Erika Diettes: Relicarios, en el Museo de Antioquia

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Erika Dietes vuelve al objeto en esta su última producción plástico-conceptual. Vuelve a la caja, a la lápida, al cofre de recuerdos en este su sexto proyecto, desde Silencios (2005).

El Museo de Antioquia, con curaduría de Ileana Diéguez, presenta su último trabajo, Relicarios, luego de seis años de labor, fuertemente signada por la investigación acción, la participación, la entrevista, la recuperación de la cotidianeidad, el límite entre el amor, el recuerdo y el dolor. Un trabajo de etnógrafa totalmente involucrada, que acompaña el duelo. Antioquia es una zona en la que Erika, que en su formación cuenta con una maestría en antropología, conoce muy bien. Es su zona de trabajo, su hábitat, su condición geosituada para enunciar sus series.

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La técnica, una vez más, no es un dato menor, el modo elegido jamás es inocente, ningún lenguaje lo es. Se trata de cuadrados realizados en polímero de caucho, de 30 cm de lado por 12 cm de alto, una sustancia transparente pero viscosa, en el cual se sumergen objetos de víctimas de la violencia en Colombia. Se trata de prendas de familiares, muchos jóvenes, que han sido guardadas como reliquias por sus madres especialmente, y que esta vez, al contrario de lo realizado en la producción fotográfica de Erika de 2008 Río Abajo, por ejemplo, las mismas ya no serán devueltas, formarán parte del proceso monumental que la artista construye. Como si hiciera un pequeño monumento tumba a lxs desaparecidxs en Colombia, un mapa de los muertos también, un repositorio de sus cuerpos a través de sus prendas, les da a cambio a los familiares una foto de su caja.

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Decíamos que el lenguaje no es inocente, ni el material escogido, explorado, aprendido y aplicado, una especie de regla dentro de las derivas y recorridos conceptuales de tantxs artistas. Estas cajas de Erika son porta reliquias, sí, y esto es casi literal, pero además, el caucho juega de líquido amniótico, una especie de lugar donde la memoria flota, se mantiene, se exhibe, íntima y pública.

El caucho, además, que proviene del árbol selvático, ese otro oro colombiano que fue la avidez de explotadores y miseria de los explotados a comienzo del siglo XX. Imposible no pensar en La Vorágine (1924) y en José Eustaquio Rivera, en esa novela fundante de la literatura colombiana, en lo que suele llamarse “ciclo narrativa de la violencia”. Pero La Vorágine también es una novela de amor, de cómo esa ruta del caucho permite reencontrarse, desde una viaje épico a los frutos de la tierra, persigueindo a la mujer de los desvelos del protagonista, en un proceso de anagnórisis que permite que todos, al ir con él en la lectura, nos demos cuenta de cómo se vive en el interior de la Amazonía colombiana. Al árbol además, se lo corta, se lo pica, se lo hace desangrar. Como con el ámbar, que guarda para la eternidad información valiosa y precisa, Erika pareciera seguir experimentando materiales. Desde analogías, símbolos y formas, afloran historias posibles, interpretaciones, relámpagos donde la micro historia semilla la macro, en la nueva era del acuerdo de paz que atraviesa al país andino por estos días.

A la inauguración, como si se tratara de un homenaje, asisten las familias de las víctimas. Se abrazan, se encuentran, reconocen ese objeto encapsulado que ha entrado en un nuevo momento hecho colectivamente, con una vuelta performática que transforma la obra en algo vivo, legible, valorable desde el encuentro que produce, donde lo bello terrible es siempre nuestra historia, lo que sentimos, lo que vamos haciendo.

 

Galería de Fotos:

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Mirá el montaje de la muestra:

 

Erika Diettes, Relicarios.
Del 9 de noviembre del 2016 al 16 de abril del 2017.
Museo de Antioquia, Colombia. Sala temporal Norte.
Cra 52 No. 52-43. Medellín.

Créditos de las fotografías: Eliana Medina.