#MDQFEST 2016: Lumieres d´eté

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Segundo largometraje del director francés Jean-Gabriel Périot que en esta ocasión rinde homenaje a Hiroshima, con un filme que comienza con formato documental y se transforma, luego de un primer testimonio que nos sitúa en la historia terrible del bombardeo del 45, en una película sobre los afectos, la memoria y la reparación posible desde las prácticas sencillas de la vida familiar.

La primera parte del filme nos presenta a un director japonés, radicado en París, que viaja a Hiroshima para realizar un documental encargado por la televisión francesa con motivo de cumplirse los 70 años en 2015. La cámara nos muestra cómo la dureza del primer testimonio, el de una anciana de más de 80 años que narra catárticamente el horror que comienza el 6 de agosto, quiebra claramente al director.

Luego de eso, entre presiones de productores que piden el resultado cuanto antes y su propio proceso interno, el cineasta conoce en la calle a una joven extraña, que lo lleva de paseo por la ciudad, y terminarán en el mar celebrando, junto a un abuelo y su nieto, el día de los antepasados en Japón, o día de los muertos, el  Obon u O-Bon, que se celebra entre julio y agosto, con una gran festividad que implica encuentros familiares, bailes, recuerdos, como forma de que el muerto regrese y esté presente.

La cinta se transforma así en una reflexión sobre los vínculos y la tragedia de la guerra, pero desde un lado sanador y comprensivo, intentando recomponer la experiencia histórica que significó esa barbarie, casi como lo que significa la propia Plaza de la Paz en Hirsohima.

La luz, la fotografía, el color, el lugar de observación de usos y costumbres, lo ceremonial y el quiebre en los relatos hacen de esta película una obra que se disfruta, un pequeño poema homenaje que articula muy bien la vida cotidiana con la memoria, el relato con la existencia, creando un pequeño espacio para sentir y pensar.