#MDQFEST 2016: Todo lo demás, en competencia latinoamericana

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La primera película que arranca oficialmente las proyecciones de la competencia latinoamericana de esta nueva edición del Festival de Mar del Plata, es una muy interesante producción mexicana de la directora Natalia Almada, que ilusiona con un excelente nivel para la sección.

La historia narra, o mejor dicho, muestra, la vida de una empleada administrativa del Estado que vive solitariamente, acosada por las mismas imágenes, que pareciera practicar toda la violencia internalizada en la violencia sutil del maltrato burocrático. Su nombre, que aparece cuando alguien la nombra, es Doña Flor. Atiende trámites de ciudadanos comunes, contra los que pareciera aplicar la frialdad legalista, y luego regresa a su vida y su gato, a transcribir, apelando a su memoria, el listado de nombres atendidos día a día, destacando los que trámites aprobados.

Una película tan plena de imágenes que se narran, tan objetivista, dispara relaciones como claves de armado. Desde el fondo de la memoria aparece un guiño a la novela de José Saramago, “Todos los nombres”, que reflexiona además sobre la infamia del poder sobre los otros a partir del pequeño gesto de dejar pasar o no un expediente por capricho. En ambxs, funcionarios desconocidos que aplican mecánicamente normatividades. La cuestión del poder, la critica a la burocracia, sí, pero también la fragilidad de la mujer: los subtes repletos de personajes femeninos, las alusiones a la desaparición de mujeres, flagelo que en el caso de México, registra un récord mundial tristísimo concentrado en un solo punto, Ciudad Juárez, la vejez y la soledad, los miedos, el cuerpo que se degrada, la enfermedad.

En la línea de otras perlas del cine latinoamericano, como la chilena GloriaTodo lo demás es también una película de actriz y de masterclass, en este caso protagonizada de manera ejemplar por Adriana Barraza, que se lleva puesto todo encima con la composición del personaje de Doña Flor.

La película propone observar e intentar reconstruir desde la precisión casi documental la vida de una mujer madura, su pequeña tragedia personal, su vulnerabilidad, su soledad insalvable, y también su punto de quiebre, su proceso, su estar en el mundo, su banalidad.

La clave que usa Almada es la imagen, con planos que desmarcan y enfrían pero al mismo tiempo resaltan la poética visual y arrojan a Doña Flor al mundo desde un hacerse a sí misma en los espejos, repitiendo ritos y perdiéndose en la multitud, con una cadencia de vida contemporánea que logra extrañarnos y dejarnos tocadas. Una pequeña inquietud, esta película, que esperamos que se estrene y recomendamos ver.