1000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad

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El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ofrece una muestra espectacular comisariada por dos mujeres, Adélaïde de Caters y Rosa Ferré. A mi criterio la mejor síntesis de la misma es una ilustración para la tapa de un libro muy famoso, el texto del arquitecto Koolhas que funda teóricamente el estudio OMA, realizada por Madelon Vriesendorp, miembro del estudio, y su esposa. Resulta extraño elegir esta imagen dado que allí se exhiben dibujos y maquetas de edificios, videos, libros, fotos, muebles, instalaciones, una enorme y riquísima variedad de obras destinadas a mostrar como la arquitectura responde al deseo y/o lo modela.

Flagrant delit
Flagrant delit

La obra de Vriesendorp se llama Flagrant delit. En ella aparecen, descansando después de tener sexo, el Empire State y el edificio Chrysler y son “descubiertos” por el Rockefeller Building mientras otros edificios de Manhattan los miran a través del ventanal y la mano de la estatua de la libertad ilumina la escena con su antorcha. Ignoro si la elección de los edificios habla de algún conflicto entre sus autores pero sus imágenes claramente fálicas aluden a dos varones.

Dos pequeñas notas: 1. Se puede encontrar online el dibujo animado que hizo la autora con esta idea, una verdadera joyita; 2. El libro fue editado en 1975 lo que no parece secundario ya que la homosexualidad fue despenalizada en 1973 en Holanda y en 1974 comenzó el mismo proceso de manera tortuosa a través del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association de EEUU). Y ¿por qué sintetizaría la muestra? Porque en ella “arquitectura” significará aquella occidental de sectores altos, la que claramente representa al patriarcado; porque pone en escena los vínculos poderosos e ineludibles entre la arquitectura y “la sexualidad”, única, no las sexualidades, sino la heteronorma con sus perversiones, su prostitución, su hipocresía; y, finalmente, la libertad que asoma iluminando en la imagen, atraviesa todo el discurso sobre esa sexualidad que limita a las otras y se autolimita.

Las comisarias desarrollaron tres ejes: Utopías sexuales, Refugios libertinos y Sexografías pero también puede leerse lo expuesto desde dos corrientes, la afín a la heteronorma y las utopías que intentaron un cambio. La primera parece obtener placer desde el control obsesivo. En el siglo XVIII Restif de la Bretonne propondrá el burdel ideal, higiénico, en el que todo estará normatizado y las mujeres serán clasificadas por edad (desde los 14 años) y belleza. Con ánimo progresista el autor les otorga el derecho a rechazar clientes y, teóricamente, a irse cuando quieran. Y en esta línea también estará Sade quien llevará el control al extremo y construirá su espacio en la forma de una mazmorra. El CCCB invita a leerlo en un tranquilo salón.

Toda persona que haya leído a Michel Foucault disfrutará al ver los dibujos originales del panóptico de Bentham y se sorprenderá al saber que su autor, más allá de proponer vigilar y castigar a detenidxs, locxs, obrerxs y estudiantes, abogaba por la igualdad de las mujeres y la despenalización de la homosexualidad.

Una utopía del siglo XIX será la de Fourier quien propondrá la construcción de falansterios o falanges (¡qué término para utilizar en España!), comunidades cooperativas donde reine la libertad sexual y las mujeres sean libres. Inspiró a lxs hippies de los años 60 del siglo XX a quienes se puede ver en documentales construyendo grandes viviendas colectivas con la forma de las cúpulas geodésicas de Buckminster Fuller. Fourier fue más lejos, proponía también la existencia de voluntarixs para satisfacer el deseo de discapacitadxs y viejxs (como lo propone hoy Yes, we fuck cuya presentación se hizo en el mismo CCCB el año pasado, pero ni ellxs ni Preciado aparecen mencionadxs hasta donde pude ver).

Koolhas propuso en su último proyecto para la Escuela de Arquitectura de Londres, series de 18 dibujos, acuarelas y collages llamados: Éxodo, o los Prisioneros Voluntarios de la Arquitectura retomando irónicamente las utopías modernas. Describía un muro semejante al de Berlín para amurallar parte de Londres y crear una nueva cultura urbana dejando al resto en ruinas. Parte de este proyecto eran los “Baños” sitios considerados “condensadores sociales” para “crear y reciclar fantasías privadas y públicas”. Al leer esto pensé no en esos baños, con piscinas, sino en nuestros baños públicos que fueron, y son, condensadores sociales, y ponen en acto fantasías privadas y públicas.

Resulta llamativo, o no, que todo lo que alude a la liberación femenina o a la diversidad sexual fuera utópico o irónico; que sus autores fueran considerados ingenuos, bizarros, locos o geniales pero no realizables.

Entre lo que queda de esta muestra aparece la arquitectura como arma de seducción masculina utilizada por reyes franceses, arquitectos italianos y por la Casa Playboy en los EEUU. La muestra expone la famosa cama redonda que será el centro del departamento de soltero desde el cual podrá controlar todo lo que promueva su deseo y, también, trabajar. Se permite al público utilizarla, sólo se le pide dejarla en orden. La Casa tenía, en la entrada, las instrucciones para completar las 25 etapas que llevarían a la “víctima” hasta la cama.

Y finalmente, dos perlas. El  bellísimo proyecto con fachada abstracta en líneas blancas y negras para Josephine Baker realizado por Adolf Loos. Todo gira alrededor de una piscina a la que se accede por el segundo piso, en el primero hay ventanas a la altura del agua para ver nadar a la artista. Y la inclasificable obra de Willian Kentridge que, sobre algunas ideas que creó para la ópera Lulú de Berg y alrededor de una sensación constante de inestabilidad, reúne un par de tablas movedizas, videos, geniales pinceladas, música, palabras escritas, todo un conjunto maravilloso que logra dramatizar un acoso entre las dos tablas.

Hay mucho más y mucha falta. Falta mostrar las líneas de fuga que las sexualidades no aceptadas encontraron en los mismos espacios que la normada, en recovecos oscuros, en baños, cines, clubes u otros espacios de acceso restringido, calles, parques… También faltó una mirada queer sobre tan interesante producción, algo que hubiera enriquecido la muestra.

1000 m2 de deseo. Arquitectura y sexualidad.
Del 25 octubre 2016 al 19 marzo 2017
Centre de Cultura Contemporánia de Barcelona