#MDQFEST 2016: Personal shopper

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La última película de Olivier Assayas, como siempre, perturba y agita los bordes entre el cine de autor, el cine de industria tipo mainstream y el cine de género que tanto se debate hoy.

Personal shopper es la película que continúa a esa maravilla exquisita que es Sils Maria. La protagonista en este caso era la partenaire de Juliette Binoche en esta última obra, Kristen Stewart, que encarna a una compradora de prendas y accesorios lujosos para una modelo de alta gama archifamosa, interpretada por Nora Von Waldstätten, que está atravesada por la muerte de su hermano gemelo y de quien espera una señal que le demuestre (según un pacto acordado con él), que existe algún tipo de vida en el más allá.

Esta cuestión con su hermano Lewis le pone a la película marcas de cine de terror psicológico o subjetivo, con dosis de espiritismo, que desembocará en ribetes policiales, pero que, como sea que pueda leerse el film -y especialmente su final- trabaja sobre cierto binarismo simbólico muy efectivo. Por un lado, el solo hecho de los gemelos, de larga data en la construcción ancestral de muchos mitos. Pero además, no es un dato menor que la protagonista sea la personal shopper para una consumidora caprichosa que es pura apariencias. Esto contrasta con toda la vida inmaterial y espiritual que pareciera regir la otra vida de esta chica, la que busca comunicarse con su hermano y habla con fantasmas. Por otro lado, buena parte de la alienación que se juega en la protagonista pareciera estar en relación con el celular, y el whatsap como canal, elemento fantasmagórico si los hay, donde las redes sociales imponen una lógica desmaterializada de los cuerpos territorializados digitalmente.

Esto, sin contar demasiado de la película y alentando a que la gente la vea, se refuerza en los temas universales que trata, que son centrales en la cultura contemporánea: la angustia por lo que venga después de la muerte, el resistirse a aceptar la ausencia de los seres queridos, la búsqueda espiritual en respuestas que están dentro de uno mismo (aunque esa certeza, paradójicamente, venga del afuera) y la necesidad de huir del mundo del consumo y concretar un proyecto de vida más interesante y personal que el que pareciera que impone el sistema.

A nivel cinematográfico, la imagen tiene el sello personal de Assayas, ayudado sin dudas por Stewart que puede componer a la altura de lo que se le pide. Aunque el guión sea a momentos complejo, con sus cortes y elipsis típicas del director, y se complejice el cine de género, logra transmitir una angustia y un terror personal, un vacío frente al mundo. La gestualidad delante de cámara, los climas paranoicos, el deambular por París y los planos de la casa, son ejemplo, donde, con solo manejar la luz y el sonido, el director logra crear verdaderas sensaciones en el espectador.

En síntesis, un nuevo título del francés que se suma a una lista quizás ecléctica, con películas tan distintas como Irma Vep, Clean, Carlos o la mencionada Sils Maria pero con una pronunciada solidez visual y de guión que lo sostiene como uno de los grandes jugadores del cine contemporáneo.