Parque Lezama

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En Parque Lezama nos encontramos con una historia que presenta un retrato de la tercera edad y donde dos personalidades opuestas se juntan para hacernos reír con ganas o conmovernos con diálogos minuciosamente armados. La obra indaga acerca de la identidad. El personaje de Luis Brandoni, León Schwartz, juega todo el tiempo a adoptar identidades falsas. Tanto es así, que cuando nos dice la verdad sobre su vida no le creemos. El vínculo que desarrolla con el personaje de Eduardo Blanco, Antonio Cardoso, da lugar a una amistad que crece muy a pesar de ellos mismos y en la cual se generan situaciones incómodas y diálogos desopilantes.

Esta pieza está adaptada y dirigida muy eficazmente por Juan José Campanella –en su debut teatral– y con referencias que remiten al ámbito porteño. El traslado de Central Park a Parque Lezama, un sitio popular y de relevancia histórica, está bien resuelto. Los dos personajes son tercos, obstinados. Hasta cierto punto podríamos verlos como una caricatura, aunque bien lograda, realzando los rasgos más salientes de cada uno.

Antonio está a cargo de una caldera en un edificio y a punto de ser despedido con muy poca indemnización. Vendrá una nueva tecnología que hará prescindir de su trabajo. Él no quiere problemas y está dispuesto a resignarse. En cambio a León le parece injusto y lo defenderá usando las armas de la mentira que maneja con tanta destreza, porque inventa patológicamente una identidad tras otra y esto lo ayuda a sortear los obstáculos que la vida le pone, e incluso a engañar a una hija muy preocupada por el bienestar de su padre.

Antonio no ve casi nada pero es un oído muy atento y perspicaz. León es el que más habla y puede envolver a cualquiera con su discurso, menos a su compañero de plaza. La relación entre ambos es de tensión aunque también de complicidad. En la vejez encontrar un compañero de banco en una plaza es como encontrar un compañero de banco en la escuela, será el cómplice en las aventuras que ambos vivirán, porque en esta plaza pondrán en riesgo sus vidas por ayudar a otros personajes.

Hay historias secundarias que se adhieren a la principal y ayudan a movilizar la trama, a generar acciones. Cada palabra está elegida con inteligencia, las actuaciones son superlativas y vemos a un Blanco por completo transformado, ya que con sus movimientos y gestualidad, sus temblores, parece una persona de ochenta años. El personaje de Brandoni, no tan avejentado, también muestra sus síntomas de deterioro aunque con la agilidad mental intacta.

En su idioma original Parque Lezama se llama I’m not Rappaport. Interesante negación que llama a pensar en todo lo que no somos para llegar al fin a la médula de lo que somos. Los temas que toca la obra son la indefensión o marginación de los adultos mayores, cómo vuelven a ser casi como niños y cuál es la relación con aquellos que deben cuidarlos; la amistad entre pares de edad avanzada muestra ser un vínculo lleno de choques pero también de puntos de convergencia.

León, un trabajador de izquierda que cuestiona la estructura de la sociedad y cree en las revoluciones, alienta a su hija a luchar por los derechos sociales y le regala a los diez años El capital de Marx. Antonio no cuestiona la realidad de clases y se limita a cumplir con su trabajo. Pronto, los dos descubrirán que son tantos los aspectos que los unen como aquellos que los separan y que en situaciones de peligro aflora el verdadero ser y se muestra la nobleza de cada uno.

Ficha técnica

Intérpretes: Eduardo Blanco, Luis Brandoni, Carla Pandolfi, Federico Llambi, Mariano Reynaga, Lautaro Ostrovsky, Celeste Gerez; Dirección: Juan José Campanella; Autor: Herb Gardner; Vestuario: Cecilia Monti; Escenografía: Cecilia Monti; Adaptación: Juan José Campanella; Traducción: Juan José Campanella

Liceo: Rivadavia y Paraná; Horarios : DOM:19:00 | MIE:20:30 | JUE:20:30 | VIE:20:30 | SAB:20:30