#MDQFEST 2016: Vittorio Storaro

0
0

Vittorio Storaro, el maestro de la luz, habla en primera persona

Haber tenido a Vittorio Storaro en Mar del Plata, y haber podido escuchar sus reflexiones sobre las relaciones del cine con la fotografía ha sido, realmente, una experiencia emotiva e invalorable.

Ganador de tres Oscar por sus trabajos en los filmes “Apocalypse Now”, ”El último emperador” y “Reds”, Storaro se definió a sí mismo como un escritor de imágenes. La idea de explicarle a las nuevas generaciones de fotógrafos sobre si la cinematografía digital modifica o no el concepto de un iluminador fue uno de sus objetivos. Un terreno en el que trabajo por primera vez con Carlos Saura y luego con Woody Allen en Cafe Society,  a quien acaba de acompañar en otro film que se estrenará en 2017.

Su visita a Mar del Plata tuvo que ver con la exhibición de la genial película de Francis Ford Coppola sobre la Guerra de Vietnam inspirada en el libro de Jospeh Conrad “El corazón de las tinieblas” que se pudo ver en su versión Redux, con 50 minutos agregados a la versión comercializada.

Más allá de que se ha adaptado a trabajar en digital, Storaro tiene aún dudas sobre estas nuevas tecnologías: “El arte grandioso del Renacimiento lleva más de 500 años, el fílmico unos 100 y la esperanza de vida del digital es mucho menor, con discos duros que se corrompen y formatos que cambian cada década. Eso es preocupante, aseguró. Storaro viene trabajando desde hace tres años con archivistas de varios gobiernos en un sistema denominado DOTS (Digital Optical Technology System) con la idea de que los tesoros culturales puedan sobrevivir frente al deterioro no sólo ya del fílmico sino incluso de muchas copias digitales. El sistema -que ha demostrado su consistencia y durabilidad (aseguran que no se degrada por lo menos por 100 años)

Escribir con la luz

Escribí Scrivere con la Luce, en tres volúmenes, estudios e investigaciones acerca de la pintura, la filosofía, la fotografía y el cine y sus relaciones con la luz, los colores y los elementos.

Existe una diferencia entre la fotografía fija y la cinematográfica. Una es una expresión singular, de una sola persona, quien se expresa a través de una única imagen. Las otras son la expresión de un grupo de personas.

Por eso, la llamo “la décima musa”, junto a otras como la literatura, la pintura, la música, la arquitectura, y la escultura.

Hay una necesidad para contar una historia que necesita de un Tiempo (un inicio, un nudo, y un desenlace)  y de un Ritmo, que viene de la música. Por eso, el cine, se apoya en tres columnas: Primero, es una expresión de la imagen; segundo, se escribe con imágenes el relato literario, y tercero a esto se lo hace con un ritmo.

Los libros son mis estudios de 30 años sobre la luz. El primer capítulo trata sobre los colores, el segundo sobre los elementos de la vida, tomando estudios de filosofía griega, para entender el modo en que dos elementos se encuentran y hallar un equilibrio entre ellos. Y eso me hizo comprender el sentido de mi vida.

Soy consciente de que no soy un escritor. Pero como hice tantas fotografías en mi vida me he transformado en un “escritor de imágenes”, algo más cercano a mí para expresar mi creatividad cinematográfica.

Ahora en Buenos Aires en el C.C.K. se exponen 70 fotografías mías con la explicación científica, filosófica e histórica, de mi viaje a través del cine, plasmada en estos tres libros.

Este es un momento histórico, de cambio, de un paso de lo analógico a lo digital. Hace un año hice mi primer verdadero filme digital, si bien ya había hecho varias experimentaciones y un pequeño filme con Carlos Saura que no tuvo distribución, sino que se vio en TV, en Blue Ray.

Pero lo hice finalmente con Woody Allen, quien nunca había usado la tecnología digital. Le dije algo muy simple: estamos en un momento revolucionario, existe una palabra, “progreso”, que se puede retrasar o acelerar, pero no detener. Por lo tanto, es mejor que juntos crucemos el puente del fílmico a lo digital y tratemos de hacerlo del mejor modo posible.

Creo que el ser humano ha tenido siempre la necesidad de expresarse a través de la imagen: lo hemos hecho en las cavernas,  en pinturas en tela, en piedra, en panorámica, en 3D, en colores, y ahora en digital… el ser humano se ha expresado siempre de distintas formas. Lo único que cambió es el medio, la materialidad, no tanto la idea, el concepto que hay detrás. El misterio y la creatividad siguen siendo los mismos para lo digital.

Warren Beatty era conocido como un playboy, pero en realidad él tiene muchos aspectos. Cuando me propuso hacer Dick Tracy él venía de una visión muy clásica del cine y yo le propuse basarnos en las pinturas del post expresionismo alemán. Tomamos la influencia de la pintura para hacer una película que se distanciaba bastante de lo que venía haciendo. Las películas basadas en comics como Batman era más bien oscuras, sin color.

Hubo distintas formas de iluminar en el tiempo. El cine comenzó en estudios en los que se abría el techo y se usaba la luz natural. Luego se fue volcando a la luz artificial, que es algo que venía del teatro. En la década del 60 hubo varios directores que revolucionaron un poco todo esto, en Italia, EEUU, y hoy hay incluso iluminación led. Pero yo creo que muchos directores jóvenes cometen un error que es entender la luz desde la perspectiva de lo analógico, cuando en realidad la base de la imagen y la iluminación es el lenguaje de la luz.

Nosotros en Italia no nos llamamos directores de fotografía sino autores de la fotografía cinematográfica y esto es algo que impulsé yo porque creo que en Estados Unidos cometieron un error, que fue definirse en contraposición a los directores. Yo creo que en cine hay un solo director y que la fotografía es una expresión distinta, singular, única. Nosotros no somos directores de fotografía, sino creadores. Al igual que en una orquesta, en la que hay varios solistas, pero un solo director. En cine es lo mismo: hay guionistas, directores de arte, pero el director es uno sólo.

No puede trabajar cualquier director de fotografía con cualquier director de cine. Yo trabajé con 4 o 5 directores: Coppola, Bertolucci, Saura, Beatty y Allen. Y creo que todos nos dedicamos a esta profesión para entender quiénes somos, para responder a preguntas muy íntimas de qué queremos hacer. Yo creo que se puede colaborar con un director cuando hay un sentido del descubrimiento que se comparte.

Con Saura no queríamos mostrar el flamenco en las cuevas en las que se baila, o el tango en una milonga. Esto fue una intervención en el espacio totalmente abstracta, donde se pudiera ver la energía de la danza. Para trabajar esto me di cuenta que allí estaban presentes el mundo masculino y el femenino y que normalmente el flamenco se canta y se baila mas bien hacia el fin del día. Entonces pensé en el atardecer, los colores amarillo, naranja, rojo para lo masculino, y luego, en la luna, el espacio femenino, finalmente el sol y la luna se encuentran en el alba y hay un momento más coral.

Hace unos años hubo una muestra de cine italiano en el Museo Guggenheim. Cuando terminó la película me preguntaron por qué específicamente habían elegido italianos si hay tantos en EE UU y yo respondí que había una razón muy simple: uno en Italia desde chiquito va a la Iglesia, que tiene una arquitectura, una luz, una música, la fachada tiene una arquitectura, el interior quizá tiene otro estilo, puede haber un Giotto, la tapa del cuaderno de tu colegio quizá era una Madonna, vemos esculturas, a lo largo de toda nuestra vida caminando por las calles de Roma, de Florencia o de Milán… vemos imágenes que forman parte de una tradición de la historia visual, no sólo de mi historia personal sino de toda la civilización romana e italiana y creo que eso se imprime en nuestra sangre, por eso tenemos esa capacidad de manejarnos con la luz y con el color.

Yo no pienso en la luz de una película teniendo en cuenta en qué tipo de dispositivo va a ser vista, sino cómo reflejo una emoción para el espectador, cómo confluye esta imagen. El iphone, el televisor, te dan una posibilidad de circulación más amplia, pero nosotros lo que tenemos que transmitir es el valor de la imagen en la historia. Y depende de nosotros que el público sienta que tiene que verla en la pantalla adecuada y no en el celular. Yo pienso que el público puede seguir una historia de 4 comediantes en el celular y reírse, pero es una cosa más superficial. Desde la perspectiva del cine yo creo que la gente no podría ver Apocalipsis Now en el celular. Si te la pones a ver en el teléfono sería nuestra culpa.

Yo, siendo mayor, siento la necesidad de contarles a los jóvenes directores de fotografía mi punto de vista de lo digital en todos los aspectos. Creo que se comete un error fundamental que es divulgar las películas para que la gente las vea en el celular.

Uno no puede estar por arriba del director. La idea de la iluminación es algo que yo le propongo al director, no es algo que yo puedo hacer solo. De joven yo no lo entendía, era más arrogante. Lo entendí más tarde. Yo soy como un solista, pero no puedo sonar solo, tengo que sonar bajo las órdenes del director. Yo entendí que yo solo puedo trabajar, si hay una historia y un director, sino no existo. Yo hago una propuesta, investigo, y se la propongo al director. Y cuando él acepta y sólo cuando él acepta yo la puedo realizar. Por eso no tengo conflictos a la hora de trabajar con ningún director, porque yo respeto muchísimo a los directores. Esto no quiere decir que no me haya pasado que no haya estado de acuerdo con algún director; que no haya dejado algunos proyectos o me hayan dicho, Vittorio, esto no va a funcionar. Pero hay algo que aprendí de mis hijos, de mis nietos, de mis colaboradores más jóvenes: a veces es más importante decir no que sí. Yo tengo estos intereses, estos gustos, quizá una película que va en otra dirección no tiene sentido. Uno transmite ondas, vibraciones, sean positivas o negativas, y la gente las capta.

Pienso que una de sus expresiones más poéticas fue el momento en el cual se definió, como una persona que ha perseguido al sol toda su vida, del mismo modo que la luna lo hace con el sol, hasta que se arriba al momento en que el sol se pone y la luna emerge.

Estos dos momentos cromáticos forman parte de una búsqueda de toda una vida: ese cruce entre el rojo y el azul… y lograr escribir una historia que contenga esa luz o esa sombra.

Al poniente, por donde el sol se esconde fascinantemente rojo, inmenso y que se difumina en distintos colores que van desde el rojo/naranja/magenta/rosa/lila/morado…la luz del atardecer… ese milagro.