Ultima carta desde la revolución

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Ultima carta desde la revolución es un documental sobre la vida de Carlos Olmedo, fundador de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) en Argentina, semilla y brote de pensamiento y acción que produjo una de las mayores intensidades sociales del siglo en el continente.

Con guión y dirección de Pablo Spatola, y testimonios de personalidades que lo conocieron, como Eduardo Jozami, Oscar Terán, Pilar Calveiro, Enrique Valdora, Roberto Baschetti, Jorge Lewinger, cuenta además con un decir que se vuelve extraño porque se plantea desde la contradicción, la duda y la desmemoria en la construcción del mito, como puede ser el de Horacio González.

La película no plantea rescatar el aporte político ni ideológico de esta figura clave de las organizaciones militantes de los 70. No trabaja sobre sus textos, que, según compañerxs de esa época, lo habilitaban como un filósofo en el pleno sentido de la palabra. Esto quizás sea un punto de desvío hacia otras revalorizaciones, y pareciera suavizar la figura de Olmedo y el debate tan interesante y rico en torno a la relación entre marxismo y peronismo. Tampoco habla mucho de la orgánica mayor que articuló esta y tantas voluntades y acciones. Olmedo fue un intelectual de la lucha, formado en la Sorbonne, que luego de su politización en los 60 pasa a engrosar las filas del nodo de la inteligencia latinoamericana que opta por pasar de la vanguardia artística o intelectual a la vanguardia militar y política. También es uno de los primeros muertos del enfrentamiento militar, ya que cae abatido el 3 de noviembre de 1971, cuando intentaba secuestrar a un directivo de la FIAT para canjearlo por el cese de la persecución y muerte de trabajadores de SITRAM post cordobazo.

Reitero, el documental no se plantea un plano de aproximación al debate político, y dista mucho del gesto de tensiones historiográficas. Pero tiene dos aciertos que potencian su pulso poético y logran entrar en el espectador desde otros lugares. El primero, el papel central de la madre de Olmedo, una enfermera viuda prematuramente que crió en la entereza de las mujeres solas y cabezas de familia a sus tres hijos, Carlos, Osval y Alicia, trazando la genealogía de un poder mayor y el de otras guerras, como la del Chaco Paraguayo donde el papá de Olmedo fue médico. En este sentido el relato se vuelve tan autobiográfico que recupera desde esa escala de intimidad las razones de levantamiento de un continente y contextualiza de una manera inédita el pensamiento y la acción del personaje en cuestión.

En segundo lugar, la película también es una puesta en abismo del cine dentro del cine, reivindicando un filme señero que modelizó mundos e infancias: Hijo de Hombre (1961), dirigida por Lucas Demare a partir del relato de Augusto Roa Bastos, que sucede en el marco de la mencionada guerra. Allí, la inutilidad del enfrentamiento (la inutilidad de cualquier guerra que siempre es negocio ajeno) y lo trágico de esos destinos desmarca el mero documental y lo dota de otras líneas de fuga. Ese es el cine que vieron los fundadores de las radicalidades más potentes del siglo pasado en Argentina, y la literatura que leyeron, y valga el homenaje a ese modo de representar la violencia y al giro político de nuestro cine del boom.

Hay algo tan destacable del INCAA de la década kirchnerista, es haber sido clave con su financiamiento en la producción de todo este cine político que recuperó la figura de nuestros grandes luchadores sociales. En el caso de Ultima carta de la revolución quizás podríamos decir, y yo aclaro que no soy especialista y hay estudiosxs que tienen mucho para decir en este tema, que se alinea en un linaje feliz de producciones más íntimas, entre las que se cuentan perlas como Papá Iván sobre la vida de Roqué, otro fundador de las FAR, dirigida por su hija María Inés Roqué o Paco Urondo, La Palabra Justa, dirigida por Daniel Desaloms, ambas de 2004 o El retrato postergado, de Andrés Cuervo, sobre Haroldo Conti a partir de su propio padre, de 2009, hasta llegar a esa belleza amorosa y terrible que es La Guardería, dirigida por Virginia Croatto, de 2015, ha pasado una década muy potente en el cine nacional, activadora de otras memorias que ha logrado desplazamientos en las políticas del deseo que sin dudas, y a pesar de los vientos que soplan, seguiremos recuperando.

Por eso se celebra que se sumen títulos como este, para continuar escribiendo la historia de nuestros pasados y nuestras utopías, nuestras micro y macro revoluciones, fallidas, intrépidas, parciales, pero que hacen a ese relato otro que es preciso reponer, una y otra vez, contrahegemónico y contra mediático.

Trailer de la película: