La narrativa de Nic Pizzolatto a través de su novela Galveston

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Nic Pizzolatto, como todo joven universitario y docente de letras que tiene más vocación de escritor que de docente, comenzó publicando sus relatos en revistas de género. No tuvo mucho éxito en esto como pasa en la mayoría de los casos.

Pero al llegar Galveston la cosa parece haber cambiado.

Es una novela sórdida y poética, violenta y lírica, salvaje y conmovedora. Al mismo tiempo canónica y heterodoxa, Galveston supone un salto adelante, ambientada en paisajes desolados y protagonizada por personajes que huyen pese a saberse condenados, antihéroes que lo han perdido todo excepto la dignidad. Sencillamente, una novela que trasciende el género policíaco.

Roy Cady, su protagonista, es un matón con inclinaciones filosóficas. Pretencioso en lo intelectual pero sin herramientas formales que le permitan ser un erudito. Esta contradicción en su psicología va a ser la que teja la narración durante toda la novela.

Todo parece comenzar bien para Cady: su médico le diagnostica cáncer terminal y está, como quién dice, con los días contados. Sumado a esto su jefe lo traiciona y le tiende una trampa para asesinarlo. Y Roy, como todo matón, preferirá que la muerte venga sola antes que dejarse matar.

En su huida se lleva consigo casi sin querer a una joven prostituta quién carga con una niña a cuestas. Aquí arranca la road movie. Tres personajes huyendo.

El realismo que utiliza en las escenas de violencia son de una carga de intensidad tan fuerte que revuelve las tripas.

La siguiente vez que me desperté estaba atado a una silla y apenas podía respirar. Me ardía el pecho y la nariz aplastada me borboteaba. Había vomitado sobre mi regazo y el cemento que tenía a mis pies estaba resbaladizo por el charco de sangre. Sabía que todavía estaba en la despensa. Un conducto de ventilación goteaba en una esquina, donde había un poco de luz proveniente de una lámpara de mecánico colgada en la pared (….) Veía con un solo ojo, pero pude distinguir con el rabillo los bultos y extrañas formas que me cubrían la cara.

La muerte para Cady no llega durante años, a pesar de los diagnósticos médicos, a pesar de los balazos, a pesar de los golpes, a pesar de todo. Pero la muerte se anuncia como venidera, y por fin llega.

Como Pizzolatto es un escritor contemporáneo y ningún contemporáneo puede considerarse tal en Luisiana si no vivió el Katrina, allí van apuntadas sus narraciones.

Katrina es un elemento para marcar un antes y un después, un elemento cronotópico. Y en Galveston se muestra como algo aún más terrible, aún más definitivo.

Katrina, como las calacas de los mexicanos (de ahí su nombre pero con C), es la muerte que llega bien vestida. La muerte esperada, la muerte que tanto alivia. Por lo menos dentro de Galveston.

El vendaval contiene las gotas de lluvia en dardos puntiagudos y con las nubes la tarde se vuelve negra como un vestido de viuda. El denso aire se carga de ozono y agua de mar. Se oyen chasquidos y crujidos a lo lejos y sobre el océano estallan destellos de luz, como si el cielo hubiese engullido una carga de dinamita. En sus límites agitados casi puedo distinguir otra capa de oscuridad, una masa negra más densa que se alza sobre el horizonte para adoptar una forma que todavía no puedo imaginar.

Las ramas que arañan las ventanas selladas con tablones suenan como si algo intentara entrar a zarpazos, y el viento aúlla como un animal herido, un gemido grave y profundo.

Algo que está en el interés del autor es mostrar los paisajes y los lugares de Luisiana. Pero no es una visión amorosa o idílica. Muestra lo no turístico, muestra la convivencia de la contaminación de las fábricas, las destilerías, insertadas en la naturaleza espesa, amenazante, cerrada. Pantanos, caminos entre ríos. Agua estancada. Más pantanos. El paisaje es un personaje más que va creando el ambiente de misterio y maldad. Podríamos hacer un enlace directo con Conrad y El corazón de las tinieblas. Pero mejor dejar las comparaciones hasta ahí. Porque Galveston es una muestra de la literatura y la narrativa de Pizzolatto, pero no es True Detective —la serie que Pizzolatto crea y que luego lo lanzó a la fama—. Tampoco lo necesita. Es en sí misma un policial noir que se sostiene solo y debe ser entendido desde su contexto en la obra de un autor del que esperamos todavía más.

Hoy ya podemos disfrutar en español su narrativa gracias a la colección Black de editorial Salamandra. También está publicado su libro de relatos La profundidad del mar amarillo, pero de su análisis nos ocuparemos en otro momento.