Miss Peregrine y los niños peculiares

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Deslucida versión de una novela, parte de una trilogía de Ransom Riggs

Con una carrera de más de 30 años en la dirección y dieciocho largometrajes en su haber, Tim Burton se ha transformado en uno de esos íconos del cine norteamericano al estilo de Woody Allen, Martin Scorsese o Steven Spielberg, pese a que todos ellos le llevan algunas décadas de vida artística.

El director de joyas como “El joven manos de tijera”, “El gran pez” y “El cadáver de la novia” viene derrapando un poco últimamente con títulos algo deslucidos como “Big Eyes”, “Sombras tenebrosas” y en menor medida “Alicia en el país de las maravillas”. En esta última, que guarda algunos puntos de contacto con “Miss Peregrine y los niños peculiares”, aún aparecían Johnny Depp y su ex esposa Helena Bonham Carter lo que no ocurre en esta oportunidad.

Gran parte de la historia transcurre durante un único día de setiembre del año 1943, en plena Guerra Mundial, en una isla de Gales en que los “niños peculiares” del título son testigos de la destrucción total del orfanato donde viven, por una bomba enemiga.

En paralelo y en la actualidad en los Estados Unidos el joven Jake, protagonizado por Asa Butterfield (“La invención de Hugo Cabret”), recuerda las palabras de su abuelo polaco recién fallecido (Terence Stamp, que ya había actuado en “Big Eyes”). Este, en su relato le menciona lo acontecido en la década del ’40 y merced a un “loop” en el tiempo al estilo de, valga la redundancia, “Hechizo del tiempo” logra transportarse a Inglaterra y trabar contacto con la cuidadora Miss Peregrine (Eva Green) y unos chicos con diferentes “poderes”.

Esta especie de mutantes buenos se ven enfrentados a otros malvados, liderados por Samuel L. Jackson. Da lástima ver a este último caracterizado con ojos que son dos pupilas blancas, al igual que sus secuaces, dientes filosos y una caballera blanca que pretenden hacer de él una figura escalofriante. Y también produce pena ver desaprovechados a otros actores usualmente eficientes como Judi Dench y Rupert Everett.

Es en su segunda mitad de las más de dos horas que dura “Miss Peregrine”, donde más flaquea la historia pese a la utilización de efectos especiales, muchos vinculados a los poderes de los niños: alguno se hace invisible, otro genera llamas, una tercera levita. Incluso los “malos” protagonizan escenas desagradables como cuando se alimentan de los ojos de los que ellos carecen y por lo que se los conoce como “huecos”. Toda esa parafernalia que suele justificarse en las películas de Burton aquí aparece mayormente como gratuita.

Es de esperar que el director de la excelente “Charlie y la fábrica de chocolate” o la temprana “Beetlejuice” logre recuperarse de sus últimos pasos en falso al cual se agrega la presente novedad.