las veces, nada. Aparentemente.
Confesó que le asustan los ensayos, porque no siente que es una actriz. Que nunca fue a la escuela de actuación, que no es académica. De hecho, los actores académicos le intimidan un poco. Es probable que de algún modo esto se relacione con su pasión por las artes visuales, más precisamente por la fotografía. Aquarius evidencia cuán cómoda se siente en su propia piel, independientemente del paso de los años.

También dijo que hizo cosas en la película que usualmente no hace y que le dieron algo de ansiedad: “tenía que cantar y no canta, desafortunadamente. No sabía ni tocar piano, ni nadar. Pero sexo…” dijo: “creo ya he pasado por eso…las mujeres de mi edad hacen el amor, se sienten sensuales, coquetean, tienen novios, tienen una vida sexual. Simplemente no están siendo representadas en el cine. Allí siento que volvemos a la imagen de Doña Flor…”