“Poner en escena es mirar el mundo de determinada manera”, Juan Manuel Correa

0
0

Antígona de Sófocles es una de las obras clásicas con más versiones a lo largo de la historia del teatro. En este caso, Juan Manuel Correa dirige una adaptación y traducción de Elisa Carnelli y Alberto Ure, y nos cuenta sobre su puesta en escena.

- Publicidad -

¿Cómo nace este proyecto? ¿Vos buscabas dirigir un clásico o fue algo que se dio un poco de casualidad?

Sí, fue buscado. Tenía muchas ganas de poner en escena un clásico; debo decir que desde siempre me sentí atraído por ellos. Me produjo a la vez una especie de terror que hasta ahora no logra paralizarme, sino que me genera desafío y movimiento. Implica para mí generar un territorio para que surja la verdad velada; escuchar qué hay detrás de esos textos que, a pesar de que fueron escritos hace tanto, siguen y seguirán resonando en las zonas profundas del alma humana.

¿En qué consiste esta adaptación de Antígona además de mantener a los personajes?

En pensarle como hipótesis un lugar festivo y a la vez trágico de nuestros días; en traspolarla y colocarla en un lugar donde se practican ritos modernos: la fiesta electrónica, en el afán de correrla del lugar de la representación y transformarla en una vivencia que revolucione en primer lugar a los performers, y después, por radiación energética, al que especta. Al menos para mí, que pertenezco a una generación que padeció el vacío político y existencial de los 90, en las fiestas electrónicas encontraba cercanía y calor de tribu; también autodestrucción e intoxicación.

Más allá de los desafíos que implica dirigir cualquier obra, ¿qué desafío extra significa dirigir un clásico?

Dirigir un clásico conlleva la idea de pensar un trabajo que debe atentar contra cualquier idea preconcebida. En primer lugar, de los actores: ¿cómo alejarlos de los sistemas tradicionales y hegemónicos de la actuación?, ¿cómo prepararlos en el campo de ensayo para que su respiración y sus latidos emulen, se acerquen a los de un cuerpo trágico, seco, vacío de existencia, arrasado por la desmesura del peso de lo fatal?; un lugar donde casi poco y nada importa quiénes somos ni qué queremos, sino que laten las pasiones y las desdichas de la experiencia, en mundos cada vez más alejados de la noción de mismidad, es decir, de una concepción cósmica de la existencia.

Es esta una de las obras clásicas más adaptadas, ¿qué une esta versión con otras adaptaciones?

Poner en escena es mirar el mundo de determinada manera, es dialogar con otros colegas, poner en tensión los sistemas de representación. Cada puesta siempre es distinta. En nuestra Antígona, los actores están todo el tiempo en escena; siempre a la vista, cerca, a mano.  Se ve la tramoya del actor: qué hace una actriz o un actor después de tener una escena de alto nivel energético; dónde van Antigona o Hemon después de decirle a su padre que, si no cede en su decisión, él también se va a matar. En nuestra puesta no hay fuera de escena; quizás sea una distinción entre tantas puestas de este clásico tan sugerente.

Relacionado con lo anterior, ¿por qué creés que es una obra a la que se actualiza cada tanto?

Las grandes obras clásicas permanentemente encuentran nuevos resonadores en la contemporaneidad; son clásicos porque contienen verdades que las sociedades modernas, fundadas y sostenidas fundamentalmente por la velocidad y el consumo, carentes y casi sin mitos que las sustenten, pasan por encima. La obra viene a detener a quienes se disponen a venir al encuentro.

¿Cómo se insertan la música y la danza en una obra que no fue originalmente pensada para el baile?

Es una obra de la que sabemos que fue escrita hace 2600 años, y que fue presentada en una de las famosas fiestas dionisíacas que se celebraban en Grecia. En sus orígenes el teatro estaba íntimamente relacionado con el canto y con la danza. Yo concibo el teatro y al texto dramático como música. Y si hay música, aun cuando fuese excesivamente verbal, hay un cuerpo que debe sostener competitivamente esa musicalidad. Y si hay quietud, que baile el espíritu.

Desde la dirección, ¿pensaste algo especial para traer la obra a la actualidad?

Pensé en cuán cerca o lejos estamos nosotros,  hombres y mujeres de ciudades modernas, de los mitos, y a la vez cuánta soledad nos representa sabernos ausentes de ellos, cómo y por qué estamos tan lejos. También pensé en todos los cuerpos que aún no sabemos dónde están, la necesidad ancestral de saber dónde están.

jm

Antígona, Funciones: martes 21 h; teatro: Galpón de Guevara; dirección: Guevara 326; informes y reservas (por alternativa teatral) http://www.alternativateatral.com/obra38652-antigona, Tel: 4554-9877