“El deseo de estar en escena supera cualquier obstáculo”, Marcelo Mangone

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Marcelo Mangone está presentando La fiesta rota o la patria deshuesada, una obra en la que cualquier similitud con la realidad no es casual.

Como director, docente y dramaturgo, Marcelo tiene una larga trayectoria con más de treinta puestas en escena. Esta vez, La Revuelta es el espacio donde se puede ver su nueva obra el 9 y 10 de diciembre.

¿De dónde surge La fiesta rota: de la inmediatez de la realidad o de una idea que luego se fue amoldando a la realidad?

La fiesta rota o la patria deshuesada es un encuentro de deseos. Nació en un taller de Creación y Montaje y fue tomando forma de obra por el impulso de todos. Nos planteamos interrogantes: ¿por qué vivimos divididos?, ¿por qué pasa lo que nos pasa?, ¿es todo verdad o simulacro? A partir de disparadores escénicos, se provocaron juegos en los cuales los actores creaban desde el cuerpo y la palabra en acción, se capturaba material, se elaboraba, y en un nuevo ensayo era sometido a prueba. Cada uno de nosotros expresaba distintos puntos de vista, desde lo psicológico, lo estético, lo ético, y también desde sus experiencias personales. Así se fue tejiendo el cuerpo de la pieza dramática.

Siendo autor y director, ¿cuánto de la futura puesta en escena condiciona tu escritura?

En realidad no me considero un autor sino un director que escribe. Mi dramaturgia es esencialmente una dramaturgia escénica, corporal. Me pasó en Fiebre amarilla y en La amante de Bertolt B, mis dos obras anteriores. La puesta se va develando en los cuerpos y en el periplo de los movimientos. Y la obra fue pidiendo la forma, agazapada en el entramado de los textos que, como dice Eugenio Barba: “Son una mano invisible que termina de dibujar en el espacio lo que nace en el cuerpo”. Me gusta transitar por la frontera sin que me invada el temor a caer ni la necesidad de tomar decisiones apresuradas.

¿Entonces, tenés un método de escritura preestablecido?

En esta experiencia no partí de una obra preescrita. Los disparadores surgidos en los ensayos fueron dando forma al texto. Partimos de la base de lo rizomático, en donde la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. Todo cambia y nada cambia a la vez. Luego de casi seis meses de ensayos, la forma empezó a delinearse y pudo ser indagada, y en cada encuentro el material se modificaba, aunque ya tenía un rumbo claro. Escucharse y escuchar al otro fue un ejercicio de todos los encuentros, una práctica a la cual nos veíamos obligados a volver porque nuestra línea de trabajo así lo requería. En un momento el texto tomó un valor propio, como un derrotero a seguir y, a pesar de que hubo ajustes mínimos, la obra estaba escrita; quedaba darle vida e incorporar los otros lenguajes de la puesta para darle forma final.

¿Qué predomina en los personajes de esta obra: lo arquetípico o las individualidades?

Es una mezcla. Personajes arquetípicos con características individuales, sin pretender entrar en la maqueta de comportamiento que los parodie, sino que los instale en un comportamiento ficcional cercano a lo cotidiano.

Más allá de la reflexión que provoca toda buena obra teatral, ¿qué te proponés generar vos en el espectador?

Un interrogante tal vez. Preguntas. Nada cerrado. Me interesa que el espectador vaya armando la obra en su cabeza a través de los signos que intentamos impregnar en él, que trabaje con la obra, que no sea un espectador pasivo, y que desde sus experiencias de vida, pueda preguntarse, indagar y quizás llevarse alguna respuesta cargada de emoción.

Cerca de fin de año, ¿cómo evaluás este año en lo que se refiere a cantidad de obras y calidad?

Es innegable la alta calidad de nuestro teatro, en todos los órdenes. Desde lo más off, lo independiente o el circuito comercial, las propuestas crecen y crecen, en búsqueda estética, poética y también a nivel de producción. Nos encontramos ante la encrucijada de un menor apoyo institucional, ante la complejidad de las salas independientes para poder mantenerse, ante los aumentos desmedidos y agresivos que hicieron teclear a muchos espacios de arte, ante la reducción de la masa de espectadores por la compleja situación económica que atraviesa el país. Pero el teatro crece, porque el deseo de teatrar, de estar en escena genera una pasión teatrera que supera, como lo ha hecho siempre, cualquier obstáculo.

La fiesta rota o la patria deshuesada

Funciones: viernes 9 y sábado 10 de diciembre, a las 21; La revuelta: espacio de arte y creación – Av. Boedo 1014, CABA.

Contacto: Facebook /lafiestarota