Daño de Damas

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En Daño de Damas asistimos al despliegue de una revancha personal. Se trata de una obra breve para tres personajes, dos mujeres y un hombre. Como el título parece anticipar, la venganza envuelve a las mujeres.

El espacio en el que transcurren los acontecimientos representa un baño de damas en una empresa, espacio oculto a las miradas, secreto, corrido del centro, espacio de servicio y no de protagonismo. Es aquí, en el baño del mundo de la empresa, donde se enfrentan dos mujeres en apariencia distantes y sin demasiados puntos en común sobre todo por su condición social: una es una profesional con un pasado de niña rica; la otra pertenece al mundo del trabajo; una se lleva el mundo por delante, la otra limpia el baño.

La mayor parte del tiempo las miradas de las dos se cruzan en un espejo situado imaginariamente en el lugar del público. Solo en algunas oportunidades se conectan cara a cara. Como ya sabemos, el espejo es un objeto inquietante desde siempre y con gran carga simbólica; objeto ligado a lo femenino, nos repite, nos copia, pero también nos pone delante de nosotros mismos. ¿Podríamos decir lo mismo de la venganza?

Se establece entre ellas un juego de poder, juego desigual porque una de las dos guarda algo en la memoria. Es así que entonces la que parece estar arriba se va derrumbando. Pierde, por efecto dominó, los objetos en los que se apoyaba y que la sostenían en pie.

Hay un tercer personaje, un hombre que se dedica al mantenimiento y que en principio no parece tomarse muy en serio nada de lo que está pasando. Intermedia entre las dos sin mayor éxito. Por un lado obedece reglas y normas establecidas, por el otro guiña el ojo. Desarma por un momento el juego especular, abre a nuevas posibilidades y otorga dinamismo. Es en este momento, cuando aparece el tercero, entre el comienzo y final de la pieza, cuando estas dos mujeres dejan de mirarse a través del espejo.

Solo al final se revela la causa de la revancha.

En un escenario pequeño, la puesta de Débora Palladino logra a través de diversos recursos, entre ellos el espejo, el movimiento de los actores, las acciones en primero o segundo plano, un muy buen manejo del espacio escénico porque crea profundidad y amplía el lugar ceñido.

Mariela Díaz y Patricia Martínez son las dos talentosas actrices que dan vida a estas mujeres, con una rica expresividad a veces cercana al absurdo; de tanto en tanto, producen cambios en sus máscaras que dan cuenta de la incerteza del suelo que pisan. Eduardo D’Alessandro compone al tercer personaje con soltura y aporta una cuota de oscuridad y sordidez.

Como en “De eso no se habla”, la obra anterior de Mariela Díaz, acá no falta nada ni sobra nada. También en esta ocasión hay intimidad, desenmascaramiento y diálogos certeros.
Si bien “Daño de damas” es una obra dramática y con algo de crueldad, no carece por eso de humor. Tampoco le falta belleza. Colaboran en esto, además de la excelente dirección, la música original y la escenografía.

Daño de Damas.
Ficha técnica:
Actúan: Patricia Martínez, Eduardo D’Alessandro, Mariela Díaz.
Dirección: Débora Palladino
Música: Sergio Zajdenberg
Dramaturgia: Mariela Díaz
Sala: El Ópalo. Junín 380 C.A.B.A
Domingos 19 hs.