Debe ser el humo, entrevista a Romina Oslé

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Debe ser el humo parte de una poética del absurdo que fusiona elementos de la vida cotidiana con imágenes oníricas. Romina Oslé, actriz, directora y profesora de teatro, nos cuenta acerca de la creación y la puesta de esta obra emparentada también con lo fantástico, lo maravilloso y lo extraño.

¿Con qué autor clásico del teatro del absurdo te identificás?

La verdad que no tengo un conocimiento profundo de todos los autores como para responder con propiedad. Por otro lado, el teatro del absurdo nos apareció, no fue buscado. Cuando ya nos encontrábamos cerca de la forma final de la obra me di cuenta que tenía muchas de sus características constitutivas, y decidí tomarlas y profundizarlas, lo cual al ser un trabajo dialectico de construcción generó la aparición de otros procedimientos y características que complejizaron aún más el entramado estético que se venía armando.
Sí puedo decir, acercándome a la pregunta, que el primer signo que me abrió la mirada hacia el absurdo fue la identificación de un mundo, de un clima beckettiano. La sensación de circularidad del tiempo, por ejemplo, fue lo primero que identifiqué. Después, lo absurdo de la existencia humana devenida en tema, esbozos existencialistas y el sin sentido de algunos diálogos, la contradicción entre el decir y el hacer en los personajes, la tragedia de o en lo cotidiano y la difícil tarea de separar realidad de fantasía, por lo que diría que si tengo que elegir un autor, claramente sería Samuel Beckett.

En cuanto a lo onírico, ¿hay ahí una presencia de lo surrealista o de lo fantástico? Pensaba, salvando los géneros, en la propuesta de Cortázar de lo fantástico inserto en lo cotidiano.

¡Qué buena pregunta! Debe ser el humo tiene la dificultad de ser enmarcada con posibles definiciones claras, desde el momento que no fue pensada a priori, sino que apareció de exploraciones azarosas, por lo cual todo lo que pueda desarrollar al respecto tendrá que ver más con un análisis posible que con una certeza. Por otro lado, lo onírico, lo surrealista y lo fantástico, justamente al no ser géneros y/o conceptos que surjan propiamente en el arte teatral, se diseminan de tal manera que pueden identificarse rasgos de cada uno en nuestra obra, no así si tomáramos las definiciones “duras”. De todas maneras creo que hay una presencia más fuerte de lo fantástico que de lo surrealista. Lo fantástico más cercano a la definición de Todorov: “Lo fantástico tiene pues una vida llena de peligros, y puede desvanecerse en cualquier momento. Más que ser un género autónomo, parece situarse en el límite de dos géneros: lo maravilloso y lo extraño”. Creo que Debe ser el humo oscila y se desarrolla entre esta idea de lo maravilloso y lo extraño. Por lo tanto, creo que estamos bien inmersos en el territorio de lo fantástico en tanto se producen rupturas en la trama cotidiana y la normalidad, y los conflictos se producen por el choque entre la normalidad y lo extraordinario que puede considerarse irreal, y al final no se sabe si el conflicto fue solucionado ni que fue exactamente lo que sucedió.
Por último Cortazar decía que “Lo fantástico (…) está presente en nosotros mismos, en eso que es nuestra psiquis y que ni la ciencia, ni la filosofía consiguen explicar más que de una manera primaria y rudimentaria”, frase que encontré a partir de esta entrevista y ahora que la conozco diría que pareciera que hubiéramos partido de ella para construir nuestra obra o que la hubiéramos tomado como punto de llegada para definirla.

¿Qué papel juega la música en la creación del absurdo?

La música en tanto música no mucho más que en cualquier obra, por lo menos en mi experiencia. Sí creo que fue fundamental la presencia minuciosa de lo musical y lo rítmico, porque tres de las características constitutivas del teatro del absurdo son: el cambio repentino de los personajes; la repetición como forma de progresión y la aceleración o disminución del ritmo como forma de crear sensación de que algo sucede. Todas a mi entender están íntimamente relacionadas con lo musical y por ende con lo rítmico (o viceversa). Por eso creo que al trabajar con esta premisa musical desde el origen de nuestras exploraciones es que nuestro material devino en absurdo.

¿Qué tuviste en cuenta para la puesta?

La precisión del hacer actoral en primera medida. Me saqué las ganas de marcar desde modos de respiración hasta revoleo de ojos, en sus cómos y en sus dóndes. Por trabajar en la búsqueda de esa precisión es que todos los demás signos teatrales me exigieron lo mismo; de ahí me surgió la necesidad de que todo esté a tempo: las réplicas de los personajes, el ruido de los tacos, el sonido que produce la manipulación de los objetos, la música que aparece en escena, los silencios y todo lo que genera sensación de movimiento en escena, tanto auditivo como visual. Es algo bastante ambicioso, creo, que pudimos lograr en gran medida (también creo), pero que podría ser un trabajo de ensayos eternos (lo hubiera hecho si el actor y las actrices no hubieran necesitado estrenar, como lógicamente sucede en algún momento) y, por supuesto, teniendo en cuenta la condición esencial del hecho vivo teatral y por ende todos sus posibles corrimientos.
El mismo trabajo minucioso se le dedicó al vestuario, escenografía y luces, teniendo como objetivo la construcción de una imagen poética en sí misma que permitiera la aparición de lo onírico, buscando generar tensión entre lo estético de la imagen y lo mundano de algunas situaciones.

¿Cómo fue la génesis de la obra?

Partimos de la necesidad de generar un material propio. Trabajamos todo un año con un video que hay en internet y algunos conceptos como disparadores, que nos llevaron todo un año de exploración pero que decidimos abandonar porque no nos interesaba lo que iba surgiendo. Decidimos replantear los disparadores quedándonos con algunos temas de lo que veníamos explorando como el encierro. Así empezamos el 2015 con un nuevo impulso de exploración. Del encierro y los posibles porqués en los que estaban inmersos tres personajes, fueron apareciendo otras temáticas como qué es lo real, qué es lo que se percibe, el miedo, el juego y el hambre. Luego de todo otro año de exploración en acción, de búsqueda tanto práctica como teórica, de ensayos fríos y ensayos calientes (como diría Raúl Serrano) fue apareciendo Debe ser el humo, y para diciembre de 2015, teníamos bajado a papel el primer esbozo de nuestra dramaturgia.
Por último, los primeros seis meses de 2016 fueron los necesarios para pulir el material tanto escrito como escénico, y desarrollar el trabajo minucioso de ensayos y montaje hasta estrenar en agosto pasado en La Pausa Teatral.

¿Qué te llevó a la decisión de dirigir?

Lo único que he tenido claro desde muy pequeña es que quería ser actriz, no sé de dónde lo saqué, pero era muy clara mi convicción, y lo sostengo hoy en día: soy actriz, ante todo.
Los demás roles me llegaron en el hacer. Primero, llegó la docencia; y cuando la descubrí, sentí que completaba en todos los aspectos mi necesidad de construcción por y a través de la acción. La dirección llegó tiempo después como devenir de mi rol docente. A medida que los procesos de las actrices y actores en formación avanzaban, aparecía la necesidad de llevar a escena los haceres, primero como muestras y luego como espectáculos. Así fue que empecé a generar y ampliar una mirada que tenía que ver con el todo en escena, una mirada vinculada con el resultado estético. En ese proceso del aparecer de mi yo-directora, fui descubriendo que podía sostenerlo y me interesaba hacerlo porque trabajaba con lo que aparecía en la exploración, en la zona de acción, esa zona donde se encuentran cuerpos arrojados a un hacer incierto, sin ideas previas, y que al encontrarse aparece el teatro. Tarde o temprano sucede. Es la magia del hacer teatral.

Descubrí a lo largo de los años que no puedo trabajar de otra manera, no sé cómo hacerlo. No se trabajar con ideas previas a llevar a escena. Pienso en términos de disparadores y generados (obras, textos, imágenes, etc.) para que sean el punto de partida, de exploración con las actrices y actores. Y en la acción va apareciendo lo que en algún momento va a devenir obra, espectáculo. En este camino me encontré con más de seis años trabajando de esa manera, con procesos pedagógicos que se transformaban en procesos estéticos. Y así con el Elenco LugarOtro, actrices y actores que se formaron conmigo, pasamos a la experiencia de construir una obra propia, surgida desde esta metodología de trabajo. Por eso considero a Debe ser el humo mi primer trabajo como directora, porque fue concebida como tal desde el principio, porque he podido trabajar en profundidad procedimientos que tenía en espera, como la precisión absoluta del hacer; y eso pude lograrlo por trabajar con un equipo con el que compartimos el mismo lenguaje de acción.

Debe ser el humo es la culminación, en tanto construcción, de mi rol directora que venía gestándose. A partir de ahora el bichito ya picó y entré en la eterna dicotomía de querer dirigir la obra donde actúo y querer actuar lo que dirijo. Por ahora gana siempre la actriz. Veremos cómo sigue.

Funciones: jueves 21 h
La Pausa Teatral – Av. Corrientes 4521