Vuelve Beya, de Gabriela Cabezón Cámara, entrevista a Marisa Busker

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Con tres únicas funciones, Marisa Busker vuelve con Beya, le viste la cara a Dios, a partir del texto de Gabriela Cabezón Cámara. Marisa, además, dirige un espacio multidisciplinario: el Laboratorio del Performer.

Entrevistamos a Marisa para interiorizarnos sobre su actividad y sobre la vuelta de Beya con el desmontaje de la obra incluido.

Contanos qué es el Laboratorio del Performer.

El Laboratorio del Performer es un espacio de investigación, formación y producción de obra en relación a la figura del Performer. Esta figura que desarrollé, que pertenece a mi propia búsqueda, tiene que ver, en principio, con células comunes a la danza, el teatro y la música, orientada a la expresión del lenguaje. Más en profundidad, busca concientizar y descontracturar mecanismos que deberían ser innatos en los seres humanos y mucho más en los que se dedican a las artes escénicas, incluida la música y que, sea por inhibición en la formación, en la educación, sedentarismo, etc, no se registran abiertamente en los comportamientos de las personas; por ejemplo, el tempo-ritmo que debería saltar del cuerpo ante determinadas situaciones, que está ahí, expectante, casi listo para pronunciarse y que, si está inhibido, no sucede. Y esto por nombrar alguna de las situaciones. Por ello se entrena el cuerpo en cierta dirección estimulando diversidad de aspectos.

Se nota mucho en el escenario el compromiso corporal con lo que hacés, ¿qué entrenamiento realizás usualmente?

Hago diferentes actividades. Una es un trabajo casi cotidiano de mantenimiento del estado del cuerpo, y me refiero a la condición física y vocal. Esto incluye algo aeróbico, yoga, abdominales-dorsales-espinales (necesito un tronco fuerte y flexible), en mi caso hago algo de aparatos para tonificar la musculatura, y reviso las herramientas corporales a través de secuencias o improvisaciones. Entrenar la musculatura en diversidad de formas de pronunciarse (acciones) es muy importante porque se trabaja al cuerpo por dentro. Vocalmente, tengo una secuencia de canciones (indias) que practico cada día desde hace ya muchos años, y busco una precisa pronunciación del sonido en calidad y articulación. Esta selección de canciones estimula diferentes plexos porque contienen grupos de sonidos que como grupo varían en color y densidad. Entreno los resonadores porque me ayudan a mantener el estado del sistema vocal, a abrirlo, a fortalecerlo, a localizar la voz en diferentes sectores. Es muy importante mantener la ductilidad en general. Cuando estoy por presentar obras ante el público, me acerco lo más que puedo a la voz preconceptual, ya que necesito tener un estado de alta sensibilidad, de gran transparencia, de refinamiento. Y también, cabe destacar, cuando trabajo sobre la puesta de algún material concreto en obra, busco realizar ejercicios que hacen a la circunstancia.

¿Cómo surge la idea de llevar Beya al escenario?

Buscaba textos y encontré el de Gabriela Cabezón Cámara Beya, le viste la cara  Dios que encajaba muy bien como conjunción entre otros dos, el mío Aromas y permanencias que sigue en elaboración. Aparece al momento de ver pasar en Facebook fotos del diciembre del 2001 en la Argentina y entonces empiezo a pensar en las cosas que me pasaron a mí en aquellos momentos y, de alguna manera, en su construcción, porque el diciembre del 2001 fue la explosión, el desencadenante brutal de años de tensión que todavía no se resuelven, desde el punto de vista del país, pero quizás sí se resolvieron ya algunas cosas en mí en particular. Beya significó, cuando la leí, encontrarme con la completa supresión de los derechos de un individuo: una mujer secuestrada y abusada. Digamos, ¿qué más hay debajo de eso? Nada…, solo tratar de escapar si uno quiere salvarse. Y entonces Beya es la protagonista –gran peleadora– que hace todo lo que está a su alcance por sobrevivir. Luego está el tercer texto de la trilogía, La demolición de Ricardo Cardoso que habla sobre la caída de las fábricas en el 2001. Tres obras en trilogía que se llama Trilogía de paisajes (trilogía de resistencias).

¿Concretamente, qué significa desmotar una obra como vas a hacer ahora en octubre?

Desmontar una obra, para mí, es mostrar los vericuetos de su construcción, los cómo y los porqué de la elaboración hasta que la obra está terminada. Y entonces, en el caso de Beya…, los temas más importantes son la voz, las energías y el tempo-ritmo. Beya… lleva el texto completo del libro de Gabriela Cabezón Cámara y es por momentos brutal. Necesita mucha resistencia vocal y gran variedad de tonalidades; también la coreografía, los pasos de un capítulo a otro, los personajes, la segunda persona del texto, las extensiones en el tiempo que resuelven algún pasaje, el vestuario, las luces, las músicas, etcétera.

Según tu percepción, ¿qué hace que una obra tenga más o menos convocatoria de público?

Tantas veces poco tiene que ver la calidad del trabajo, lamentablemente. Muchas veces son las posibilidades de llegada a los medios, a aquellos medios televisivos, los diarios más leídos, las radios ayudan, la aceptación de la obra por parte de la crítica. Muchas veces es la manera en cómo se genera el boca en boca, el circuito de gente en torno. Creo, sinceramente, que cuando se pone una obra en una sala se debería trabajar mancomunadamente, agente de prensa, elenco, sala, con vistas a generar un público. Las salas buscan obras que les cubran los gastos o que no les generen problemas de audiencia, ya que van 70-30, pero deberían colaborar. Lo mismo los agentes de prensa que parecen dedicarse a buscar notas y críticas, que está muy bien, pero no se dedican tanto a ver cómo hacer para que la obra tenga una llegada a un público que la necesite. También tiene que ver con qué tan conocido sea uno o el mito que se haya creado en torno a tal o cual director, porque a veces pasa así: es la historia que se arma alrededor de alguien más que lo que significa la obra, y entonces ese director acapara los medios con sólo respirar. En fin, es una situación compleja. Sé de muchas salas que le dan a los elencos pocas funciones como para que tengan el público propio del elenco y no ir a pérdida, y después sube otra obra. Es como que todo queda en familia… A mí me gustaría que la política fuera la de armar una programación y que se trabaje en equipo para que se genere un público desde la obra en sí. Sería un trabajo supercreativo y de interacción. En relación a Beya…, la crítica y las personas que la vieron –en general? dicen que es un muy buen trabajo. Tuve mucha gente de prensa en la sala. Y no reniego: mucha fue prensa espontánea que se acercó porque la obra así lo provoca. Salieron notas/reportajes magníficos, y me alegra que personas con buen ojo, acostumbradas a ver muchas obras aprueben mi trabajo. Lo necesitaba y les agradezco. Ahora espero más público en general, ya que estaremos en horario central, algo que todavía no tuve oportunidad de experimentar.

¿Qué vas a hacer en Necochea?

A Necochea, me llevo todo el paquete que les acabo de presentar para compartirlo con adolescentes de secundaria, con estudiantes de teatro, con el público en general del 21 al 23 de octubre.

Beya…, de Gabriela Cabezón Cámara, 1-8-15 de octubre a las 21, previa demostración/desmontaje de obra a las 20. Vera Vera Teatro, Vera 108, CABA; tel. 48573488 (de 17 a 20). Para reservas: www.alternativateatral.com

Seminario taller de dos domingos, 9 y 16 de octubre de 16 a 20, sobre el cuerpo del Performer. Más información: FB Laboratorio del Performer