#MDQFEST 2016: The dying of the light

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Salas convertidas en supermercados, playas de estacionamiento, espacios baldíos, ruinas de un siglo, el XX, comenzado con el cine, atravesado por la TV y finalizado con la revolución digital.

El documental del norteamericano Peter Flynn es melancólico, pero no se detiene a llorar sobre esas ruinas: si todo tiempo pasado fue mejor es porque lo fue. Un retrato arqueológico y objetivo de una extinción, la de salas que podían albergar a 4000 personas que pagaban para ver una película, salas con el estilo de la belle epoque de los 20´o la de los autocines de los 60. También es The dying of the light el relato de los testimonios de sus protagonistas: los proyectoristas (el de El cameraman de Buster Keaton, el de Cinema Paradiso o la joven de Bastardos sin gloria). Uno de ellos, narra muy didácticamente la historia del dispositivo, desde el celuloide de nitrato pasando  por el tamaño de los rollos, o la calidad del 70 mm. Años, fechas, siglos del cine. Algún otro compara el momento de proyectar con el acto sexual. Trabajo solitario, doloroso, intenso, el proyectorista parece ser el último obrero cinematográfico, asociado a ese lugar que nadie quería ver y que ahora todos quieren husmear. Un oficio que no se aprende en ninguna escuela, pero que es enseñado de generación en generación: “la linea de tiempo lleva seguramente a alguien de 1900 o 1905 que empezó leyendo un manual”.

Pedagógico y nostálgico, The dying of the light vale la pena. Interesa y enseña.