#MDQFEST 2016: El Bruto

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Dentro del ciclo Revisiones, de este Festival de Mar del Plata 2016 que ya va terminando se presentó la película El Bruto (1962) de Rubén W. Cavallotti. Caso singular el de esta película. Por décadas poco y nada se supo de ella, y en ese tiempo, apenas un fotograma fue el que circulaba: Leonardo Favio bajo la lluvia, con expresión agitada mirando hacia abajo y detrás de la cortina de agua, al fondo de la imagen, Susana Campos. Esto no sería tan extraño, dado que un buen número de títulos de comienzos de la década del sesenta han dejado de circular por motivos diversos. El caso es que El Bruto trata precisamente de una ausencia. La de un potente Zelaya, hombre de potencia sexual y presencia fuerte en un pequeño pueblo de Mendoza. La copia 35mm en muy buen estado rescatada por la Filmoteca Buenos Aires, permitió tomar contacto con esta historia con bastantes retorcimientos provincianos, originada en una novela de Arturo Cerretani de los años 40s. Esa ausencia del aludido es en realidad una presencia que atraviesa toda la película. Como contrapunto, la presencia física, sensual, y absorbente en la fotografía de Julio Lavera de Susana Campos, que domina el campo visual en casi la totalidad del film.  Ya Fernando Martín Peña advirtió de este detalle, que podríamos llamar glorificación de una estrella, aunque al visionar la película llama la atención la cantidad de primerísimos primeros planos dedicados a la actriz entonces en la plenitud de su belleza  y reconocimiento como primera figura en la Argentina y encarando su carrera española.  Su rostro y expresividad son realmente protagonistas y transmite su encadenamiento (físico, afectivo) con el ausente. Mientras, sobre todo en la primera parte de la historia, los encuadres con pretensiones esforzadas de cine latinoamericano nos muestran caras curtidas de paisanos y viejas, recortados sobre el paisaje agreste, remarcando el misterio de la desaparición, tal vez muerte, de ese hombre rudo que arrastró a su bella mujer a esos confines. Es una búsqueda estética que sorprende y que con el correr de los 80 minutos del metraje, solo ocasionalmente vuelven. En el interín de esa búsqueda, tres hombres alrededor de la protagonista. Un joven peón rural (Leonardo Favio, actor en sus pagos, que se permite algunas observaciones que anticipan lo que después sería su labor como cantante), un veterano hombre de campo, enfermo por poseerla (uno de los rudos perdedores de Ricardo Trigo) y el más que influyente cura (Pedro Laxalt). Para complicarla, en casa de la protagonista, se hace presente una jovencita (Selva Alemán) que dice estar preñada por el ausente y solicita ayuda. Caramba con los pueblos y las novelas.  El misterio acompaña efectivamente toda la historia, en la que rencores y secretos están presentes, con alguna caída en el ritmo y una secuencia de impacto como el fabricado velorio del ausente, mediante el que la posible viuda se liberará de su presencia, tanto en cuerpo como en alma ante la presencia de todo el pueblo.  Después llegará la resolución luego de un falso final que pareciera poner todo en orden de conciencia. Este año, el Festival de Mar del Plata homenajeó a distintas personalidades del cine argentino.  Rubén Cavallotti, alguien querido por el ambiente, estuvo representado por dos películas que representan de lo mejor de su filmografía. Una fue “Cinco gallinas y el cielo”, que suele exhibirse en televisión por cable. Otra, ésta, que después de tantos años de desaparición, se pudo ver finalmente, sumando nuevas imágenes a ese fotograma repetido (que también ilustró su entrada en el catálogo del festival). Que haya más.