Federico Porfiri : Un dibujo que interpela al espectador y el arte de lo incongruente

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“Mi obra es bastante experimental en cuanto a las técnicas que utilizo, no porque sea revolucionaria sino porque trabajo en óleo, en acuarela, en acrílico, en distintos formatos. Estoy tratando de que todo eso tenga una forma, un sentido. Probablemente las muestras que haga de acá en adelante tengan más que ver con el work in progress, exhibir el proceso de producción de la obra”, explica Federico Porfiri, artista plástico e ilustrador.

La entrevista fue un jueves por la tarde en el Café de la Facu, un bar de clima estudiantil que queda a metros de la Facultad de Ciencias Económicas y muy cerca también del reconocido Instituto Joaquín V. González. Nada pudo ser más propicio para una conversación donde se habló del aprendizaje de teorías del arte y de la formación artística (incluso de El maestro ignorante de Rancière). Mientras los chicos repasaban sus apuntes y estudiaban en grupo, un mural colorido de fuerte presencia custodiaba nuestra charla.

Porfiri comenzó estudiando humor gráfico a los doce años con Garaycochea. Luego se recibió del Profesorado Nacional de Dibujo en la escuela Prilidiano Pueyrredón, y de Licenciado en Artes Visuales del IUNA. Este año fue seleccionado para integrar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración y exponer colectivamente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Realizó tres muestras individuales en Buenos Aires: “El juego de las tramas”, “Cuál es la respuesta a la pregunta” ambas en Espacio Y Lugar Cultural;  “Elección personal” en Galería Imada. Desde hace veinte años participa de numerosas muestras colectivas en Argentina, Grecia, Italia, Portugal y México. Ilustró más de una docena de libros y participó en dos antologías de cuentos.

Conjugando la ilustración y el arte, este dibujante incansable puede trabajar horas en sus libretas de bocetos que va llenando de figuras. Lo interesante, le parece, es que las hojas son un poco traslúcidas y lo que dibuja de un lado de la hoja lo puede seguir trabajando en el otro. Sin conceptos previos, se deja llevar por el juego que sugieren las formas y luego pone un título a la obra resultante.

La crítica Gabriela Figueroa se refiere al concepto de modernidad líquida de Zygmunt Bauman para hablar de la obra de Porfiri, en una edición de la revista El gran otro: “El orden económico domina la vida humana, cuyos vínculos se tornan frágiles y transitorios. En la misma línea, la poética de Federico Porfiri reflexiona críticamente sobre el mundo contemporáneo y evidencia sus contradicciones. Lo «líquido» se aprecia en sus óleos diluidos y en las tramas fluidas que configuran el espacio y los distintos planos”.

Estudioso de las teorías del arte y el arte conceptual, el artista realiza una clínica de concepto con la crítica Elena Oliveras. Le gusta reflexionar sobre su obra y cuenta que Oliveras le dijo que una de sus pinturas estaba tratando el tema de la guerra, aunque de forma velada. De ahí en más cobró consciencia de ello y tituló a uno de sus cuadros: “La guerra del agua”. Es lector de Rancière, Bourriaud, Nancy, Danto. Comenta que analizar teoría no es algo que le salga fácil, puede estar meses subrayando un libro. No obstante, el esfuerzo es gratificante y el resultado final es una lectura que lo nutre a él y nutre su obra. Los conceptos que va leyendo le producen sensaciones y esas sensaciones van apareciendo en sus cuadros. “Es como si tomaras un alimento, lo digerís y eso te termina nutriendo”. Actualmente, lee Noescritos de Luis Felipe Noé y esta lectura lo hace pensar en cómo ver el arte plástico como un lenguaje. “Es un lenguaje donde las reglas no están muy claras. En la literatura tenemos sintaxis, morfología, semántica, gramática, retórica; en cambio en la pintura eso no está tan reglamentado (no digo que tenga que estarlo)”.

SANYO DIGITAL CAMERA
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¿Qué importancia tiene lo geométrico en tu obra?

Para mí tiene mucha importancia porque yo construyo todo a partir de formas geométricas. Incluso en las tramas. Yo creo que casi todos los que pintamos o dibujamos lo hacemos a partir de esa base. En unos casos de manera más consciente y en otros, menos. Últimamente hay una tendencia más a lo amorfo, a romper eso con formas menos definidas, pero a mí me interesa trabajar mucho con la geometría porque siento que le da un orden a lo que estoy planteando. Que haya un orden en lo geométrico me permite que de pronto aparezcan salpicaduras o manchas menos definidas y se genere un contrapunto interesante. Aparte puedo jugar con el espacio, con espacios ambiguos. Cuando las formas están organizadas, te permite romper con el espacio, generar ambivalencias, ambigüedades y que se vean como coherentes aunque si te adentrás en la obra te das cuentas de que hay cosas que no coinciden o que hay zonas de mucho caos pero que al estar enmarcado por formas geométricas estables, ese caos se ordena.

Tu primera muestra fue solo de paisajes. ¿Cómo te acercaste a la figura humana?

En el paisaje se combinan formas geométricas, tramas, entre la abstracción y la figuración, de eso se trató la primera muestra individual.  En la segunda vi que esa primera etapa se disociaba de mi pasado de la ilustración y de humorista grafico y tuve la necesidad de combinar elementos mas lúdicos. Me pregunté “¿qué es lo más opuesto al paisaje?” y lo más opuesto es el retrato, el otro lado de la representación. El primero es lo más metafísico y el segundo, lo más psicológico. Yo sentía que los paisajes me quedaban un poco desolados y entonces empecé a trabajar los retratos. Apareció una cosa más lúdica, sobre todo por postear en las redes sociales, mucha gente te hace comentarios. Una especie de juego que muchos artistas lo hacen.

¿De qué manera lo interpelás al espectador en tus obras?

Probé algunas cosas: desde ponerles títulos que son preguntas…el nombre de la segunda muestra individual fue “¿Cuál es la respuesta a la pregunta?” , que es una pregunta en sí misma, un juego retórico. Una obra se llama “Ocho malvados y un inocente” pero no dice cuál es el inocente y la gente se pregunta cuál es. Y después cuando hice la tercera muestra individual, estaba más enfocada en el work in progress, los bocetos que voy haciendo antes de llevar la obra a tamaño grande. Hice una encuesta y el público eligió tres obras. Yo veo que la gente por Internet participaba mucho más antes. Se armaban más polémicas. Ahora está más reticente. Fue toda una etapa de subir imágenes y que las comentaran. En los títulos de las obras trataba de que hubiese alguna pregunta que diera pie a una respuesta. Muchos ilustradores estaban haciendo esto.

¿Te considerás más ilustrador o artista?

Hay mucha gente que los plantea como campos separados pero están apareciendo personas que trabajan como ilustradores para libros o revistas pero también exponen sus obras. En otra época eran circuitos muy separados y esos circuitos se están desdibujando. Eso esta pasando con otras disciplinas, el arte contemporáneo está abriéndose a otras posibilidades. El campo de la ilustración, creo que esto lo decía Carlos Nine, es el campo donde se contrabandea, el editor te pide algo y vos contrabandeás tu obra,  a veces se  puede hacer con mayor libertad y a veces con menor. También me ha pasado de cosas que me han encargado y que se terminen filtrando en mi obra.

¿Qué te dejó el paso por la escuela de Bellas Artes?

Yo cuando estudié en la Pueyrredón lo disfruté muchísimo. A mí me iba bien en el secundario pero sentía que no tenía mucho que ver conmigo. Cuando entré en la Pueyrredón dije “esto es lo mío”. Tuve la suerte de tener un plan de estudios donde había muchas horas de taller e historia del arte. Ahí aprendí a dibujar de forma realista. No seguí esa línea pero si tengo que hacer un dibujo realista lo sé hacer.

¿Qué les enseñas a los alumnos?

Lo primero que les enseño es jugar con las formas. Unos vienen como un primer acercamiento a la pintura misma. Yo lo primero que les enseño es hacer las formas geométricas y a jugar con eso. Manejarlas te da mucha libertad porque con pocos elementos podés armar un personaje, un escenario, contar algo. Muchos podemos pintar bien pero pocos pueden contar algo interesante. Es una búsqueda contar esos temas interesantes que pueden estar apoyados en muchas cosas, el color, la forma, lo conceptual. Lo primero que intento es que la gente entienda que no necesita grandes recursos para empezar a contar algo.

¿Qué tomaste de la obra de Rob Dunlavey y de Miguel D’Arienzo?

Dunlavey tiene un libro que se llama Crystal cities donde dibuja ciudades y hasta catedrales, geométricamente. A mí me llegó mucho esa manera de dibujar y a partir de eso fui organizando esa cosa que tenía años dando vueltas y que formaba parte de una búsqueda pero no la podía plasmar visualmente.

D’Arienzo en una etapa mas temprana, trabajaba mucho con ferrites. Es un pintor que trabaja al temple. Yo preparo oleos con los ferrites. La manera de pintar de él me influenció. Trataba de imitarlo pero me quedaba algo tan diferente que es difícil encontrar la filiación. Trabaja mucho el humor. Lo que tomé de él son los modos de trabajar.

¿Cuando dibujás tratás de recrear una estética infantil o es la mirada del adulto del mundo de los niños?

A mí me sale dibujar así. La otra vez en facebook me preguntaba un amigo porqué había tantos dibujantes que dibujaban con estética infantil. Para empezar, es divertido. Después, la estética infantil te permite tocar temas más serios y te permite hacer una especie de oxímoron donde hay un tema que es serio o político, tratado con una estética infantil e ingenua. Eso te da una obra donde hay una contradicción y eso te hace reflexionar. Puede haber un primer acercamiento y que digas: esto es una ilustración infantil. Pero si te adentrás en la obra, te das cuenta de que están pasando otras cosas.

Apago el grabador. Federico me trajo una carpeta muy prolija con copias de algunos de sus trabajos. Los fuimos repasando a lo largo de la entrevista. Yo había visto unos en su blog o en sus exposiciones. Le pregunto por ese personaje recurrente que tiene un lapicero con un lápiz en lugar de cabeza; me dice que es la metáfora del dibujante. Me parece que tiene mucho sentido esa imagen del creador con lápices en la cabeza y un hueco como el vacío necesario para crear. Me centro en otro de sus dibujos que tiene cilindros en lugar de nubes. Le digo que también me parecen lápices, pero blandos. Alguien le dijo una vez que eran como fideos. Es que cada uno tiene su interpretación. En otra obra hay personajes que largan humo de sus cabezas, como chimeneas. Me detengo en su “Memoria de lo incongruente” y pienso en el arte como un proceso de lo incongruente, lo que parece no tener lógica o coherencia. La obra de Porfiri tiene mucha fuerza, muestra el trabajo de una imaginación fértil, prolífica y con muchas ganas de experimentar, de sorprender. Su búsqueda estética profunda despierta nuestro pensamiento y nuestra sensibilidad.