Un punto en el espacio, de Ricardo Dubatti

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“¡Tantas preguntas! Acá es más tranquilo, no estamos acostumbrados a responder tantas cosas porque ya nos conocemos todos. Acá cuna y tumba, se nace y se muere. No hay que más que contar”.

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Javier no puede evitar preguntar. Es un joven porteño en un pueblo de ruta, de esos pueblos que son todos y ninguno. Se bajó del micro que lo dejaría en Mar del Plata, para seguir una misteriosa intuición. Abandonó la venta de un valioso cuadro para seguir su impulso. Pero ¿qué vio?, ¿fue real?, ¿lo soñó?

La que le contesta es Lorena, dueña de la farmacia local y la única que, sin importarle el “qué dirán”, acepta recibirlo. “Los extraños no son bienvenidos acá, ni siquiera en el hotel, desconfían”.  Lo que pasa es que como todo extraño, Javier pregunta y pregunta mucho más de lo que se puede y de lo que se quiere contestar.

Un punto en el espacio nos sumerge en un misterio que el protagonista busca resolver envuelto en la dicotomía de la “estancada vida de pueblo, con la vertiginosa vida de ciudad”.  Y en esa búsqueda vamos descubriendo, a pesar de él, secretos profundos y zumbidos de moscas que no se pueden callar.

Abre la obra Marcelo Vega, un pintor renacentista que nos detiene en un tiempo parado y a la vez eterno. Reflexiona sobre la ficción de la vida, la realidad de la muerte, del arte, de lo efímero… Es casi un guía que desea que tanto Javier como nosotros nos perdamos en un nodo espacio temporal.

Hernán, el carnicero del pueblo, corta el diálogo entre los personajes, marca territorio y nos enfrenta a la crudeza de la carne, de la realidad construida con sangre y con los silencios que quedan latiendo.

Y finalmente María, una misteriosa mujer, empleada de la farmacia o musa inspiradora, una imagen en un cuadro o una ausencia, que se convierte en el punto en el espacio donde convergen todas las dimensiones de la obra.

Lo onírico y lo vivido, el habla y el silencio, la palabra y la imagen, el amor y la violencia, el pueblo y la ciudad, el arte y la vida…Todas pinceladas que se cruzan sobre esta pieza, que como un cuadro maldito, se desenvuelve en un único tiempo y lugar, y que siempre se vuelve a contar.

Una puesta medida y ajustada a la necesidad de cada acto: un atril, una silla, un mostrador y una guirnalda de luces rojas que, como línea de puntos, cobrara sentido con los trazos. Un texto trabajado, prolijo, asertivo, casi sin puntos suspensivos.

Un punto en el espacio es el resultado de un proceso de creación conjunta que arrancó en 2015 entre los actores, el dramaturgo y el director, donde se buscó explorar prejuicios, ambientes y sutilezas. En la composición, también colaboró la ONG Cero a la Derecha asesorando en cuanto al lenguaje y al enfoque de Derechos Humanos, sobre còmo abordar temas sociales en la dramaturgia.

Ficha artístico-técnica

Un punto en el espacio, de Ricardo Dubatti, con dirección de José María Gómez Samela

Actúan: Santiago Fondevila, Salvador Romano, Johanna Braña, Lucía Villanueva, Santiago Ceresetto

Diseño de iluminación: Claudio Del Bianco; Asistencia en iluminación: Facundo David; Escenografía: Lola Gullo; Vestuario: Lucrecia Vasconi; Diseño sonoro: Alberto Fernández; Coreografía: Laura Lorena Feijoó; Diseño gráfico y comunicación en redes: Pablo Gómez Samela y Santiago Repetto; Asistente de lenguaje: Marcela Baigros; Asistente técnico: Fernando César Martínez; Asistente de dirección: Charlie Bulsara; Producción ejecutiva: Alejandra De Luna

Octubre, último mes de funciones; Domingos 20.15; Centro Cultural de la Cooperación – Sala Osvaldo Pugliese; Av. Corrientes 1543

Entrada general $ 180; Venta de entradas en la boletería del CCC o por www.alternativateatral.com