Margaret Hamilton, una auténtica chica IT

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En general se habla de una chica IT, como de una chica que impone tendencias, una chica con un montón de seguidores, una chica en el centro de la escena. El concepto no es nuevo, al parecer surge durante el comienzo de la industria del cine en Hollywood, allá por los años ‘20. Y básicamente implicaba una chica que tenía “eso”, una chica que trascendía porque mostraba algo inusualmente atractivo. La primera de las chicas IT fue Clara Bow, una actriz del cine mudo que hoy día vemos y continúa atrayéndonos. Claro una lectura más feminista podría entender el “it” (eso) como una suerte de cosificación, ya que el artículo it, en inglés, refiere a cosas y no a personas y viniendo de una industria como la del cine hollywoodense, no extrañaría encontrar esa connotación…

Pero la polisemia del lenguaje es proverbial y por tanto podemos tener una mirada un tanto más benévola y considerar a una chica IT como una chica con “estilo”. Y dentro de esos sentidos, podemos pensar en una chica IT como en una chica tecnológica (de hecho la primera vez que escuché ese término pensé que se referían a programadoras de software, IT como de Information Technology). Y si hay algo atractivo, es una mujer que se abre camino en un mundo dominado por los hombres. Uno piensa, cuanto coraje debe tener para soportar los mil y un obstáculos que el sistema le pone, por el sólo hecho de ser mujer. ¡Cuánta pasión acumulada! y, como se sabe, la pasión es contagiosa.

La combinación de ambos sentidos me llevó directo a Margaret Hamilton. ¿Y quién es Margaret Hamilton, se preguntará la mayor parte de la gente? Pues bien, ella fue, nada más y nada menos, que la programadora de la misión Apolo que llevó al ser humano a la Luna. Mucho se habla de los astronautas, mucho de los ingenieros, pero de quien escribió todo el código fuente de la computadora de abordo, nada. Gracias a ese código, no sólo los astronautas llegaron a destino (la Luna), sino que gracias a una previsión de ella, no terminaron, literalmente, perdidos en el espacio o estrellados contra nuestro satélite.

Margaret Hamilton había obtenido un grado en matemáticas, pero como se casó y tuvo una niña, se le hizo muy difícil poder seguir estudiando. Así que se consiguió un trabajo en un laboratorio del MIT (Massachusetts Institute of Technology), que resultó ser el lugar donde se empezaba a pensar en términos de software y a aplicarlo a la computadora de abordo de las misiones Apolo.

Como mujer y encima madre, las cosas evidentemente no fueron fáciles. Para comenzar, en aquellos tiempos pioneros, no se consideraba a la programación como algo de suma importancia (es probable que por ello una mujer consiguiera el puesto), sino como una mera escritura mecánica, a lo sumo algo cercano a la artesanía. Menos mal que Margaret no hizo caso al prejuicio, ya que marcó el camino para el desarrollo de software a prueba de fallos y de algún modo formateó el mundo tal cual lo conocemos, donde hasta el lavarropas tiene piezas de código fuente dentro.

Durante el proceso de desarrollo de los programas de la misión Apolo, ella llevaba al laboratorio a su hijita pequeña, que creció entre tarjetas perforadas y abstracciones algorítmicas. En los años ochenta creó una empresa que aún funciona (Hamilton Technologies Inc.); en su página web no sólo se pueden encontrar los servicios que ofrece y las aplicaciones informáticas que desarrollan, sino también una página dedicada exclusivamente a la poesía (al fin y al cabo escribir software o literatura no es tan diferente).

Y por si aún no creyeran que ella es una auténtica chica IT, hace poco, la foto que aquí se publica, donde se la ve parada al lado de la pila de código fuente que ella misma creó, fue tendencia en Twitter. ¿Sabrán los ingenieros del software de la web del pajarito, que fue ella también la que acuñó el término software engineer?