El lápiz del carpintero (II)

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Una historia de amor entre un médico republicano y una hermosa mujer cuya familia es de derecha, y las contradicciones un guardia que se debate entre el mandato de su profesión y la admiración por aquellos que sacrifican sus vidas por un ideal componen esta novela que transcurre en medio de la Guerra Civil española.

El lápiz del carpintero, a través de una historia simple, nos está hablando no solo de destinos individuales sino del destino de cada uno de nosotros, porque como toda buena literatura se vale de lo particular para hablar de los grandes temas: la justicia, la amistad, el amor, la traición, el sacrificio por el otro. En este sentido, el contexto histórico de la guerra permite que aflore lo mejor y lo peor de cada uno de los personajes que habitan el texto.

Manuel Rivas (1957) es un escritor gallego que escribe en su idioma y que, además de narrador, es ensayista, poeta y periodista. En El lápiz del carpintero, las cualidades del autor como poeta se traducen en una prosa poética bellísima, llena de imágenes y de metáforas que muestran un manejo de lenguaje y un estilo que llama la atención del lector. Nunca las descripciones son demasiado largas, pero tienen la exactitud del pintor que traduce en trazos significativos la esencia de personajes y de espacios. Esa poesía, además, se extiende a cada uno de los personajes. Todos tienen una mirada que transforma la realidad y la tiñe de lirismo.

La novela comienza con la entrevista que Carlos Sousa realiza al doctor Da Barca en su casa. En este presente narrativo, el doctor está muy enfermo, agonizando, pero todavía se mantiene entero y de muy buen humor. Junto a su esposa Marisa, recibe al periodista que viene a encontrarse con una leyenda viviente, con un revolucionario que esquivó la muerte varias veces sin traicionar sus ideales.

Este capítulo presenta algunos elementos que se repetirán en el último y que, junto con el segundo forman una suerte de marco dentro del cual se inserta la historia pasada. En el segundo capítulo, aparece Herbal, sentado a la mesa de un club nocturno, cuya propietaria es Manila. Herbal es el encargado de cuidar el lugar, pero en el pasado fue el guardia de la prisión donde estuvo encerrado Da Barca. Durante esa tarde, en una charla con María da Visitaçâo, una de las chicas que trabajan en el club, va revelando su pasado de guardia y la historia del doctor del cual no se despegó durante tanto tiempo.

El último capítulo vuelve al club nocturno ya en el momento de la llegada de los clientes y el fin del día termina coincidiendo con el fin del relato de Herbal, de modo que la entrevista y este relato del guardia ocurren en un mismo tiempo narrativo en el que se despliega una historia pasada, que marcó la vida de todos aquellos que se vieron involucrados en ella.

Más allá de la prosa poética y de una estructura sólida, es innegable que El lápiz del carpintero se apoya además en personajes cuya psicología los hace más humanos y absolutamente creíbles. Herbal, como carcelero, es la sombra del doctor en todo sentido. Tiene hacia él sentimientos ambivalentes: lo acusa ante las autoridades cuando descubre actitudes y acciones a favor de los republicanos, pero también lo admira porque Da Barca encarna todo lo que él no es y posee todo lo que él no posee, incluso a la hermosísima Marisa Mallo. Si el doctor es el héroe que siempre está para darle una mano al que lo necesita, el luchador, el sabio, el altruista, el hombre que seduce hasta a los enemigos, Herbal es el poseedor de una sensibilidad que le permite rendirse ante la superioridad moral de aquellos a los que, supuestamente, él debe castigar. En su mente, se debaten estos valores contrapuestos representados por la voz del pintor y la del Hombre de hierro, metáforas de la lucha con la que todos, en alguna medida, nos enfrentamos en ciertas circunstancias de la vida.

Completan la novela una galería de personajes que muestran el horror de una Galicia asediada por la Guerra Civil y por la posguerra: los otros presos; el abuelo de Marisa Mallo, un nuevo rico; la hermana de Herbal y su violento esposo; la madre Izarne, una monja con mucha personalidad que suponemos enamorada de Da Barca; todos junto a figuras históricas de Galicia, como el doctor Nóvoa Santos o el pintor Lugris. Estos personajes le dan a la obra una dimensión de tragedia colectiva que se inserta y se nutre de las tragedias individuales de cada uno.

Llevada al cine en el 2003 por Antón Reixa, El lápiz del carpintero tiene la rara virtud de ser una novela netamente arraigada en Galicia, pero que, sin embargo, gracias a la habilidad del escritor se convierte en un espacio que trasciende un país determinado en un texto dramático y doloroso, aunque también irónico, poético y con toques de humor. Quizás, el querer leer algo más de Rivas después de cerrar este libro sea la prueba de que valió la pena nuestra lectura.
El lápiz del carpintero
Manuel Rivas
(Alfaguara, Serie Roja, 2008, 208 págs.)