Estrógenos, Leticia Martín

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La literatura no tiene por qué ser pedagogía, ni resolver cuestiones morales, pero si logra construir interrogantes consigue un valor agregado en cuanto a su autonomía semántica. Estrógenos, editada por Galerna y segunda novela de Leticia Martín (1975), tiene la posibilidad de funcionar también como un instrumento crítico para problematizar las cuestiones de género.

Es el trayecto de un hombre atravesado por los desencuentros de su vida conyugal y laboral a la que se le suma su embarazo. Un recorrido donde la vulnerabilidad del cuerpo embarazado está en primer plano como una circunstancia que el personaje porta con hidalguía. Un personaje arrojado a esa cuota de inevitable soledad de quien gesta, circunstancia que abre la oportunidad de pensar que acaso hay cuestiones inherentes a la gestación e independientes del género.

Estrógenos tiene la virtud de la prosa que abre, que narra sin estridencias, ni golpes bajos. Una pieza narrativa donde las escenas se edifican con la justa colaboración del lector y sin grandes requerimientos de lectura. Leticia Martín, quien ya había publicado “Breviario o el oficio religioso” (Funesiana, 2012), “El gusto” (Pánico o el pánico, 2012) y “La coronación del peón” (Milena Caserola-Octavo loco, 2014), en esta oportunidad se aventura a dar cuenta en la estructura del relato dónde se anidaría el bebé dentro del cuerpo masculino, cómo se daría la fecundación y el parto peneano, y cómo funcionaría una versión de la sociedad si eso fuera factible. El relato sale airoso de dos riesgos posibles: la victimización/idealización y la dificultad de lograr el pacto con el lector. Lo logra gracias a personajes austeros, con los matices justos, dentro de un verosímil a base de elementos futuristas que conviven en armonía con el mundo actual. Las vivencias mínimas de lo cotidiano del embarazo, que muchas veces no llegan siquiera al comentario entre pares son otro de los logros de la novela. Están presentes el trabajo en esas condiciones, el sexo en el embarazo, el temor del cuerpo, la transformación que avanza a pesar de la voluntad de quien porta la panza, la imposibilidad de darle real magnitud a lo que sucede dentro del cuerpo.

Estrógenos pone al cuerpo en primer plano como el texto donde se escribe la realidad social; tal como lo conceptualizaba Foucault. El cuerpo embarazado del protagonista, como cualquier cuerpo embarazado, está preso de su circunstancia irremediable donde lo que ocurre excede su propia voluntad. Es especialmente en este aspecto donde la novela funciona como instrumento crítico para pensar las cuestiones de género. La posibilidad de gestar produce inexorablemente efectos de subjetivación. La novela ofrece su versión de estos efectos, tanto subjetivos como sociopolíticos, en un recorte de la clase media de una sociedad ficticia. Leticia Martín produce un giro que da vuelta el orden de las cosas. Nada es raro en el relato salvo que los hombres pueden parir. Ese solo cambio problematiza y genera la necesidad de repensar actuales certezas. Es decir, Estrógenos pone en escena la cuestión performativa de la que habla Judith Butler. ¿Los hombres librados a las vicisitudes de la gestación tendrían la posibilidad de modificar lo que se considera como masculinidad? ¿Cuál sería la representación de masculinidad? La novela es el momento donde esta performatividad se encuentra en plena resignificación y por eso funciona más como una pregunta que como una respuesta. Es decir, si pensamos femenino y masculino como funciones, podemos pensarlas como categorías intercambiables y pasibles de transformaciones intrínsecas de acuerdo al contexto. La novela propone un debate en el que la supremacía de género quedaría obsoleta, para dar lugar al debate sobre la posibilidad de gestar sin distinciones de sexo. Un debate aún más cercano a la idea del género como performativo, como la obligación de comportamiento de acuerdo a lo que indique la normativa del género, culturalmente determinada.

Por último, Estrógenos también puede ser leída como un diálogo entre ideales, una conversación entre un mundo hiper conectado que se ha convertido en una dictadura de la información y el abuso de ella; y otro mundo que ha dado la vuelta para regresar al contacto puro con la naturaleza y la conexión supeditada a la presencia física. Un diálogo en el que está implícita la idea de lo invariable, un arco futurista que muestra una sociedad, no tan distinta a la actual, en la que la lucha por el fin de la opresión se da en un contexto donde aún tienen vigencia la estigmatización, la violencia por parte del estado y la desidia del partenaire a quien no le toca llevar el bebé en el cuerpo. Lo invariable como patrón vuelve a problematizar la estructura entera de la novela, que adquiere así una circularidad que relanza y cuestiona sus propias certezas una y otra vez.

Estrógenos (novela) Leticia Martín, Ed. Galerna