Diálogos con Andrés Habegger sobre su film El (im)posible Olvido

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L: El (im)posible Olvido (EIO) cerró el Doc Buenos Aires del 2016 y se estrenó esta semana en el circuito comercial. De todos tus films anteriores Imagen final es la que tiene más puntos de contacto con EIO. ¿Cómo te preparaste para hacer este film?

AH: Siempre hay una distancia entre lo que surgió como idea originaria  y lo que termina siendo el producto final. En Imagen Final e Historia Cotidianas trabajé con el tema de la memoria y la memoria de los otros y me interesó empezar a problematizar el concepto de memoria, más que nada con el de memoria colectiva, aunque no suene políticamente correcto, en el film hay algo de esta imposibilidad de recordar todo en todo momento y por eso empecé a pensar en su contrapartida  el olvido, y me dispuse a partir desde ahí.

En términos cinematográficos es como el fuera de cuadro, se nos hace notar que la ausencia está presente porque el olvido absoluto tanto como la memoria absoluta no existen. Así nació la idea, leyendo mucho como por ejemplo el texto de Yosef Hayim Yerushalmi Los usos del Olvido , de textos con influencia de Nietzsche, pero principalmente todo lo que fue la literatura post Holocausto, es decir como el olvido te ayuda a sobrellevar ciertas situaciones traumáticas.

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Es como la situación de un parto, recuerdo cuando la madre de mis hijos me dijo después de dar a luz al primero de ellos, que nunca más pasaría por esa situación, pero al tiempo vino otro y yo creo que además de la gratificación de ver crecer a tus hijos está el olvido, no recordar ese sufrimiento  físico que se tuvo, es decir el dolor de alguna manera convoca al olvido para que podamos seguir viviendo.

¿Dónde reside el olvido? ¿Es posible volver a traer los recuerdos? Quería a través del film intentar responder a esas preguntas. A medida que empecé a reflexionar sobre esto me fui dando cuenta de mis propios olvidos. Empecé a mirar cosas que siempre tuve de otra manera. El disparador fue el diario con el que empieza el film, que si bien estaba guardado y para mí era un objeto de mi niñez en el que yo registraba mi cotidianeidad, al volverlo a verlo a leer me doy cuenta que no recuerdo nada de las situaciones a las que se hacen referencia en él, ni siquiera recordaba estar sentado escribiéndolo. No me acuerdo nada.

El diario me demuestra que estaba repleto de olvidos. También me puse a pensar que si el diario se hubiera perdido por alguna situación o mudanza yo jamás hubiera reconocido que yo hubiera escrito algo así. Entonces pensé que filmar podía ser un nuevo registro no ya de mis recuerdos sino de mis olvidos y para que cuando fuera anciano y tal vez tuviera Alzheimer pudiera acordarme que yo hice esta película.

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Tardé tres años en asumir  que si quería contar esta historia yo debía estar del otro lado, tenía que ser protagonista.

L: Recordaba M de Nicolás Prividera me puse a pensar donde estaba la diferencia ya que también Prividera se filma a sí mismo en su búsqueda de aclarar el pasado de su madre y su propio pasado y la diferencia es la distancia, Prividera busca una cierta objetividad mientras vos te deslizas en el registro de la confesión, en M la cámara es jurídica, de apelación la tuya es intima, la de la confesión.

Por otro lado el oxímoron estoy repleto de olvidos es clave en el film, hay una fuerza en tu interior que se niega a unir esos momentos que llamamos recuerdos, como si fueran piezas de un rompecabezas que tuvieran los bordes imantados, la fuerza que usas para unirlos se despliega en sentido contrario para impedir su unión.

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AH: Creo que la memoria es algo que se construye, el recuerdo al evocarse se crea. Es como cuando te separas de alguien a los dos meses es lo peor que te paso, a los dos años no fue tan malo y a los cinco años lo valoras como una de las mejores cosas que te sucedió… ¿y cuál de los tres es el verídico? Los tres, porque tiene que ver donde uno se sitúa para evaluar lo sucedido.

Y esa sensación de estar lleno de olvidos es lo que me hace sentir que también el olvido  ocupa mucho espacio emocional. Siempre tuve esa sensación. Como si tu cuerpo se dividiera en dos y la mitad son los recuerdos y la otra mitad son las cosas olvidadas. Quizás pesan más los olvidos que los recuerdos, porque permanecen, no se van.

Iba a lugares de los cuales tenía el registro fotográfico de haber estado con mi padre con la idea de recordar, sabía que era un juego imposible y al final no pude recordar ni evocar nada. Lo que sí sucedió es que a medida que filmaba sentía que estaba inventándome un pasado con los recuerdos olvidados de los 70’, era la posibilidad de una memoria a través del fílmico. Es como traer los 70’ al 2014.

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Todo el super 8  que hay en el film es todo contemporáneo y me gustaba como dispositivo de cruce temporal, cuando estábamos montando la película me asombre porque yo no tenía imágenes en super 8 del aeropuerto de México ni  del monumento a la bandera en Mendoza, lugares donde estuve en mi infancia pero si las tuviera serían estas porque el super 8 tiene ese estilo familiar, casero.

Como decías vos es cierto que todos esos recuerdos no se terminan de unir pero lo importante es lo nuevo que nace de ahí, lo que se produce en el 2014 es una memoria de mi infancia en los  70’.

L: Otro nivel del film que quería conversar con vos era una lectura política principalmente cuando viajas a Brasil. Yo diría que esta es la parte en donde más se parece a Imagen Final, buscas el cómo desapareció tu padre sin indagar el porqué, en el film no hay una evaluación política ni ideológica del compromiso de tu padre ni de tu madre y si lo hay órbita alrededor de las responsabilidad de los padres que ponen en peligro y desarraigo a sus hijos por sus compromisos políticos.AH 5

AH: Si eso aparece claro al final cuando tengo la discusión con mi madre el porqué tenían hijos. Pero el objetivo del film no era el discurso sociológico o ideológico. Mi intención justamente era complejizar desde mis olvidos la relación con eso que llamamos pasado. Hijos siempre estuvo entre dos dilemas o la reivindicación del padre héroe o el la queja por el padre abandónico.

L: quizás ni más ni menos que cualquier chico que en su momento idealiza al padre y luego necesita cuestionarlo para crecer.

AH: Si, es cierto pero con una gran diferencia ¿Cómo te podes pelear con alguien que no está, que es un desaparecido y que para todo el mundo es un héroe? A veces lo político, el ser un hijo de un desaparecido puede obturar el desarrollo de la singularidad.

Con las cartas que me entrega mi madre al final del film se puede constar que combinaba su rol de militante con su rol de padre, me preguntaba por la bicicleta, por mis cosas diarias, mis juegos, mis ilusiones. Te puedo decir que gracias a filmar la película me di cuenta que tenía un padre.el imposible poster 2

Esas Cartas aparecieron a la mitad del rodaje, no tengo recuerdo de haberlas leído  pero sin duda las leí. Un día mi madre me dice “mira lo que encontré” me entrega  nueve cartas y yo la miro y le digo muy irónicamente “Gracias mamá”. Esas cartas son la evidencia de una presencia paterna en mi vida. En un 70% tratan de temas como “¿Cómo vas en el colegio?” “¡Acordate de ayudar a tu mamá!” “¿Qué pasa con esa piba?”

L: el padre en síntesis es la cotidianeidad….

AH: Si. Tuvo un montón de presencia a pesar de esa distancia física, tal vez porque el padre es una presencia esencial que no pasa por la cercanía física. El dolor de haber perdido a mi padre hizo que yo borrara esas presencias que aparecen en esas nueve cartas. Para mi Norberto Habegger primero fue un padre y después fue un militante.

L: un punto fuerte de tu film es que evitas las narrativas clásicas cuando se relatan estas historias. No hay loas al padre héroe tampoco diatribas al padre abandonico. Tu film es muy emocional pero muy equilibrado, es difícil no empatizar con tu situación a pesar que evitas posicionarte en el lugar trágico del hijo de un padre desaparecido, no buscas la conmiseración.

Al pararte en el lugar del que no recuerda nada, también objetivizas el vínculo con el espectador. Aunque parezca una obviedad el discurso del olvido y el discurso del recuerdo son muy diferentes. El recuerdo en el film te habla en una lengua que no entendes entonces el olvido parece ser el origen de una narrativa singular, sin estridencias, sin un manifiesto estético ni vanguardista donde encontras una forma de combinar  lo singular, lo emocional y lo histórico y todo desde una práctica fílmica que te hace decir  la única  forma de recordar algo es filmarlo.

Por otro lado la idea de no recordar a tu padre parece un entrenamiento revolucionario, a vos te podían secuestrar y vos genuinamente no podías decir nada de tu padre. No recordarlo es una forma ilusoria de salvarlo.

AH: Yo siempre hice esa asociación, como no iba a olvidar si yo tuve que hacerlo  todo el tiempo en mi infancia. Yo iba a la escuela y me decían acordate que tu papa no es militante, que tu mamá es tal cosa, el mandato era el olvido. En mi caso lo sabía y lo debía olvidar. En el caso de mi madre cuando la secuestran como ya estaban separados de mi padre realmente no sabía dónde estaba.

L: Entonces recordar es una forma de superar el mandato familiar.

AH: Si

L: Es como decir: el cine  me permite a mi superar el mandato familiar y de reconstruirte  de acuerdo a tus propias reglas y prácticas.

AH: Lo “sanador” en la película, lejos de lo terapéutico del término,….ahora me olvide lo que te iba a decir.

L: y estás muy entrenado en esos menesteres… (Risas)

AH: Si empezamos de nuevo, lo “sanador” del film es que yo no tengo nada que ocultar, soy lo que muestro.

L: un autoretrato hecho de retazos de olvidos. Tu película se parece a “juanito laguna” del maestro Berni, esa serie de pinturas que retrataba a un niño carenciado con los mismos materiales de un basurero. El reciclaje era un mensaje político, en tu film la idea de procesar la voz y la imagen con dispositivos y materiales del 70’ (super 8, grabadores a cinta, diapositivas, el cuaderno con el logo mundial 78’),  también es un mensaje estético y político. Es Como registrar esos momentos que no recuerdo con los instrumentos que podría haber utilizado tu padre. Una operación vintage lejos de la parafernalia digital de nuestros días.

Y por último la carta de tarot que te tira tu madre, creo que marca continuidades y rupturas con esa militante de antaño…ante se militaba por un futuro hoy se tira las cartas para conocerlo.

AH: Si el uso de los dispositivos y materiales fueron una actitud consciente, como te decía antes todo el super 8 es actual quería conservar la textura que te da el formato, el grabador era parecido al de mi padre. Hay diapositivas que pasamos del papel al celuloide, las revista billiken que mi padre me enviaba a México todas la semanas, de las cuales no conservé ninguna y las tuvimos que comprar por internet, tal vez digan que yo estoy fabulando, pero que importa si lo que muestro no es exactamente el original, lo importante es que todo eso estuvo en mi infancia y que fue la mejor manera de recrearlo, el pasado es lo que sucede hoy.

Ese envío regular de esas revistas también era una marca de su presencia, quería que viviera como un niño normal de su época.el imposible

La  forma en que construí mi memoria es similar a la forma en que se construye un relato cinematográfico, es decir la unidad de retazos, texturas, registros a través de un sentido es lo mismo que se hace para armar el relato en el cine por lo tanto el cine es una poderosa forma de construir memoria.

Con respecto a lo que indicabas sobre mi madre y las cartas de tarot es cierto su militancia en los 70’ y su creencia en lo que indican las cartas tienen en común que su  referencia es el futuro, versan sobre lo que sucederá, en la primera era el paso inexorable de la historia de un sistema a otro y en el segundo es lo incierto, el azar pero sin embargo hay algo que los une:  la mística, ambas son pura creencia.

L: Pensando en los hijos de los militante recordé el film uruguayo Tus padres volverán  dirigido por Pablo Martínez Pessi, sobre la llegada a Uruguay, a principios de los 80’,  desde España  de 154 niños, hijos de uruguayos exiliados en Europa tras el golpe de Estado de 1973, y la componen además de filmaciones de época entrevistas actuales a esos niños hoy adultos en donde una buena parte entiende la estrategia política y otra gran parte se sintieron manipulados, puestos en peligro por eso que hablamos antes del misticismo militante.

AH: No la conozco pero yo me pongo a pensar quién hubiera sido mi viejo si hubiera abandonado la militancia y creo que no hubiera sido él, tal vez se hubiera convertido en un fantasma en vida, me hubiera quedado con el padre pero tal vez el hombre, su esencia, habría desaparecido.

L: gracias Andrés por esta conversación, gracias por tan interesante y necesaria película.

AH y LZ