#MDQFEST 2016: Hermia y Helena en Competencia Internacional

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Se estrenó en el marco del Festival de Cine de Mar del Plata la última pelicula de Matías Piñeiro, su séptimo largometraje como director, que retoma las búsquedas de títulos anteriores como La Princesa de Francia (2014), Viola (2011), Rosalinda (2010), Todos mienten (2009) y El Hombre robado (2007), donde trabaja sobre las relaciones con la literatura, los textos canónicos (Sarmiento y Shakespeare), el cine dentro del cine y dentro del teatro y las artes en cruce.

En el caso de Hermia y Helena, la historia es un homenaje formal y libérrimo a Sueño de una Noche de Verano de William Shakespeare. Aquí, con el nombre de dos de sus personajes femeninos, enamoradas que protagonizan el juego de hechizos y enredos propios de la comedia, sostiene una narración bilocalizada entre el Estado de Nueva York y barrios de Buenos Aires, bilingüe e instalando el problema de la traducción entre idiomas, lenguajes, culturas y experiencias, en un tono de comedia global que no pareciera buscar interpelarse ni motivarse más allá del juego estético, pero que, sacando algunos momentos donde quizás la historia se vuelve aburrida de tan anodina (y esto es un comentario absolutamente personal que no quiere desmerecer la calidad técnica del filme), pareciera funcionar muy bien para el público cinéfilo.

Ese guiño a la cinefilia, que ha conformado un caudal seguidor de su propuesta, con perfil de escuela de cine y de crítica, que es muy fiel a Piñeiro, explica también la inclusión del material que él realizara para el Museo del Cine Pablo Ducros Hicken, con material de archivo, que es un insert más estético que narrativo y alimenta los cruces, la autorreferencialidad y el metalenguaje que pareciera ser tema muy bien desarrollado en esta propuesta.

Los diálogos con el teatro se vuelven formalmente muy potentes, desde el recurso a introducir la división en actos a través del título de los personajes que los actúan, como en la comedia shakespereana, vía la didascalia manuscrita hasta el recurso de presentar los créditos finales con los nombres de los actores por tandas, con una puerta que se abre o se cierra, como si se tratase de la salida de los actores y actrices para el saludo aclamatorio una vez terminada la película. Esto último pareciera funcionar así, además, porque efectivamente el público presente en la proyección aplaudió cada “salida” de los actores del final.

La película viene de recorrer el Festival de Locarno y el Festival de Cine de Nueva York, y seguramente será estrenada en circuitos de perfil menos comercial, aunque el crecimiento de su carrera afiance un estilo que, hay que reconocer, es absolutamente único en el cine local y merezca otras pantallas.